El singular “peaje” en barrio Catedral
“Bety” Palavecino es una alegre vecina de nuestra ciudad muy querida en su barrio. Es una ex docente que durante las tarde se sienta frente a su vereda para charlar con cuanto vecino pase. Hasta el obispo Buenanueva se detiene en más de una ocasión para dialogar con la mujer.
Sobre calle Pellegrini al 400 hay un banco color blanco de madera que es famoso en barrio Catedral. Allí, por las tardes, se suele sentar Concepción Beatriz Palavecino, una simpática mujer a la que todos conocen y que es una parada obligada de muchos vecinos que por allí circulan para charlar un rato con la mujer.
En broma, algunos la llaman “el peaje de barrio Catedral”. “Bety” como la conocen todos, fue docente, directora en distintas escuelas primarias e inspectora de zona durante muchos años. En broma la mujer dice no recordar su edad: “Es que ya me saqué tantos años”, comenta entre risas.
Hasta el obispo de San Francisco, monseñor Sergio Buenanueva, es uno de los vecinos que se detienen para dialogar de diferentes temas con “Bety”.
“Al principio ni sabía que era el obispo, le empecé a hablar de todo, de los precios de las verduras, de lo caro que está todo. Después me enteré que era él. Me dio vergüenza”, recuerda.
Actualizada
A esta vecina le gusta mucho leer y estar actualizada de lo que pasa en la ciudad y en el país. Por eso reconoce que cuando los vecinos pasan los temas de conversación son de lo más variados.
“Además de leer y ver los noticieros yo me informo mucho con lo que me dice la gente, desde el precio de la verdura hasta lo que pasa la ciudad”, asegura. Además la mujer maneja su tablet y tiene su cuenta de Facebook: “¿De dónde creés que me entero de las cosas?”, pregunta riendo al periodista.
Por otro lado, asegura vivir en el mejor barrio más hermoso de la ciudad rodeada de los mejores vecinos.
Estudiante incansable
En su época como estudiante de magisterio “Bety” era incansable y siempre quiso continuar capacitándose.
“Mi hermana y mi familia me ayudaron muchísimo para que pueda estudiar y ser docente. María Lidia-la hermana- me hacía hasta los apuntes para que pudiera estudiar. Gracias a la ayuda de ellos pude perfeccionarme. Siempre le brindé mucha dedicación a la capacitación”, recuerda.
Por último, se refiere con cariño a sus ex alumnos y colegas docentes: “Por suerte son muchos los que me saludan y me recuerdan con afecto. Será que siempre fui de hablar tanto que algún buen consejo he dado”, dice sonriendo.