Lamentablemente este sábado falleció uno de los vecinos más queridos de San Francisco: Eusebio "Tito" Lamberti. Recordado por miles por su actividad como bibliotecario y jugador de El Tala, como portero del Colegio San Martín, pero también como un apasionado y conocedor del cine.

Tito fue una fuente de consulta por muchos hechos históricos de San Francisco. Entre ellos, la historia del Cine Sarmiento, aquel cine de barrio que funcionó desde 1959 hasta 1985, y que El Periódico recordó en varias notas, una de ellas en 2016.

“El Sarmiento les hacía sombra a los cines del centro”, recordó ese año Tito, ya entonces distinguido como vecino ilustre de San Francisco. “Tiene una muy buena historia, estuvo muy bien manejado”, agregó aquella vez consultado por este medio.

Según Tito, quien tenía una memoria envidiable, el cine abría el jueves y recibía a unas 450 personas. Luego, el viernes llegaban a la sala alrededor de 500 para recibir el sábado y el domingo entre 700 y 800 cada día.

"Antes ir al cine era un acontecimiento. La gente comía más temprano para ir al cine, con entradas numeradas, iba la madre, el padre, los hijos o las parejas de novios. Nada que ver, el mundo antes era otra cosa", decía Tito, quien también recordó uno de los éxitos del cine: la función matiné, para los chicos, en la que alguna vez regalaron pequeñas pistolas a cebitas en las películas de cowboys.

Todo un especialista y conocedor de la industria cinematográfica, Lamberti explicó cómo se fue dando el ocaso del cine Sarmiento cuando las grandes compañías comenzaron a priorizar las salas ubicadas en el centro. "Ese fue el primer paso. Una cosa es tener reprise de la Warner Bros o de la Fox y otra es tener películas independientes que nadie las conocía. Después, ya comenzaba la época de que el cine ya no era más lo que era, la televisión estaba más fuerte. Todo eso es una cadena", analizó. 

"Lástima porque es un lindo cine. Yo estuve cuando lo inauguraron", cerró Tito recordando aquellos días.

El recuerdo de Tito Lamberti sobre el Cine Sarmiento

Grandes filmes

El cine Sarmiento fue inaugurado el 20 de junio de 1959. La apertura de la sala se realizó en horas de la tarde, donde se proyectó solo para invitados  la película “Tammy, la flor de los pantanos”. Por la noche fue la primera función pública con la proyección de “Maniobras de amor” y “Retaguardia”.

Enrique Pioli estuvo a cargo de la programación del cine durante 15 años, hasta mediados de los 70. Cinéfilo de aquellos, el hombre rememoró para ese artículo y video de 2016 las gloriosas épocas de esa sala: “Venía mucha gente, teníamos una repercusión muy grande en las películas de matiné, con 500 o 600 personas que llenaban la sala”, contó Pioli a El Periódico.

El recuerdo de Tito Lamberti sobre el Cine Sarmiento

El Sarmiento nació en la misma década del cine Mayo. Anteriores a ellos ya funcionaban el Colón y el Gran Rex. El desafío era mantener el público, por eso quienes estaban a cargo de la sala barrial tejían distintos artilugios para atraer gente: “Si había una película de cowboy comprobábamos unos revolvitos en una juguetería para luego regalarle a la gente, era un incentivo”, recordó Pioli. También se supieron sortear máquinas de coser, bicicletas, entre otras cosas. La competencia era sana pero competencia al fin.

Pioli aseguró que tener en algún momento la exclusividad de la famosa compañía Warner Bros los ayudó. Así llegaron éxitos como “Sayonara”, “Al Este del paraíso” y los filmes de un actor americano, Troy Donahue, que era sensación entre las jovencitas sanfrancisqueñas: “Era un pibe joven y pintón que atraía a las chicas, era un griterío cuando aparecía en escena. Lo curioso es que en Estados Unidos fue un fracaso”.

Para los amantes de “Los Simpson”, Troy Donahue es uno de los actores en quien se inspiró el autor de la serie animada para crear al personaje Troy McClure.

El recuerdo de Tito Lamberti sobre el Cine Sarmiento

Cooperativa barrial

El Sarmiento no era un éxito solo por pasar películas de taquilla. Lo era porque los mismos vecinos ponían el lomo y su dinero para poder tenerlo de pie. Había una comisión de accionistas, es decir, personas que ayudaban económicamente para mantenerlo.

La gente del barrio trabajaba ad honorem, en la boletería, la portería, el que cuidaba el bicicletero que estaba a la vuelta hasta que termine la película. Todos daban una mano”, afirmó Pioli.

El recuerdo de Tito Lamberti sobre el Cine Sarmiento

El kiosco de Benito

El kiosco del cine estaba atendido por Benito Santana, recordado por todos los que pisaron el lugar. “Era un clásico ir a comprar a ese kiosco en el intervalo entre películas”, evocó Marcelo Pighi, locutor radial, quien vivió en el barrio y trabajó unos años en el Sarmiento hasta su cierre. 

“Había gente que iba siempre al cine, cualquiera sea la película, porque era una salida más. El matiné, por ejemplo, era como una guardería porque los padres mandaban a sus hijos desde temprano el domingo a ver películas”, recordó.

El recuerdo de Tito Lamberti sobre el Cine Sarmiento
El recuerdo de Tito Lamberti sobre el Cine Sarmiento

Se va apagando el proyector

En 1978, cuenta el historiador local –ya fallecido- José A. Navarro en su libro “La Historia de los cines en San Francisco”, la sala del Sarmiento se vio enfrentada a problemas operativos como consecuencia de la falta de películas taquilleras debido a que los estudios que supieron ser de su exclusividad le habían retirado el apoyo.

Pioli opinó que a las compañías les importaba el dinero y no los cines. También declaró que la llegada de la televisión fue un detonante de la crisis, ya que habían sufrido una caída del 70 por ciento en la venta de entradas.

El recuerdo de Tito Lamberti sobre el Cine Sarmiento

La sala pasó a manos de la empresa “Hijos de Arturo Fornero”, dueña del Radar y el Colón. En diciembre de 1985 fue su última función, con la proyección de “Los violadores” y Corrupción carnal”.

“Hace poco pasé por la vereda del frente”, contó Pioli, quien no puede evitar emocionarse ante el recuerdo. “Uno luchó tanto por el cine, pero llegó un momento donde había que terminar con esto. Culturalmente creo que el barrio perdió con este cierre”, reconoció.

La sala fue adquirida tiempo atrás por una familia de nuestra ciudad que hoy piensa en venderla o quizás alquilarla. Mientras tanto sigue en pie conservando en su interior restos de una jugosa historia. Como una especie de elefante blanco en el barrio Sarmiento.