El gran luthier Aldo Merlino: “Antes de declinar la calidad preferí retirarme”

Local 19/05/2018
Hace un año finalizó sus últimas dos guitarras. Jorge Rojas y El “Chaqueño” Palavecino le pidieron una cada uno. De todos modos el artista continúa yendo a su taller para dedicarse al arte de los cuchillos. “Me ayuda a despejar la mente”, asegura.
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Su arte con los cuchillos también trascendió fronteras.

“Voy a cumplir 87 años y pensé que posiblemente uno empieza a declinar la calidad y antes de llegar a eso prefiero retirarme a tiempo”, asegura el gran luthier de nuestra ciudad Aldo Merlino.

El fin de semana pasado se lo pudo ver junto a su hijo Alberto en la Feria Nacional de Artesanías, Manualidades y Diseño que se realizó en el Superdomo aunque exponiendo su hobby que desarrolla hace unos 40 años, el arte en cuchillos.

Con respecto a su especialidad en las guitarras cuenta: “Le dije a Alberto hacete cargo. Creo que uno cumple un ciclo, yo me independicé a los 17 años, así que estuve 70 sentado al lado del banco trabajando la madera. Cuando le comenté a Jorge (Rojas) que me iba a retirar de la fabricación me dijo que le guarde una, al igual que El ‘Chaqueño’ (Palavecino)”.

¿Costó la decisión de dejar de trabajar con las guitarras?

Lógicamente, pero era algo que venía pensando hace tiempo. Me tocó conocer la historia de un luthier de Buenos Aires que pese a la edad quiso seguir trabajando y se notaba una disminución en la calidad de sus obras. No quería llegar a eso.

¿Recuerda su primera guitarra?

Cuando tenía 6 años ya tenía la idea de que me iba a hacer una guitarra. En la familia de mi papá eran 20 hermanos entre hombres y mujeres y uno de ellos se había comprado una guitarra, era allá por el año 1937, me impresionó tanto el instrumento que desde entonces me dije que quería hacer una propia. Y a los 19 años cuando ya tenía el taller me dije que la iba a hacer. Lo logré y justo pasó un señor que tenía una casa de compraventa que se llamaba La Vencedora y me la pagó 1,80 pesos. El hombre se llamaba don Juan Remedi, la verdad que me gustaría conseguirla.

¿Y cómo nace el hobby de los cuchillos?

El hobby de los cuchillos viene de unos 40 años, los empecé a hacer los días que tenía un tiempo libre, tenía una fragua y me ponía a trabajar con los cuchillos. De a poco me fui dando a conocer también. Con el tiempo logré tener unos seis coleccionistas que regularmente me piden y me compra. Tengo una persona que tiene unos 50 cuchillos míos.

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¿Qué características tienen?

La hoja puede ser de acero quirúrgico español o acero weller, son de muy buena calidad. Y los mangos los voy tallando de acuerdo a la calidad que busque. Trabajo con diferentes materiales como con las guitarras, pero se destacan los que hice en ébano, que es una madera africana que le dicen el “oro negro”; cuerno de búfalo fileteados con alpaca y otras maderas de gran calidad.

¿Se pone un tiempo para los trabajos?

Los tiempos de los cuchillos no los cuento, porque es un hobby, son como una terapia, porque el jubilado que no hace más nada se aplasta enseguida. Así que hago un par de horas a la mañana y a la tarde para así mantener la mente ocupada. Para una guitarra uno le calculaba unos 60 días de trabajo, pero en este caso lo tomo con calma. También en mi casa tengo algunos bonsái de árboles de monte a los que también les dedico su tiempo.

Sus guitarras llegaron a distintos puntos del mundo, ¿busca lo mismo con sus cuchillos?

No, uno no lo busca, pero ya tengo personas que me compran en California, Miami y Canadá, por ejemplo.

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La última guitarra de Cafrune, su tesoro

"Tengo la última guitarra que utilizó Jorge Cafrune antes de su muerte. Es una pieza única en el país, porque tiene los laterales y el fondo de ébano africano, muy difícil de conseguir. Jorge vino en una oportunidad, la probó, le gustó y me pidió que se la venda. Le dije que era la primera que hacía de ese material y que no sabía el resultado que iba a podía tener, se la presté. Anduvo por todo el mundo, por tres años y tres días antes del accidente, me pidió que se la venda porque se había encariñado, le dije que bueno, que después íbamos a arreglar. Pero tuvo el accidente y como los familiares sabían que la guitarra era mía, me la devolvieron", recuerda el luthier.

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La muerte de un amigo

El 31 de enero de 1978, a modo de homenaje a José de San Martín, Cafrune emprendió una travesía a caballo para llevar desde Plaza de Mayo hasta Yapeyú, lugar de nacimiento del Libertador, un cofre con tierra de Boulogne-sur-Mer, donde falleciera el General. Esa noche, a poco de salir, fue embestido a la altura de Benavídez por una camioneta Rastrojero conducida por un joven de 19 o 20 años, Héctor Emilio Díaz. Cafrune falleció ese mismo día a la medianoche. En la época se creyó que se habría tratado de un asesinato planificado por parte de la dictadura militar aunque el hecho nunca fue esclarecido completamente.

Merlino se emociona al evocar la memoria de su querido amigo con quien compartió encuentros, comidas y la música y al que consideraba “una gran persona y hombre de paz”. Es más, en una de las guitarras construidas para el músico, el luthier le realizó un grabado con el rostro del propio Cafrune.

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En una foto de hace 40 años junto al cantante.



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