“Ñata” Passera (85) es una vecina que nació en Las Petacas, pero que desde hace 17 años reside en San Francisco. En su curriculum acusa 70 años como modista. La mujer empezó a coser cuando promediaba los 14 y asegura que nunca lo dejó de hacer.

“Terminé sexto grado en Las Petacas y me mandaron a coser porque otra cosa no había. Con 12 años fui de una señora donde estuve hasta los 14 aprendiendo”, cuenta.

“Ñata”, como todos la conocen y así prefiere que la llamen, afirma que empezó de a poquito. “Las primeras clases empecé viendo como ella hilvanaba, cortar todavía no sabía, me daba para hilvanar, todo a mano, para  planchar, tenía de esas planchas grandes, de sastre, siempre con un carboncito puesto. Así seguí hasta que empecé corte. Había otras señoras que enseñaban, pero mi mamá me mandó ahí porque era una señora más seria. Iba de lunes a viernes desde las dos hasta las seis de la tarde”.

Primer trabajo

La mujer hizo su primer vestido a los 14 años. “Mi papá había ido a hacerse cortar el pelo y la señora del peluquero estaba enojada porque no conseguía quién le hiciera un vestido, porque se quería ir a Mar del Plata. Un catón, como se usaba antes. Entonces mi papé le dijo ‘en casa cosen’, y vino. Ahí empecé y nunca dejé”, recuerda.

Para Ñata, coser es, además de su fuente de ingresos, una pasión. “Nunca dejé, sólo un tiempo cuando tuve a mi primera hija, pero cuando tuve a mi hijo, seis años después, lo tuve un miércoles y el lunes estaba cosiendo”, asegura.

La mujer cuenta que hace prácticamente todo tipo de prendas. Si bien aclara que prefiere hacer ropa para mujeres, sus trabajos fueron desde calzoncillos hasta vestidos de novia. En este último punto vistió a novias de las más variadas localidades como San Jorge, Sastre, Crispi, Castelar, El Fortín, Laspiur, Piamonte o El Trébol, entre otros lugares.

Secretos

Si se trata de casamientos, por ejemplo, y respecto a su forma de trabajar, la mujer revela que recién corta las telas la semana anterior al evento. “Porque las chicas cambian y el vestido no se puede tocar mucho. El viernes le hago la última medida, terminado, y después si hay algo que retocar es lo último. No hago moldes ni punto de marca, no me enseñaron. Los hago con la medida y un margen de 4 centímetros de costura. Marco todo sobre la tela, después lo hilvano”, detalla Ñata, que utiliza una máquina Godeco, que compró cuando su hija era pequeña.

Con el pasar de los años, Ñata recuerda, por ejemplo, que “antes se hacía desde la liga, todo. Y vos cuando te ibas a otros pueblos tenías que empezar desde la mañana del casamiento a poner todo arriba de la cama. Iba a vestirlas. Me buscaban a la mañana y me quedaba hasta la noche”. Incluso, participó de muchos de ellos como invitada especial.

Además, comenta que antes los bordados se hacían a mano mientras que hoy suele optar por telas ya bordadas.

En la actualidad

En la actualidad, Ñata sigue cosiendo, todos los días y a toda hora, comienza a la mañana y suele quedarse despierta hasta pasada la medianoche. Su merecido descanso llega los fines de semana. Tanto sacrificio queda demostrado en los trabajos. Sus prendas son garantía de calidad. Quizá por eso, aún hoy, la siguen eligiendo.