Como una auténtica sociedad secreta que formaban, poco se sabe de los masones en San Francisco y la región. Apenas unos rastros públicos de la presencia de algunos grupos (llamados logias) y mucho menos de su desaparición.

La francmasonería o masonería es una organización secreta que reúne a individuos agrupados en entidades conocidas como logias bajo un precepto de fraternidad. La institución se autodefine como filantrópica, filosófica, simbólica y no religiosa, con la finalidad de impulsar el progreso moral e intelectual de las personas.

Un concepto básico de la masonería es que el ser humano debe ser lo más ético posible, y la masonería le debe servir para perfeccionarse. Utilizan mucho el concepto de “la piedra bruta” que se debe convertir en una piedra pulida. O sea, que el ser humano debe pulirse y eliminar sus defectos a través del trabajo interior.

Para integrar una logia, se debe tener una invitación expresa y pasar un riguroso proceso de selección y aprobación.

La escuadra (símbolo de la virtud) y el compás (símbolo de los límites con los que debe mantenerse cualquier masón respecto a los demás) son los dos símbolos masónicos más conocidos.

Rastros locales

Para conocer algunos detalles de esta logia secreta formada en nuestra ciudad dialogamos con el presidente del Archivo Gráfico y Museo Histórico de San Francisco y la Región, Arturo Bienedell.

“La masonería aparece públicamente en nuestra ciudad sobre finales del siglo XIX, principios del XX, cuando comienzan a llegar acá los nuevos pobladores. Muchas de las personas que se instalaban en la región ya pertenecían a algunas logias masónicas y formaron nuevos grupos”, explica.

El caso más difundido en la región es el de la localidad de Zenón Pereyra. Se cree que su fundador era masón y que el trazado del pueblo y muchas de las construcciones conservan símbolos de la logia.

El primer rastro de la masonería local aparece por noviembre de 1916, cuando el periodista Amadeo Belén Cabrera, escribe un artículo en el diario La Voz de San Justo recriminando la conducta de los masones en San Francisco a los que acusa de calumniar la fe jurada “al sentirse vencidos en la lucha cotidiana ante el éxito ajeno y mordidos por la sierpe de la envidia”.

La misteriosa historia de los masones locales

Un sepelio masón

Según devela Bienedell, recién en abril de 1917 vuelve a saberse sobre la masonería en San Francisco y se conoce el nombre de la logia “Porvenir social”, porque fallece un francés que se llamaba Luis Amalvy, director de la banda municipal de música. “Se produce un acto público muy importante en su sepelio del que participaron numerosas personas y hablan, entre otros, Amadeo Belén Cabrera, que evidencia el carácter masón de Amalvy”, detalla.

Tiempo después Belén Cabrera crea su propio diario “El Progreso”, un nombre también vinculado con los preceptos de la masonería. Sin embargo no hay referencias a la logia y tras la muerte del periodista en 1951, sus familiares destruyeron todos los archivos del diario y sólo se conservan unos pocos ejemplares.

Nuevamente la masonería en la muerte

En el año 1935 se produce el fallecimiento de Cecil Newton, el segundo director de la Escuela Normal y nuevamente aparecen los rastros de la logia. “Él era inglés, de una gran intelectualidad, que llegó solo a la ciudad en 1918. Su esposa había muerto en Buenos Aires y la única hija que tenía se había ido con otros familiares. Fue un solitario, siempre acompañado por perros, se lo conocía como ‘el inglés de los perros’. Era un hombre muy apreciado por un sector de sus alumnos, y tras su muerte se le hace una placa con los símbolos de la masonería, la escuadra y la regla”, describe Bienedell.

Tras la muerte de Newton se pierden los rastros de la sociedad secreta. ¿Habrá sido Newton el último gran maestre de la logia?

Algunas especulaciones

En las décadas del ’30 y ’40 comienzan a aparecer entidades como Rotary club y El club de Leones, y el responsable del Archivo Gráfico señala que este tipo de agrupaciones pudieron absorber a los masones locales

“Dado que los fundamentos de la masonería, que es de agruparse para el bien común y por la idiosincrasia de San Francisco, es posible que la presencia de otras entidades los haya reemplazado o absorbido. De todos modos termina siendo un misterio la masonería local porque no se sabe cómo empezaron ni cómo terminaron, si es que terminaron”, concluye Bienedell.

La misteriosa historia de los masones locales

Parte del texto de Belén Cabrera

“Hoy los hermanos de este valle, abatido su taller por inercia colectiva se dedican a la tarea de perseguirse mutuamente, ora atacando la obra ajena en los distintos negocios de la vida, ora calumniando a los hermanos en fe jurada al sentirse vencidos en la lucha cotidiana ante el éxito ajeno y mordidos por la sierpe de la envidia dejan que los eslabones fraternales sean rotos por los demonios de las pasiones, es a esta derrota que se duerma en este valle y a que los masones de la localidad no sirvan al bien y estén fuera de la buena senda”.