El museo que sobrevive en pleno barrio Iturraspe
Se trata de la colección personal de Jorge Cravero, un vecino fallecido cuyo legado perdura en el museo que llamó “Georg Simon Ohm”. Se mantiene en una bonita casa plagada de objetos que el hombre fue acopiando de manera casi obsesiva y que dispuso de tal forma que puedan ser admirados.
En calle Belgrano al 800 una bonita casa pasa desapercibida entre el barullo de los niños que entran y salen del jardincito de la escuela Yrigoyen. Sin embargo, en su interior se erige el museo personal que perteneció a Jorge Cravero, un coleccionista y artista excepcional que falleció en 2012. Pese a esto, su mujer y compañera, Miriam mantiene intacto el legado del hombre que, detrás de cada objeto, contiene innumerables historias.
En cada recoveco de la casa se encuentran artículos de electricidad-ya que Jorge fue empleado de Epec-, minerales, mármoles, estatuas, balanzas, planchas, relojes, sifones, amperímetros, cucharitas, cuadros y más. También recopiló billetes, monedas, estampillas, lapiceras y plumas, entre otras cosas.
Aunque su obsesión coleccionista comenzó con las llaves y los candados, de estos últimos llegó a tener 3550 unidades, cada uno catalogado y detallado con dibujos hecho a mano o fotografías que iba guardando en numerosas carpetas.
“Admiro todo de su colección, pero principalmente lo que hizo con sus manos”, le dijo Miriam a El Periódico. Y es que el hombre fue un verdadero artista en el trabajo con chapa y hierro. Creo una innumerable cantidad de objetos pero sobre todo reprodujo- con herramientas que él mismo también fabricó- dos impresionantes faroles de hierro similares a los que supo tener el famoso chalet La Campana, ubicado en la esquina de Garibaldi e Iturraspe.
El museo
Jorge bautizó a su casa, porque prácticamente toda ella es un espacio de colección y exposición, museo “Georg Simon Ohm”, en homenaje a un físico alemán descubridor de la ley de la electricidad que lleva su nombre, a quien admiraba.
El afán coleccionista de Jorge comenzó con un candado que le regaló su padre cuando tenía 18 años y desde entonces jamás paró de buscar y crear. Miriam conserva aquel ejemplar rotulado con un pequeño n° 1.
Cada habitación de la casa cuenta con objetos que Jorge instaló milimétricamente, cuidando la simetría para quien se coloque en el rol de visitante.
Recorrida
Allí se observan los artículos de electricidad, diferentes tipos de balanzas, planchas. En la pared izquierda-si uno ingresa desde el garaje- se destaca una estatua de un luchador romano y dos grandes escudos antiguos fabricados en chapa por Jorge.
En el living se encuentra una hermosa colección de relojes antiguos de péndulos y a pocos metros sobresalen dos columnas y un arco de mármol ónix, material oriundo de la vieja Catedral demolida. Dicho arco forma una especie de estante donde también colocó más objetos de su colección.
También en una de las esquinas se encuentra lo que fue la base de la fuente bautismal de la iglesia con inscripciones en latín que data de 1936.
Más arte al aire libre
El patio de la casa también está plagado de arte y hermosos objetos: canteros con material restaurado, campanas, ollas antiguas, poleas y aparejos. También dos farolas que son réplicas de los que existen en el Palacio Tampieri y que fueron construidos al detalle por Jorge.
También existe una habitación, quizás la más especial para el hombre donde pasaba gran parte de su fin de semana dedicado a su museo. Allí se resguardan las llaves y en unos armarios construidos especialmente, los miles de candados.
Miriam es la protectora de ese museo y del mismo arte que creó su marido: “Él me pidió hasta último momento que cuidara sus cosas para dejar un legado”, contó.
Sobre Jorge
Cravero se desempeñó en Epec, fue técnico electricista y profesor en el Ipet 50 "Ing. Emilio F. Olmos", donde dictaba las materias de Dibujo Técnico y Tecnología de la Electricidad. También fue colaborador del Centro Vecinal de barrio Iturraspe.
En el año 2007 tuvo un problema en el corazón y por al menos seis meses quedó con una afección neurológica muy grave. En sus últimos años gracias a un tratamiento pudo retomar su hobby. Según su esposa hasta sus últimos días continuaba pensando qué podía crear o sumar a su museo.
En julio de 2012 tuvo una nueva afección y no logró recuperarse, falleció a los 59 años.
“Viví con él 38 años y no puedo no valorar toda su pasión y sacrificio, por eso cuido tanto todo esto”, manifestó Miriam.