En junio de 1990 nació en San Francisco un canal que tenía contenido propio, local y prestaba un servicio de televisión por cable a un precio accesible. Se trató del Canal 2, que tenía sus estudios centrales en el popular barrio Roque Sáenz Peña y llegó a tener alrededor de dos mil abonados.

Tenía un profundo vínculo con el barrio, tal es así que, según relataron sus antiguos dueños, los picos de ‘rating’ -por llamarlo de alguna forma- se daban en horas de la noche con programas que tenían un objetivo solidario, como colaborar con alguna familia que necesitara de la ayuda de los vecinos.

A través de algunos de sus directivos de entonces, El Periódico pudo reconstruir parte de una historia casi olvidada hoy en la ciudad. Un canal de barrio que surgió de la mano de los hermanos Víctor y Edgardo Botta, y que después sumó a otros socios como José Aragno y Juan Busso. TV Cable surgió en “Las 800” porque la fisonomía del barrio tenía la ventaja de que en pocos metros se lograban muchos abonados. Así, con apenas tres bobinas de cable coaxial se cableó todo el sector y con los años fue creciendo hasta extenderse a los barrios 9 de Septiembre, Dos Hermanos, Jardín y parte de Consolata, incluso hasta el final de López y Planes. Querían llegar hasta La Milka, pero los planes se truncaron.

La emisora llegó a tener unos 20 empleados, pero sus dueños fueron los que comenzaron a “patear la calle” y a llevar el producto casa por casa. “Fue un trabajo de hormiga muy intenso, a la mañana parábamos los postes, a la siesta cableábamos y a la tarde conectábamos. A la noche yo me volvía a hacer los programas de deportes, revista o a colaborar en el noticiero”, contó Busso, uno de los socios.

Equipos y gestiones

El servicio de cable arrancó con un paquete básico de ocho canales, pero la grilla fue creciendo hasta alcanzar los 70 canales y en los inicios, Víctor Botta recordó que los equipos eran de fabricación casera porque había lista de espera para comprarlos. “Yo sabía de electrónica y para colocar la parabólica recurrí a un ingeniero de la Universidad para que me calculara la curva exacta, la soldamos y fabricamos las costillas -que son los elementos que están detrás de la antena-“, indicó.

“Hubo una etapa de crecimiento enorme, nos venían a hablar de todos los barrios los dirigentes vecinales para que llevemos el cable y nosotros renegábamos mucho con la autorización del espacio aéreo. Yo he dormido noches en los pasillos del Comfer en Buenos Aires para que me den las habilitaciones, aunque sea provisorias. Y el Concejo Deliberante de San Francisco, que lo encabezaba Benito Riba, nos terminó autorizando, pero había una gran presión de Cablevisión”, recordó Busso, haciendo notar una práctica habitual de la empresa del Grupo Clarín en los municipios.

Edgardo Botta era socio de Busso en este emprendimiento, desempeñándose en el área administrativa. Relató a El Periódico que las gestiones para tener los canales porteños se hacían de manera personal. “Teníamos que ir a Buenos Aires a hablar con cada uno de los canales, ahora hay pools de compras o empresas que te venden varios canales”, diferenció en relación a las épocas.

“Fuimos una alternativa porque a pesar de que teníamos menos canales teníamos un precio accesible y fue con capitales propios, era un momento complicado del país donde la gente buscaba un servicio económico. Después la situación cambió y la gente empezó a exigir canales como HBO, que no lo dábamos porque costaba casi lo mismo que el paquete que ofrecíamos”, agregó Botta.

El 2, el canal de barrio que fue alternativa de las grandes empresas

Los estudios y la programación

El primer local estuvo en el Centro Comercial 1 del barrio Sáenz Peña y en el local 2 -a metros de la plazoleta Malvinas Argentinas-. “Abajo estaba el escritorio y en las terrazas estaban las parabólicas caseras que armaba Víctor Botta. En la planta alta estaba el cabezal, los decodificadores, equipos de electrónica y un estudio múltiple”, precisó Busso.

Tiempo después, se construyó una planta transmisora en calle Sáenz Peña al 3000, en el mismo barrio, pero con una mejor infraestructura para colocar las parabólicas. En el lugar, hoy funciona la firma Carioni S.A.

En cuanto a la programación, Busso contó que fue pionero en las transmisiones del baby fútbol por TV. “Como estábamos cerca de 2 de Abril, el primer año seguíamos al club del barrio, después cuando el canal traspasó las fronteras nos dedicábamos a toda la liga”, indicó.

“Había que buscar la caja de VHS y ponías la grabación a una hora determinada, ese canal no salía al aire tenía una red de distribución de casetes por colectivos y estaba bien equipado en cuanto a calidad. Pero claro, tenías que estar al lado de la videocasetera todo el tiempo”, agregó Víctor Botta.

La emisora contaba con un noticiero informativo conducido por Betina Giménez, un programa de campo y de deportes. “Era algo muy reducido, a pulmón. Ariel Ricca y Marcelo Busso eran los camarógrafos. También trabajó Darío Pérez en el noticiero (al frente en la actualidad de FMR 90.7), Inés Caffaro (ex cronista de Canal 4) y Víctor Fernández (referente radial) que tenía un programa donde la gente participaba mucho porque se ayudaba a vecinos que necesitaban para una operación, para un viaje. A la noche teníamos al 90% del barrio conectado”, recordó.

En coberturas realizadas, Botta recordó una visita de Domingo Cavallo y las explosiones que hacía el Ejército en Miramar para dragar la laguna por la inundación. “Hicimos trabajos para Telefé y por vía telefónica le pasábamos las notas, muy precario porque no había todas las posibilidades que hay hoy”, narró.