La imagen de Mario Comes, ex vocal de la Cámara del Crimen de San Francisco, dista bastante de la que uno acostumbra a ver en el fuero judicial: la del hombre de traje y corbata, cabellera reluciente, en algunos casos con gel, y rostro afeitado o barba trabajada. Según cuenta, siempre renegó de la estética tribunalicia porque asegura que el funcionario tiene que hablar por sus resoluciones y “no por la pilcha”.

Con barba larga que supera los 30 centímetros y cabeza rapada a cero, Mario camina por el amplio patio de su casa en barrio Las Rosas conteniendo a sus perros y asegurando que no son un peligro para nuestra integridad. Jubilado desde marzo de 2019, ahora disfruta de sus hobbies, dar clases de vóley y Abogacía, criar canarios, “romper” maderas para reparar muebles del hogar y, de tanto en tanto, jugar al golf.

Mario Miguel Comes nació en Córdoba capital un 20 de diciembre 1958 y desde muy chico hizo deportes: “A los 4 años me metieron a una pileta de natación”, recuerda y confiesa que su pasión-entre otras que irá contando- tiene que ver con la gimnasia, lo físico. Tal es así que estudió dos carreras a la vez: profesorado de Educación Física y Abogacía.

Esto fue parte de un dilema cuando finalizó el secundario ya que le apasionaban las dos cosas. Conversando con su padre se decidió a estudiar ambas carreras: “Sino me da el cuero dejaré alguna de las dos -recuerda que le dijo a su papá-. Una de mis pasiones es la educación física, lo que pasa fue que cuando me lo planteé y lo charlé con mi padre, con el derecho iba a poder vivir mejor, más holgado; entonces la educación física pasó a ser la descarga a tierra, el hobby, y la terapia una vez que fui juez”.

El cuero le dio y a los 19 se convirtió en profesor de Educación Física y a los 23 en abogado.

Mario Comes, un ex juez de múltiples facetas y con un estilo particular

Su familia

Su padre Mario Miguel también fue abogado e hizo carrera como juez; su madre Nina Stella Ragot fue docente y “la primera Asistente Social de la provincia de Córdoba que recibió el diploma en manos del propio gobernador, Juan Ignacio San Martín”, refiere con orgullo. Fue el único de los cinco hermanos -Ana Cecilia, César Ernesto, María Belén y Gabriela María Fernanda-, que siguió los pasos de su padre.

Cuando cursaba la carrera de Abogacía se planteó hacer una especialización en deportes que cualquier club tuviera: como el vóley y la natación. Así, mientras seguía estudiando derecho por las noches, durante el día era profe de estas dos disciplinas y vivía de su trabajo en los clubes.

Así conoció a su esposa María Claudia Arrieta en un torneo de vóley, y con ella, también abogada, compartieron destinos de trabajo, tanto en los Tribunales de Córdoba como en San Francisco. Además es padre de dos hijos: Constanza y Mario Miguel José.

“Ese extraño de pelo largo”

Su carrera como abogado comenzó desempeñándose como “pinche”, según se lo conoce en la jerga tribunalicia, es decir empleado raso o escribiente.

Ya como abogado recuerda que en más de una oportunidad asistía a las barandillas a pedir expedientes con el pelo largo hasta los hombros, en buzo y pantalón de educación física, ante la mirada despectiva de alguna que otra secretaria.

“Pensar que llegué a San Francisco a la Cámara del Crimen como pinche y me jubilé como vocal, en lo que sería el cargo más alto en el mismo lugar. Pasé por el Juzgado de Instrucción, tuve un excelente juez como Hugo Ferrero, que me enseño mucho. Ascendí a secretario de Fiscalía en 1992. En el ‘94, concursé para el cargo de fiscal de instrucción en Las Varillas donde estuve por nueve años; luego concursé el cargo de juez correccional en San Francisco (2001) y en 2006 llegué a vocal de la Cámara del Crimen”, reseña Comes.

Su padre, también había ingresado a los Tribunales de Córdoba como “pinche” y llegó al cargo más alto, vocal de Cámara. “Cuando rendí para vocal para la Cámara del Crimen le dije a mi esposa e hijos que por primera iba a hacer algo que no era por ellos -recuerda y se emociona-, “lo voy a hacer por el abuelo porque él soñaba con verme en el cargo que tuvo. Y pude darme el gusto de que me viera jurar y desempeñar como vocal”, dice con los ojos llenos de lágrimas.

- ¿Qué rescata de su experiencia como juez?

Siempre busqué ser justo en los valores de la justicia. Para mí todos somos iguales, tanto el chico de la villa como el gran empresario, cuando cometen un hecho delictivo tienen que ser castigados por la ley. Siempre busqué de ser justo. Soy devoto de la virgen de Fátima, en mi escritorio tenía una imagen de ella y cada vez que entraba a una audiencia me encomendaba a ella para que me permitiera ser justo y no equivocarme.

- ¿Cómo nace esa devoción?

Si te lo digo no me lo vas a creer. Tuve la suerte de viajar a Fátima en Europa con un grupo de amigos. En ese momento estaba muy enemistado con la iglesia, con mi fe. Entré al santuario y no me preguntés por qué ni cómo, pero caí arrodillado y lloré más de media hora pidiendo perdón a la Virgen. Ahí le dije ‘vos me vas a acompañar toda la vida’, la tomé como mi consejera, mi conductora y cada vez que he tenido algún inconveniente me encomendé a ella.

Mario Comes, un ex juez de múltiples facetas y con un estilo particular

- Uno no se imagina a un juez, sobre todo en la Cámara del Crimen, como un devoto.

Creo que es un error conceptual de la sociedad. El derecho es una carrera humanista, lo que pasa es que estamos acostumbrados a ver los jueces, abogados y asesores estrellas, que lo único que les interesa es ver quién sale más en el diario. No es que no he sido amigo de la prensa pero si he tratado de evitarla un poco (ríe). Me interesaba más dar notas por el deporte que por el derecho. Porque en el derecho mi obligación era hacer justicia y justicia es dar a cada uno en lo suyo. Por eso no hay una dicotomía, entre mi fe y mi profesión.

- ¿Se da cuenta que no es la viva imagen de un juez?

Sí, pero no lo hice a propósito, es mi personalidad. Y tampoco me importó nunca llevar la imagen de juez, esa imagen la das o la ganás con el decoro y la honestidad. Para ser un buen magistrado no necesitás saco y corbata. En tribunales se reían y me han criticado porque no usaba saco ni corbata. Pero en la sala de audiencia, ese lugar era inmaculado para mí y le rendía mis respetos siendo correcto y usándolos. Pero salía de ahí y era el Mario hincha de Belgrano, que va a la cancha, que se junta con los amigos, es la difícil tarea del juez. Saber hasta cuándo sos funcionario y hasta cuándo sos ciudadano.

El juez Pirata

Comes rememora que la primera vez que fue a la cancha fue por un amigo de su padre -al cual llamaba tío- Piro Minuzzi, al que una vez le reprochó: “Tío Piro, usted sabe que es la persona que más daño me ha hecho en mi vida, porque usted me hizo hincha de Belgrano y a partir de que me llevó por primera vez a la cancha nunca pude dejar de ir”, cuenta entre risas.

Recuerda que su primera vez en la cancha albiceleste fue a los 5 años en un partido contra Sportivo Belgrano. Es más, asegura haber visto jugar a un jovencito Eladio Rodríguez, cuyo talento le quedó grabado.

Mario Comes, un ex juez de múltiples facetas y con un estilo particular

Subraya que siguió al club de sus amores por todo el país y tiene cientos de anécdotas de tribuna, aunque una de las más fuerte le sucedió horas antes al nacimiento de su hija: “Mi señora estaba con trabajo de parto y yo estaba en la cancha viendo la final de Belgrano contra Olimpo el 20 de abril de 1986. Volví, me pegué una ducha y llevé a mi señora a internar porque al otro día nació mi hija. Es muy fuerte lo que siento por Belgrano, creo que después de mi familia, es lo mejor que me pasó en la vida”, aclara.

También dejó de fumar gracias a Belgrano. Fue el 26 de junio de 2011, en la cancha de River cuando “El Pirata” ascendió a Primera División del fútbol Argentino al dejar ganarle la promoción al “Millonario”. Fumaba –cuenta- entre tres o cuatro cajetillas por día y en esa jornada, cuando su hijo llorando lo abrazó en el pitazo final, se dijo: “Esta mierda no me va a privar de seguir disfrutando con mi hijo de la cancha y nunca más prendí un cigarrillo”.  

Su carrera y su jubilación

- ¿Cuáles son los casos que más lo marcaron en su carrera de judicial?

Muchos. Hubo casos muy emblemáticos para la sociedad y hubo otros que, si bien no tuvieron mucha repercusión, en lo personal me marcaron. Hay uno que me golpeó mucho que fue un caso emblemático de violencia de género, el caso Vercesi -el crimen de Natalia Vercesi y de su hija por nacer en manos de su esposo Alejandro Bertotti-. Alejandro había sido alumno mío y jugador al que entrené, y ver toda esa situación me golpeó. Pero si tuve una virtud como juez fue que cuando entraba a la sala de audiencias dejaba de lado todo y era juez, tenía que impartir justicia.

- ¿Cómo fue el día de la jubilación?

Muchos me decían ‘cómo vas a hacer cuando estés jubilado’ y yo sigo igual que antes, con la diferencia de no tener ese estrés de que al otro día tenía que tener una resolución terminada. Ahora cuando viajo con el club disfruto más. Antes cuando tenía algún torneo afuera cargaba mi computadora, mis expedientes y libros y mientras el resto de los profes comía asado y charlaba, yo estaba en mi pieza trabajando. Eso no lo hago más, pero sigo entrenando en el club -antes de la pandemia-. Entro a las 16 y me voy a las 22, sigo dando clases en Uces, tengo cuatro materias y en casa mantengo el césped, crío canarios, reparo cosas; no nací para estar sentado, siempre estoy haciendo mil cosas.

Mario Comes, un ex juez de múltiples facetas y con un estilo particular

“Estuvo en muchos acontecimientos de mi vida”

Rubén Caffaratta es uno de los pocos abogados de la ciudad que trabajó con Mario Comes y con el cual desarrolló una entrañable amistad.

“A Mario lo conocí hace muchísimos años trabajando en el Juzgado de Instrucción con el juez Hugo Ferrero. Es una persona que se dedicó muchísimo a su trabajo, con un ímpetu para el trabajo y con ganas de hacer las cosas bien”, refiere Caffaratta al ser consultado por El Periódico.

El letrado subrayó que Comes estuvo presente en acontecimientos que lo marcaron en su vida y hasta tuvo una relación de amistad con su padre.

“Estuvo presente cuando falleció mi papá y mi mamá, son circunstancias que te marcan y te indican el tipo de persona que es. Como juez, resolvía y estaba presente en las audiencias debate y se metía en los procesos poniendo lo mejor como funcionario para que haya justicia”, agrega.

Y subraya: “Tenía un criterio particular y, no era fácil de doblegar o torcerle el brazo. Siempre fue muy digno de su trabajo y rescato su lealtad. Nunca se dejó presionar por nadie y eso en un juez vale mucho, porque les da seguridad a los ciudadanos. Y en estos momentos donde a la justicia se la doblega por un montón de razones y Mario nunca se dejó doblegar ante ninguna presión, eso es una garantía que ya casi no se consigue”.