Dice que fue en un sueño de una madrugada de marzo de 2020 en el que uno de sus hermanos fallecidos le recriminaba fuertemente la vida que llevaba, marcada por las adicciones a las drogas y el deambular por las calles. Valentina Castagno (28) se levantó perturbada y supo que no podía seguir así. Si amaba a su hijo y no quería dejarlo solo, tenía que alejarse de ese entorno que la rodeaba.

A comienzo de aquel año, El Periódico la había entrevistado mientras transitaba aquel infierno de las drogas, con una delgadez extrema y una mirada triste y perdida. Pero de esa Valentina parece quedar poco en la actualidad. Por aquellos días pesaba unos 40 kilos y hoy, aunque confesó algo avergonzada, los duplicó. Su semblante es distinto y agradece la nota deseando bendiciones. 

“Me pasó que soñé con mi hermano fallecido, me retaba y me decía que tenía que dejar las drogas y la vida que llevaba. Y por esos días me veía que ya estaba para el cajón, pensaba que mi hijo se iba a quedar solo y que si me llegaba a ir no me iba a encontrar con mis familiares allá arriba”, recordó.

Desde entonces, sostuvo, tiró todo, dejó de consumir y conoció a un hombre que sería su pilar para encaminar la vida que lleva ahora. Al poco tiempo comenzó a asistir a una iglesia conocida como “Ministerio La Roca”, cuyos pastores y fieles a través de la fe, consejos y ayudas, la fueron guiando para dejar atrás lo malo de su vida.

“Y acá estoy, dejé de consumir, no caí más, no pienso y no quiero. Y si tengo que ayudar a alguien para que pueda salir de las drogas lo voy a hacer”, declaró segura.

La otra calle

Durante aquel pasado turbulento, se la solía ver a Valentía en el centro de San Francisco pidiendo ayuda a los automovilistas para poder comer ella y su hijo. Hoy en día camina las calles pero ofreciendo productos panificados para ganarse su sustento diario.

Para ello fueron importantes otros miembros de su iglesia, como los propietarios de panadería La Nueva Roma, que a base de confianza la ayudan: “Ellos me vieron varias veces pidiendo en los semáforos y hasta me ayudaron cuando estaba en la calle, por eso digo que si bien hay gente mala en la calle también, hay otras muy buenas dispuestas a darte una oportunidad”, admitió.

“Está en la persona dejarse ayudar”: la experiencia de Valentina y el esfuerzo para cambiar su vida

Así durante las mañanas sale a vender pastafrolas, tortas materas y otras panificaciones que le permiten juntar el mango, tener su plato de comida para su familia y poder alquilar una humilde vivienda en la zona norte de la ciudad. “Ahora plata que consigo es para mi hijo, para mi esposo y para mí; para comer y los gastos diarios”, dijo. Y agregó: “Mi nene está re bien, si Dios quiere termina este año la primaria, él también aumentó de peso y cambió totalmente de actitud conmigo, con sus amistades, eso me pone muy feliz”.

“La vida es bella”

Luego de conocer a Martín y convivir durante unos meses, el 6 de mayo se casó por civil y esa misma noche tuvieron la bendición en la Iglesia a la que asisten. “Ya es todo legal, no hay vuelta atrás”, dijo entre risas.

Martín tiene 38 años y es su actual esposo, con el que confesó hacen todo juntos, desde salir a vender los productos panificados, hasta lavar autos, cortar yuyos y cualquier trabajo que les permita ganar algo más de dinero y vivir más holgadamente.

La vida es bella y te da oportunidades, por eso les aconsejo a los chicos, a los adolescentes que dejen de lado las drogas, no deben encerrarse en eso, hay gente buenísima que hoy los puede ayudar pero tienen que buscar la forma de salir. Hay muchas maneras para dejar las drogas, se puede, pero está en la persona dejarse ayudar. Yo, por ejemplo, hubo un tiempo en que no me dejaba ayudar por nadie, no quería salir, hoy en día es distinto y estoy agradecida”, sostuvo en un mensaje esperanzador.

Dejar la adicción

Valentina había confesado en aquella primera entrevista que a los 12 años ya consumía drogas: probó la cocaína, la marihuana y hasta pastillas. “Conocí todas las drogas de la calle. Era lo que me sacaba del mundo y me hacía olvidar todo lo que había vivido. Las drogas están en todos lados, donde vayas hay”, aseguraba.

Sin embargo, en la actualidad su postura es otra: “A lo último consumía esa porquería que es el crack, que hoy en día mucha gente y muchos adolescentes la consumen y necesitan ayuda para salir de eso. Es difícil, sí, pero se puede”, remarcó.

“Está en la persona dejarse ayudar”: la experiencia de Valentina y el esfuerzo para cambiar su vida