Chernobyl: la miniserie vuelve a expandir el fenómeno
Pasaron tres décadas del desastre nuclear que se hizo miniserie en HBO. Si se quiere incurrir en la mirada superficial y la afirmación arbitraria de que “Netflix es cantidad y HBO es calidad, ésta nueva producción llega para reafirmar la premisa", sostiene el autor de la nota.
Por Emanuel Gallegos *
Poco más de treinta años después de una de las tragedias nucleares más importantes y severas de la historia de la humanidad, la serie de HBO trajo nuevamente los eventos ocurridos la noche del 26 de abril de 1986.
Es el momento de las plataformas streamming. No se podría hacer un análisis del fenómeno que genera la nueva mini serie de HBO, sino se comienza por el lugar privilegiado que tiene el consumo “on demand” en las nuevas generaciones.
Si hasta hace algunos días atrás, HBO se adueñaba de titulares de noticias, extensos fragmentos de textos e irrumpía en prácticamente cualquier conversación, a partir del final de Games of Thrones, (una de las series que levantó como estandarte en esta última década), ahora continúa ocupando ese lugar a través de Chernobyl, su más reciente producción original.
La miniserie que relata, en tan solo 5 episodios, los hechos ocurridos, antes, durante, y después del incidente nuclear más importante de la humanidad, se adueñó rápidamente de todas las pantallas, al punto de establecer algunos récords (ya cosecha 8 millones de espectadores alrededor del mundo, y puede ostentar un brillante 9.7 en el ranking de IMDB.), a menos de un mes de su estreno.
Pero, ¿cuáles son los elementos que permitieron que Chernobyl marcara la diferencia, y se alzara en medio de tanto bombardeo de estrenos y títulos de las diferentes plataformas?
Una de las claves principales la encontramos en el canal de SOD (Service On Demand) que la produce: HBO. La casa que ya nos regaló series que marcaron precedentes como “Los Soprano”, “True Detective” o “The Wire”, sirve como un elemento que legitima y nos advierte acerca de la calidad que podemos encontrar en la serie.
Otro de sus elementos fundamentales lo encontramos en la escritura. La sorpresa que nos dio Craig Mazin (responsable de películas que pertenecen a un género totalmente distinto, como las secuelas de “¿Qué Pasó Ayer?” y “Scary Movie”) al obsequiarnos este relato, se agradece muchísimo. Tan medido y cuidado, que logra representar –en tan solo 5 episodios-, las diversas facetas del desastre, con un nivel de intensidad constante, que se sostiene a lo largo de toda la miniserie. Mazin, a su vez, utilizó otro, que resulta crucial en la estructura narrativa que define la serie. El libro “Voces de Chernobyl”, de Svetlana Aleksiévich, recopila numerosos testimonios de muchos protagonistas que formaron parte, de una u otra manera, del incidente nuclear. Bomberos, dirigentes políticos, psicólogos, residentes de la zona afectada, construyen con sus diversos puntos de vista un relato que explora todas las facetas, que arrojan algo de luz a la comprensión de un evento tan complejo y con tantas implicaciones. Es ese relato literario, el que Craig Mazin convierte en un increíble relato cinematográfico. Dosificando intenciones e intensidades, Chernobyl se mueve entre estos distintos protagonistas (que en su construcción representan distintos sectores de la sociedad), con una profundidad que permite identificar, y hasta comprender, el modo de actuar, sus motivaciones y sus consecuencias. Todo esto, sin dejar de lado la capacidad de generar verdadero terror por momentos, que se desprende de la representación de la amenaza radioactiva. Una amenaza tan letal como invisible.
Y si tenemos que buscar la explicación de por qué la serie logra hacernos sentir el peligro fatal, de una amenaza que no vemos, pero que arrasa con todo a su paso, llegamos a Johan Renck. El director de la miniserie, que ya tiene en su currículum algunos episodios de “Breaking Bad” y “Vikings”, acá se la carga entera. El cuidadoso tratamiento en cada una de sus escenas, la fotografía, que en este caso funciona de manera inseparable con la música, generan ambientes tan claustrofóbicos (cuando se trata de interiores), como desoladores en esos planos más panorámicos que muestran los paisajes de la ciudad en su totalidad.
Uno de los mayores méritos de Renck, en mi opinión, es materializar a través de distintos recursos visuales, la amenaza que se encuentra latente todo el tiempo en ese aire contaminado. Un asesino invisible, pero completamente reconocible cuando aparece, del que no se tiene escapatoria.
Obviamente que los aciertos de la más reciente producción de HBO no se reducen a estos elementos, como tampoco se mencionan en esta nota las controversias que generó la serie, y los desacuerdos que ya mostró gran parte del público (ruso, en su mayoría), con la manera en la que se relatan los hechos. Pero quitando del medio estas controversias y tratando de despojar la miniserie de las acusaciones que recaen sobre su construcción de mensaje político-ideológico, lo que encontramos es otra fenomenal serie, a la que vale la pena regalarle nuestro tiempo y atención en medio de la abrumadora oferta que solo repiten fórmulas con un notable signo de desgaste.
Si se quiere incurrir en la mirada superficial y la afirmación arbitraria de que “Netflix es cantidad y HBO es calidad”, ésta nueva producción llega para reafirmar la premisa. Solo bastaron 5 episodios para que Chernobyl no deje de expandirse.
* Especial para Cartelera de El Periódico TV