La abanderada de 11 años que residía debajo de un puente es madre y será abogada

Más información 09 de julio de 2019
Su caso emocionó y estremeció a millones a través de los medios, y las penurias quedaron atrás.
abanderada

Fue como el primer shock de una película. Johana Mercado, cordobesa, 11 años, escolta de la bandera en un acto de su escuela. Algo normal…, pero titánico para ella: vivía debajo de un puente, a la orilla del río Suquía. Sucedió en el 2006, el caso rompió fronteras, y desató una ola de emoción y de lágrimas. ¿Era posible?

Sí. Posible y real. Como cada palabra que sigue…

"Ser abogada siempre fue mi sueño", dijo Johana Mercado a Infobae, feliz por haber aprobado el segundo parcial de Derecho Romano y convertirse, de esa manera, en alumna regular de la carrera de Abogacía. Logró su meta de este año.

El 2006 es el año que quedará para siempre en su memoria como la peor etapa de su vida: junto a sus seis hermanas y padres vivió debajo del puente Maipú a la vera de un río de Córdoba. Pese a esos infortunios se destacó como alumna. Su historia se conoció porque sus maestras de grado la contaron por carta a un canal local.

Meses después, sus logros fueron reconocidos con una beca para que cursara el nivel medio en el colegio Sarmiento, del barrio San Vicente, y allí la nombraron abanderada de la provincia.

—¿Cómo son tus días?

–Laaargos… Del amanecer a la medianoche. Pero soy feliz: tengo trabajo que me gusta, estudio, y soy madre de Augusto, un bebé de ocho meses. Y madre muy presente.

—¿Así fue la tuya?

–No. Todo lo contrario. Tuve padres socialmente muy vulnerables, y no pudieron impedir que quedáramos en la calle.

—¿Cómo lo soportaste sin rendirte?

—Fue la peor época de mi vida, pero no permití que me derrotara. Mientras contaba estrellas debajo del Puente Maipú, decidí mi futuro: crecer, estudiar, y no volver jamás a la calle. Y hasta elegí mi carrera: abogacía.

—¿Cómo se dio a conocer tu historia?

—Mis maestras le contaron mi caso a un canal de tevé local, me hicieron la nota, y eso impulsó que me becaran para estudiar el secundario en una escuela privada.

—¿Qué le debés al estudio?

—Libertad y paz, nada menos. Estudiar te salva.

—¿Cómo criás a Augusto?

—Estando con él todo el tiempo. Hasta lo llevo a las clases… Y no lo dejo acercarse a las pantalla; ni al celular y ni a la tele.

—¿Qué hace en el aula?

—Se porta muy bien, ¡es un señor! Los profesores lo miran, ¡y se ríe! Gracias a él, este año pude rendir libre Introducción al Derecho.

—¿Por qué lo bautizaste "Augusto"?

—Por el primer emperador romano. Augusto significa "persona que produce o merece respeto y admiración por su excelencia o solemnidad".

–Algunas personas dicen que tener un hijo les impide estudiar… ¿qué opinás?

—Paras mí no es un obstáculo. Hay gente que sabe que soy madre y estudio, y dice "¡Oh, pobre!" ¡No! ¡Pobre las pelotas! Pueden exigirme igual o más que al resto, y si me bochan, vuelvo a rendir.

—¿Adónde trabajás?

—En el Poder Judicial, como empleada administrativa.

—¿Cómo decidiste estudiar derecho?

—Siempre quise ser abogada, siempre fue mi sueño, ¡desde aquellos tiempos inmemorables!

—¿Por qué elegiste Abogacía?

—Porque creo que siendo abogada podría cambiar muchas cosas. El derecho es una muy buena herramienta, una muy importante, y veo muchas lagunas… Muchos grises, sobre todo con los menores.

— Decís que querías ser abogada "desde aquellos años", los de abajo del puente. ¿Qué recordás de ese tiempo?

—No entendía muy bien qué pasaba. Y entenderlo fue un largo camino personal. Yo contaba sobre esos días como si nada: "¡Yo caminaba como treinta cuadras para ir a la escuela!" ¡Como si todo fuera normal! Y hoy lo digo y entiendo que no estaba contando un libro, sino lo que viví.

—Debajo de un puente y a la vera de un río ¿cómo fue esa situación para vos siendo una nena?

—No voy a elogiar la pobreza porque hay muchos que creen que quiero ser abogada porque quiero sacar a los chorros de la cárcel. Fue muy duro estar en esa situación… ¡Hay que estar! Pero que una situación sea dura tampoco significa que te vaya a esclavizar toda la vida. ¿Hoy no tengo cebolla para cocinar? Bueno, mañana veremos.

—¿Por qué quedaron en la calle?

—Nunca tuvimos casa propia. Mis padres, muy vulnerable, eran objeto de la ignorancia y los engañaron prometiéndole una casa. Yo sabía que era mentira, pero ellos no sabían hablar frente a alguien que consideraban importante y yo me daba cuenta de que no entendían porque les hablaban con mucho tecnicismo y los confundían.

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