Tras el encuentro con Francisco, Buenanueva compartió una carta

Local 17 de mayo de 2019
"El encuentro con el Santo Padre fue una honda experiencia de fe. Estuvimos con Pedro. Y él confirmó nuestra fe. Personalmente viví ese momento con un gran gozo interior", expresó en la misiva.
obispo buenanueva

En el marco de los últimos días en Italia, el obispo Sergio Buenanueva compartió una carta en la que expresó sus sentimientos tras el encuentro con el Papa Francisco en la que, además, contó los temas tratados con los colaboradores del Papa, entre ellos, la comunicaciön del Evangelio en medio de un "cambio cultural muy fuerte".

La misiva está dirigida a los fieles y comunidades de la Iglesia Diocesana de San Francisco.

A continuación la carta:

Queridos hermanos y amigos:

Estamos terminando la Visita "ad limina". En el día de hoy hemos tenido una jornada verdaderamente culminante: la Eucaristía celebrada en la basílica de San Pedro junto al sepulcro del Apóstol y, por espacio de dos horas, el encuentro con el obispo de Roma, el Papa Francisco.

A lo largo de los días pasados, hasta este sábado, tienen lugar los encuentros con los colaboradores del Papa. Con distinta intensidad y profundidad repasamos algunos temas fundamentales para la vida y misión de la Iglesia. Traemos algunas preguntas e inquietudes, escuchamos e intercambiamos opiniones, criterios, logros y desafíos.

Somos pastores no técnicos ni empresarios, aunque no podemos olvidar la complejidad de los temas que se van poniendo sobre la mesa. Por eso, la escucha recíproca es fundamental. La fe nos ofrece una luz poderosa para afinar la mirada.

Un tema recurrente que ha ido emergiendo en los diversos encuentros es el conjunto de desafíos que supone vivir y  comunicar el Evangelio en medio de un cambio cultural muy fuerte.

Al menos a mí me estimula mucho ser parte de una Iglesia inquieta, que se sabe portadora de un don inmenso de Verdad, de Bondad y de Belleza. Viene de Dios: es su Hijo Jesucristo y su Evangelio.

Incluso el constatar nuestras carencias, límites o yerros, tanto la experiencia eclesial que traemos desde Argentina, como la que madura aquí, en este bullicioso cruce de caminos que es Roma, nos muestra a una Iglesia abierta a la acción del Espíritu. Una Iglesia en camino.

Al celebrar la Eucaristía junto a la tumba de Pedro, con mis hermanos obispos, supliqué con fervor para nuestra Iglesia diocesana la fe firme y gozosa de los Apóstoles, su ardor misionero y su mirada sobrenatural sobre todo lo que nos toca vivir.

El encuentro con el Santo Padre fue una honda experiencia de fe. Estuvimos con Pedro. Y él confirmó nuestra fe. Personalmente viví ese momento con un gran gozo interior. Un obispo mayor y más experimentado señaló con acierto: "Hemos abordado con el Papa Francisco temas que nunca habíamos podido hablar así con un Papa".

Francisco está muy bien, tanto desde un punto de vista físico como, sobre todo, espiritual y mental. Me impresionó una respuesta del Santo Padre. Cuando un hermano le preguntó que era lo mejor que vivía, Francisco respondió con sencillez y franqueza: Créanme que siento la presencia y asistencia del Señor en su Iglesia. El Señor está. Hay dificultades muy graves (hablamos de muchas de ellas), pero hay tanta santidad en la Iglesia. La santidad 'de la puerta de al lado'... Tanta gente santa…

Claro que repasamos varios temas: cómo seguir creciendo en una Iglesia sinodal, la crisis de los abusos, el paciente trabajo pastoral de curar las heridas del odio, lo que significa una Iglesia misionera que sale a buscar con amor y creatividad, la misión del obispo como padre y su vida de oración, la riqueza de la piedad popular, lo importante de estar con los jóvenes, de servir a los pobres, la formación en los seminarios, las críticas y resistencias al Papa, el peligro de las ideologías, etc.

No hubo, sin embargo, una mirada amargada o quejosa. Incluso los temas más espinosos y difíciles, fueron abordados con serenidad, dejando así espacio a la paz que Dios sabe dar también en medio de las pruebas.

Ante nuestra insistencia nos ratificó su firme intención de venir a la Argentina en visita pastoral. Lo necesitamos y nos hará mucho bien. No podemos señalar fechas pero sí la necesidad y el carácter pastoral de su visita.

Bueno, hasta aquí lo que me sale contarles. No quería terminar esta intensa jornada sin compartir con ustedes estas vivencias. Me han hecho mucho bien a mí y, como su obispo, me siento con el deber de hacerlos partícipes de estos regalos del Señor. Mucho queda en el corazón. Confío pues en aquello que dice el Señor: "de la abundancia del corazón habla la boca" (Mt 12,34).

Saludos y hasta la semana que viene.

Sergio Buenanueva

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