La inflación trepó a 4,7% y el Central ancló el techo del dólar

Más información 17 de abril de 2019
En Córdoba, no baja del 20% interanual desde enero de 2014. Todo indica que no va a perforar ese piso este año, ni el que viene.
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Cuando el índice de precios al consumidor (IPC) de Córdoba de enero de 2014 marcó una tasa de incremento del 3,35 por ciento respecto del mes previo, la inflación se subió a un techo del que ya no volvería a bajarse: el 20 por ciento interanual.

Desde ese verano “caliente” para los precios, cuando todavía gobernaba Cristina Fernández y José Manuel de la Sota era el gobernador en Córdoba, la inflación –medida contra el mismo mes del año previo– se mantuvo siempre por encima de las dos decenas. Allá arriba, muy lejos del dígito prometido luego por el sucesor en la Casa Rosada, Mauricio Macri.

En este contexto, ayer se conoció que IPC nacional subió de 4,7 por ciento en marzo. El IPC Córdoba, en tanto, 3,7.

Mientras el IPC mensual es un indicador que muestra cómo se van comportando los precios en el corto plazo, la suba interanual es la “velocidad de la inflación”, como la describe Gustavo Reyes, economista del Ieral, de Fundación Mediterránea. Se podría calificar también como una “mochila” que se arrastra y que va erosionando la macroeconomía y las finanzas familiares.

En estos poco más de cinco años, la inflación medida de forma interanual no fue estable, para nada. Tuvo picos altísimos en los años pares (en los que no hubo elecciones) y valles en los impares, cuando el IPC rozó, pero nunca perforó, esa plataforma del 20 por ciento.

Por ejemplo, en octubre de 2014, llegó hasta el 37,2 por ciento; y, en junio de 2016, trepó por arriba del 41. Más acá en el tiempo, en noviembre de 2018, llegó al récord de ese año: 47,1.

Los pisos se dieron en octubre de 2015, cuando bajó hasta 21,9 por ciento (ese mes hubo elecciones); y en octubre de 2017, cuando alcanzó 22,8 (otra vez, un mes electoral).

Este año, el panorama es aún más negativo. La inflación, siempre medida interanualmente, superó el 50 por ciento en febrero (50,9%) y también el mes pasado (53,8%), lo que deja en un techo muy alto el tobogán desde el que el Gobierno nacional espera que comience a bajar.

Enfermos crónicos

Para este análisis se tomó la evolución histórica del IPC Córdoba que el organismo provincial publicó luego de la normalización del Indec. Cuando el ente nacional estuvo intervenido, la Provincia siguió relevando la información, aun cuando no era dada a conocer en esos años de cristinismo.

Igualmente, si se utiliza el índice nacional empalmado con el de la provincia de San Luis y con el “índice Congreso”, el termómetro de precios marca arriba del 20 por ciento desde –incluso– varios años antes que 2014.

“Desde enero de 2010, cuando la inflación fue del 19,7 por ciento, no volvimos a tener menos de 20 en la medición interanual”, explicó Bruno Panighel, del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), que utiliza esa serie para los análisis de la entidad. “A la inflación interanual actual no la teníamos en esta magnitud desde la hiperinflación de 1991”, agregó en relación con el 53,8 por ciento actual.

Según el economista, y para seguir con la analogía, es “una enfermedad que provoca una indexación general de todos los precios, que hace que los alquileres suban cada seis meses, que las paritarias deban abrirse de forma anual, que los comercios remarquen cada tres, dos y hasta mensualmente”. Panighel describe el escenario como “un desfasaje de precios relativos total”.

Juan Pablo Carranza, investigador de la UNC y de la UE Siglo 21, destaca que “el peor escenario es el de una inflación alta y fluctuante”. “Si la inflación es elevada, pero se mantiene a tasas relativamente constantes (por ejemplo, todos los años el nivel general de precios aumenta un 25%), el daño sobre los hogares más pobres es innegable, pero no se resienten tanto los precios relativos de la economía y existe cierta previsibilidad que facilita las decisiones de inversión”, dice el también director del Instituto de Investigaciones Córdoba-Ciudad.

“En cambio, cuando la inflación sigue un comportamiento errático, y lamentablemente ascendente como en la actualidad, no sólo se mantiene presente el impacto sobre los hogares más vulnerables, sino que la estructura de precios relativos de la economía se vuelve caótica”, agrega.

Perspectivas

El último relevamiento de mercado del Banco Central (BCRA) estima para 2019 una inflación del 36 por ciento a fin de año (diciembre contra diciembre) y una suba de precios del 30,6 para los próximos 12 meses. Es decir, no hay chance de que baje del 20 por ciento.

Las estimaciones para 2020 tampoco son alentadoras: la misma encuesta, que refleja la opinión de más de 50 analistas especializados locales y extranjeros, espera un 23,3 por ciento para el año que viene.

Además, para sumar malos presagios, la inflación núcleo estimada para este año es del 35,2 y para 2020, del 22,7. Recién en 2021 los analistas esperan que caiga debajo del 20 por ciento (16,5%).

La inflación núcleo es aquella que excluye los precios regulados, como las tarifas de luz, gas y agua; el valor del boleto de transporte y, en general, todos aquellos precios que son fijados por el Estado.

Es la esencia de la inflación y lo más difícil de bajar. En Córdoba, representa el 73 por ciento de la canasta total.

Para Carranza, la inflación tan alta y, a la vez, fluctuante, “genera situaciones ridículas como que un pasaje de avión cueste más barato que comer un asado, o la casi desaparición de algunos mercados, como el inmobiliario, con el impacto resultante sobre la construcción, que emplea al sector más vulnerable de la sociedad”.

Siguiendo con la descripción de las consecuencias de la “fiebre” persistentemente elevada, el especialista dice que “en estas situaciones, las inversiones y la generación de empleo se paralizan, y la conflictividad social crece ya que aumentan la pobreza y el desempleo, el subempleo, la informalidad laboral y los salarios corren de atrás a la inflación”.

En el sube y baja, pero siempre arriba del 20%

Los picos mensuales coinciden con devaluaciones.

37,2%. Luego de la devaluación de enero de 2014, cuando estaba Axel Kicillof en Economía, la inflación trepó hasta el 37,2%.

41,3%. La salida del “cepo”, luego de asumir Mauricio Macri en diciembre de 2015, disparó la inflación hasta el 41,3% (junio de 2016).

53,8%. Con la inflación de marzo en Córdoba en 3,7%, la interanual avanzó hasta el 53,8%. Estos registros no se daban desde 1991.

Fuente: La Voz del Interior

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