La clase media se redujo del 30% al 25% de los argentinos en tres años

Más información 10 de abril de 2019
Su tamaño se retrajo seis puntos en tres años, asegura un estudio de Delfos. Pero sigue como la más robusta de Latinoamérica. La inflación es letal para los presupuestos familiares. A partir de los 46 mil pesos mensuales, una familia se ubica en ese segmento social.
clase media
Menos de 3 de cada 10 argentinos pertenecen a la clase media típica, afirma el estudio.

En todo el mundo, aun en los países desarrollados, la clase media está en retroceso. No es un proceso nuevo, en Europa ya desde 2013 se habla de la caída de esta franja social motor del consumo.

Pero en la Argentina, que no crece ni genera empleo genuino desde 2011, el deterioro es quizás más evidente. “La clase un cuarto”, la bautizó en su último libro (escrito con su hermano Hugo) el conocido ensayista Vicente Muleiro. Hay quienes sitúan el inicio de ese derrumbe allá por la crisis de 2002. Nunca pudo recuperarse.

Para este sector de la sociedad, arropado bajo la vieja consigna de la “movilidad social ascendente”, la inflación resulta letal ya que cuenta con escasa capacidad para recuperar sus ingresos y mucho menos aquellos que están ubicados en el segmento del trabajo autónomo o informal.

Según un relevamiento de la consultora cordobesa Delfos, la clase media argentina se redujo del 30 al 25 por ciento de la sociedad en los últimos tres años, en tanto que la clase media alta cayó un punto, del 15 al 14.

En total, esta franja social retrocedió seis puntos, que fueron a parar al segmento de la clase media baja, que creció del 31 al 37 por ciento. El trabajo del analista Norman Berra toma en cuenta la nomenclatura de la Asociación Argentina de Marketing. El estudio precisa que la clase alta, el ABC1, se mantuvo en el cinco por ciento de toda la vida.

Sus datos surgen de encuestas nacionales realizadas a domicilio sobre 8.510 casos (lo que se dice, una muestra amplia y representativa) registradas de modo consecutivo en 2015, 2016 y 2018.

Berra apunta que hoy, menos de tres de cada 10 argentinos (2,5 para ser preciso) pertenecen a la clase media típica. Con matices, la clase media abarcaría el 39 por ciento del total de la sociedad, “pero viene en retroceso”, dice; en 2015 ese porcentual era de 45.

Cuando se suman los distintos segmentos de la clase media (alta, media y baja) esta franja suma el 76 por ciento, lo que casi coincide con el 80 por ciento de argentinos que se autodefinen y sienten como de clase media.

“La clasificación social es siempre un desafío. La de la clase un cuarto en la Argentina, más aún, porque nadie se reconoce en ella aunque hoy abarque a la mayoría”, definen los Muleiro en la presentación de su obra. En otras palabras, a nadie le gusta reconocer que bajó un par de peldaños en la escalera social.

La Consultora W, de Guillermo Olivetto, es más restrictiva en ese porcentual. Afirma que sólo el 46 por ciento de la población está en esa franja de clase media, pero ese tamaño se ubica, sin embargo, 10 puntos por encima del resto de Latinoamérica. El tema es que la región viene en crecimiento y Argentina se estancó, puntualiza el analista.

Salario viejo, precio nuevo

La perspectiva de una recuperación en el corto plazo no es alentadora para la clase social mayoritaria en el país. La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) reveló en su última medición que el promedio de ingresos de la población con empleo fue de 18.804 pesos, un 28,4 por ciento por encima de los 14.646 que recibía un año atrás.

Para el Ieral, instituto de análisis de la Fundación Mediterránea, la clase media argentina recibe un salario también promedio de 46 mil pesos que representan 1,7 veces el ingreso que estima el Indec para no caer debajo de la línea de pobreza (27.570 pesos).

Pero el problema es que la inflación cala fuerte ya que con el 47,6 por ciento anual de suba del costo de vida, estos asalariados resignaron el 19,2 por ciento de su poder de compra. Una pérdida similar acusa el resto de las personas que cobran sueldos fijos.

Quizá el único atenuante en este panorama es que aquellos asalariados bajo convenios colectivos de trabajo recibirán en abril otra parte de los aumentos acordados en paritarias. Es decir, el período enero-marzo es técnicamente el peor momento de la economía familiar dado que funciona con salarios viejos y precios nuevos. Habrá que ver cuánto de la inflación cala ahora esa perspectiva de mejora.

También existe una relación directa entre la capacidad de consumo de la clase media y la dinámica del mercado. La primera reacción para defenderse de la inflación pasa por apelar a las segundas marcas, aquellas que se sitúan en el medio o en la parte inferior de las góndolas de los supermercados.

Asimismo, se desliza hacia los negocios de proximidad, almacenes y autoservicios para comprar lo necesario para el día, fraccionado. O los mayoristas que permiten ahondar en las compras del mes. Pero ni allí los precios se detienen. “Desde principio de mes, nos llegaron listas con subas de tres a cinco por ciento en la mayoría de los rubros”, confesó el titular de un conocido mayorista cordobés.

Prioridades del presupuesto

Olivetto es de los que piensan que el descenso empezó en la gran crisis de 2002, pero ni esa debacle alcanzó para terminar con ese segmento social. “La clase media no es sólo un tema de plata, sino también de cultura, códigos, lenguajes, que por supuesto está condicionada por lo económico”, explica.

Salir de vacaciones, comer afuera, y en algunos casos tener un auto son íconos de pertenencia a esa clase. Pero hay algo que el inconsciente argentino no tiene muy en claro: a partir de un ingreso familiar de 80 mil pesos mensuales ya se comienzan a transitar los primeros escalones de la clase media alta, puntualiza el consultor, uno de los más reconocidos del país en materia de consumo.

Cuando tiene que recortar gastos, lo primero que se saca del presupuesto es la adquisición de bienes durables (vehículos y electrodomésticos), cuyo consumo cayó hasta un 50 por ciento. Luego, alimentos, bebidas y limpieza, donde aparece el mayor deslizamiento hacia las marcas alternativas. Y el tercer círculo de bienes difíciles de recortar son las cuotas de colegio, agua, luz, gas, internet y telefonía.

Un punto clave es que los números que dominan toda la estructura social cambian rápido. Por tendencias, por ejemplo, “tener automóvil ya no es un indicador de pertenencia a la clase media”, explicó Olivetto, o por el impacto de los aumentos de precios que en un trimestre ya suma 11 por ciento.

Es decir, por la inflación, el enemigo público número uno de “la clase un cuarto”.

Seis puntos se retrajo la clase media en tres años

Afectada por la inflación, cambia su forma de consumir.

39 al 45% de la sociedad se ubica dentro de la clase media, aunque cuando se acumulan todas las capas, este segmento social llega al 76%. Coincide con la percepción social de que el 80% está en esa situación.

Fuente: La Voz del Interior

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