El deseo de Pablo: que todos los merenderos puedan cosechar sus alimentos

Local 23 de marzo de 2019
Tiene 38 años, es licenciado en Administración Rural, y al observar la necesidad de esos espacios solidarios tuvo la iniciativa de enseñar a crear huertas comunitarias. Cuatro merenderos de la ciudad, Frontera y Josefina se sumaron y busca que sean más.
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La idea de la huerta "prendió" en los chicos.

Desde hace unos cinco años Pablo Curró (38), un licenciado en Administración Rural que vende insumos para el campo, cultiva en su huerta zapallos y coreanitos cuyos excedentes dona a comedores y merenderos de la ciudad. En este 2019 tuvo un excedente en su producción y decidió repartirla a más lugares.

Así le llegó el contacto de diez espacios solidarios de San Francisco, Frontera y Josefina. Cuando fue a llevar sus verduras se encontró con la cruda realidad que albergan esos lugares. Nenes que tienen por única comida lo que allí consumen. Ante este escenario se ofreció para enseñar a crear huertas comunitarias para que los merenderos y comedores cuenten con sus propios alimentos: la respuesta fue contundente y desde entonces Pablo se transformó en un guía de trabajo para estas organizaciones.

“Todos los años, en un cuadrado que está continuo a mi casa, siembro zapallos, calabazas y coreanitos para llevar a merenderos y comedores. Este año el clima acompañó para tener mucha producción, entonces saqué como 500 calabazas y coreanitos. Si llevaba a dos o tres lugares iba a ser mucho y se iban a pudrir, entonces publiqué en mi Facebook si alguien sabía de qué merenderos los necesitaba. Eso se hizo viral y me llegaron un montón de contactos. Cuando fui a llevar las cosas veo que en varios lugares tenían la posibilidad de ellos mismos poder producir sus alimentos. Entonces se me ocurrió enseñarles cómo sembrar”, comenta Pablo, sobre el nacimiento de su idea.

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Pablo quiere que la iniciativa se contagie en otros merenderos. 



Comenzó la siembra

Así fue como hace solo unos días Sonrisas Gigantes (barrio Acapulco), Las Amistad (San Javier), el espacio de barrio San Roque (Frontera) y una nueva organización de La Milka comenzaron a sembrar las semillas de la temporada otoño-invierno bajo la tutela de Pablo.

“El objetivo es que se multiplique, visité al menos 10 merenderos llevando la idea, a todos les pareció muy bueno y cuatro ya se largaron. Mi propósito es que esos nenes vean el trabajo de la quinta, se lleven su verdura y si es posible que alguno de los chicos transmita esa idea en su casa”, asegura el hombre.

“Una vez que le das el puntapié inicial ellos se enganchan, arrancan, yo sigo de cerca los trabajos, sé que varios lugares estaban buscando su espacio”, agrega.

-¿Te sorprendió la buena respuesta que tuviste?

-Me sorprendió la realidad que se vive en esos barrios, que haya gente tan generosa que destine su tiempo y abra las puertas de su casa y le dé de merendar a los pibes. Creo que hay mucha necesidad en todos los aspectos, por eso la gente que se tiene que llevar el reconocimiento de la sociedad. Son estas personas que día a día están ayudando en los merenderos. Me sorprendió que tengamos la pobreza tan cerca y que muchas veces no la veamos.

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“Los chicos se engancharon inmediatamente”

Gonzalo Giuliano Albo es docente de Historia y colaborar activo en los merenderos de barrio San Javier y San Roque, dos de los lugares donde rápidamente se sumaron a la iniciativa de Pablo.

“El culpable de esto fue Pablo, él nos estimuló y fue el mentor, porque nosotros necesitábamos apoyo, asesoramiento, y él se ofreció a monitorear la organización de una huerta. Le dijimos que no sabíamos nada de cómo hacer una huerta y él fue un tutorial viviente”, apunta el docente.

Giuliano Albo se muestra entusiasmado porque los chicos de ambos merenderos se engancharon inmediatamente a la propuesta. “Se han organizado en brigadas; cada una se hace cargo de un cantero, hay toda una planificación muy linda para que ellos formen parte del proceso”, relata.

El docente reconoce que hubo una primera etapa de trabajo duro, de ‘renegar’ con la tierra, de sacarse ampollas en las manos, de colocar las semillas y después llegó el cuidado y el seguimiento de los chicos.

“Es muy terapéutico el trabajo en las quintas tanto para los pibes como para nosotros los adultos. Y de esta manera nos vamos a ir asegurando que lo que lleven a sus casas mejore las dietas diarias que tienen”, comenta Giuliano Albo.

Si bien el trabajo comenzó, ambos espacios necesitan herramientas y elementos para mejorar el cuidado de sus quintas: es por ello que solicitan a la comunidad algunos metros de mangueras para riego, palas, rastrillos, tejidos o alambrados y media sombra.

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