Ligarse las trompas, una odisea para una joven en San Francisco

Local 09 de marzo de 2019
Sufre de una enfermedad rara y ante un embarazo corre graves riesgos. Con 26 años decidió que no quería quedar embarazada, pero en dos clínicas privadas le pusieron muchas trabas para operarla y hasta la echaron de un consultorio por considerar su pedido como una "moda de los pañuelos verdes”.
Luisina Barraud
Tras el diagnóstico de una enfermedad, Luisina decidió realizarse una ligadura tubaria.

Un auténtico peregrinaje por consultorios médicos fue el que tuvo que transitar una joven vecina de San Francisco para conseguir que le permitan hacerse una ligadura de trompas, decisión que tomó luego de ser diagnosticada por una rara enfermedad y por la cual corre riesgo de vida en caso de quedar embarazada. Pese a explicar su condición médica, se encontró con las mismas objeciones: que era demasiado joven, que algún día iba a arrepentirse y que no podría darle un hijo a su pareja. Incluso, aseguró que una médica la echó de su consultorio argumentando que todo era una “moda de los pañuelos verdes”.

Luisina Barraud, de 26 años y oriunda de Devoto, fue diagnosticada en 2017 con el síndrome de Ehlers Danlos, una enfermedad genética muy poco frecuente que afecta el tejido conectivo y por el cual produce colágeno de mala calidad y en poca cantidad. Eso hace que sus articulaciones y el resto de su cuerpo no funcionen como deberían y le genera numerosos dolores y complicaciones relacionadas.

Tras recibir el diagnóstico, supo que no iba a poder ser mamá, ya que su cuerpo no soportaría un embarazo y para ella fue todo un proceso interno hasta asumir ese hecho. Así, decidió ligarse las trompas para no tener que afrontar un riesgo de vida en caso de quedar embarazada. Para ello, a fines de 2018 fue a una consulta con su médica ginecóloga de cabecera en una clínica privada. Por si acaso, fue acompañada de su madre, para tener más respaldo. Pero se encontró con las primeras trabas.

“Aun contándole mi situación de salud a mi ginecóloga, que conocía mi caso, me hizo muchas preguntas como si estaba completamente segura, qué opinaba mi pareja, qué opinaban mis padres y qué iba a hacer el día de mañana si me arrepentía. Estaba en juego mi vida, no era un capricho”, contó Luisina a El Periódico.

Su decisión se apoya en la Ley de Anticoncepción Quirúrgica 26.130, sancionada en 2006, que establece como únicos requisitos para la ligadura de trompas en la mujer o vasectomía en el hombre ser mayor de edad, recibir información clara y firmar un consentimiento escrito. No se necesita evaluación psicológica o psiquiátrica, consentimiento de cónyuge o pareja ni tampoco autorización judicial. No se exige motivo alguno.

La joven agrega que después de hacerle todas esas preguntas, la médica le dijo que podrían implantar sus óvulos en otro vientre, incluso sabiendo que su enfermedad es genética. “Es decir, que por un capricho social de que el hijo tiene que ser tuyo de sangre, le iba a transmitir mi enfermedad a un bebé que iba a estar toda la vida enfermo”, resumió la joven.

En este lugar, según manifestó, le pidieron un informe médico de la doctora que le había diagnosticado el síndrome, para ver si ella le podría hacer la ligadura. "Algo que también es totalmente ilegal", remarcó Luisina.

Segundo intento

Muy molesta con la atención recibida, decidió hacer otra consulta con otro profesional ginecólogo dentro del mismo nosocomio. En esta oportunidad, el médico que la atendió no era objetor de conciencia y le indicó los estudios pre quirúrgicos que habilitan la intervención. Según señaló Luisina, el problema se dio al llegar a la Administración de la clínica. Le dijeron que harían pasar la cirugía como si fuera de otro tipo y que además le cobrarían 13.500 pesos, aunque a la operación ya se la cubría al 100% su obra social.

"Me dijeron que lo iban a hacer pasar como un quiste ovárico sangrante. Algo que yo no tengo y es ilegal. Y me cobraban a mí además de a la obra social", aclaró.

En la tercera, la echaron

Luisina quiso hacer entonces otra consulta con una ginecóloga en otro sanatorio privado. No imaginó la respuesta que tendría. “Cuando le dije que quería ligarme las trompas, directamente dejó de escribir mi nombre en la ficha y me preguntó qué había hecho antes de llegar a ella. Le respondí que había golpeado puertas en otros lugares y me pidió que me levante y me vaya”, relató la joven.

Empezó con que esto era la moda de los pañuelos verdes y todo un discurso moralista que no tiene nada que ver. Le dije que tenía riesgo de vida y me salió con una grieta de pañuelos verdes y celestes. Me puse a llorar y me fui”, recordó aún muy molesta.

En esa clínica, pidió que la deriven a otro ginecólogo que no sea objetor de conciencia. "Se reían en mi cara, me dijeron que no tenían ninguno y que la clínica estaba en contra de que se aprobara la ley. Algo que no se puede, porque como ente no pueden ser objetores de conciencia, sino que es algo de cada profesional", explicó.

Al fin pudo

Finalmente, con la intervención del ginecólogo Saúl Kohan en la Asistencia Pública la operación fue programada en el Hospital Iturraspe, que tiene la obligación de asistirla. La misma se hará en breve.

Pero no terminaron ahí las dificultades, porque cuando se hizo los estudios prequirúrgicos en un sanatorio privado, también el médico cardiólogo cuestionó su decisión. "Me dijo que era muy chica, que cuando mi novio quiera ser papá yo no le iba a poder dar un hijo y que todas las mujeres necesitan ser madres para sentirse realizadas. Algo que no tiene nada que ver", reiteró.

Luisina resaltó que las trabas fueron siempre las mismas: que por ser mujer tiene que ser mamá, que la decisión va a afectar a su pareja y que va a prohibirle que sea padre a través de ella.

"Todos dejando de lado mi riesgo de vida y haciendo caso omiso a la ley de contracepción quirúrgica del año 2006", resumió. 

“Es decir, que yo no tengo autonomía de mi cuerpo, tengo que ser la incubadora de otra persona; si no, no sirvo para nada”, cuestionó.

El caso de Ezequiel con la vasectomía

Las dificultades que afrontó Luisina son muy similares a las que relató el médico sanfrancisqueño Ezequiel Arrieta para hacerse una vasectomía en Córdoba

"El comportamiento de los médicos que me atendieron es inaceptable, no sólo por brindarme información falsa y negar mi derecho a elegir el método anticonceptivo que deseo, sino también por perpetuar un modelo médico paternalista en el que el paciente simplemente cumple órdenes en lugar de formar parte de la toma de decisiones que comprometen su cuerpo", señaló Ezequiel en un artículo publicado meses atrás.

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