Gabriel Andrés, de Sportivo Belgrano a la Liga Nacional

Deportes 27 de octubre de 2018
Un base histórico que estuvo en los primeros planos del básquet argentino, nacido de las entrañas de San Francisco jugó en Lanús, Instituto de Córdoba, entre otros, y fue partícipe de las épocas doradas de El Tala.
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Gabriel Andrés fue uno de los primeros jugadores que emigró desde muy chico a Buenos Aires. Uno de los bases con mayor trayectoria que dio el básquet de San Francisco contó su historia. Cómo vivió su paso por la “gran ciudad” en una época difícil; su llegada a Instituto de Córdoba y el último recorrido en El Tala.

¿Cómo fueron tus comienzos?

Yo empecé en Sportivo Belgrano a los 7 u 8 años, ahí hice todas las formativas, hasta los 16 o 17 años. En ese tiempo (1980), Sportivo hacía intercambios con distintos clubes y tuve la oportunidad de ir a Buenos Aires, se interesó en mí el club Lanús. Mi paso por Lanús me dejó cosas negativas por el desarraigo, pero positivas en lo basquetbolístico, tuve un entrenador de selección nacional, Raúl García, que fue el que más me orientó.

¿Cómo llegás a la Liga Nacional?

Después de un par de años en Lanús me vuelvo a Sportivo Belgrano, ahí Instituto de Córdoba compra el 50% del pase, compra es una forma de decir… las columnas que tenía la cancha de básquet de Sportivo se levantaron con parte de la transferencia mía a Instituto. Tuve tres temporadas, desde el 83 al 86. Fue una consolidación porque ahí realmente estuve en la vidriera de las grandes cosas, de lo que uno aprovecho y aprendió. Instituto fue uno de los cubes, sin desmerecer a Sportivo, más importantes en mi carrera porque me dio a conocer y me hizo conocer y jugar con grandes del básquet.

¿Cómo fue tu regreso a la ciudad? ¿volvés a El Tala directo?

No, tuve un paso por Banda Norte y por Atlético San Jorge. A El Tala llego a fines del 91, yo tenía 31 años, era una etapa plena para jugar, pero ya venía por las posibilidades de tener un trabajo, tenía que buscar otro futuro. Con El Tala ascendimos a la Liga B y después al TNA.

En Instituto. “Con los que uno más tuvo afinidad fueron: Jorge Carrizo, Gustavo Peñaloza, Carlos Buchi, Antonio Rubiano, Miguel Gerlero, Juan Fosatto…”, dijo Andrés.

¿Qué significó ese TNA con El Tala?

Fue un torneo muy importante, para los que jugamos, para el club también y fue algo muy difícil de digerir, después de salvarnos del descenso, la no continuidad del club en la categoría por problemas económicos.

¿Quiénes eran tus compañeros?

Cristian Sánchez, nos entendíamos con señas; el tucumano Carlos Velázquez, Fernando Alemandi, Antony Holan, Fernando Cavallo, Mauricio Araujo, un gran equipo. El DT fue Ángel Gallardo. No éramos un equipo alto, era un equipo muy aguerrido, te daba gusto jugar, uno se divertía jugando y a los más jóvenes les sirvió mucho.

¿Qué cambió en el básquet actual?

A mí me gusta el básquet técnico y bien jugado, vistoso. En el básquet de hoy hay mucho roce y se desprestigia mucho la posesión de la pelota, es más difícil tener una buena combinación, tener situaciones de juego claras para el jugador. Por ahí hoy lo que estamos viendo es que pasan tres o cuatro minutos sin convertir por pérdidas de pelota y porque el juego está muy enredado, no se administra bien. Físicamente ha evolucionado para bien, pero nos olvidamos de jugar y de lo vistoso y de lo lindo que era el básquet en sí.

El Argentino de 1986. “Roberto Germanetto era el técnico y nombró a 12 jugadores, entre ellos estaba yo junto a Milanesio, Suppi, Ligorria, Blasi, Barovero, Domínguez, Rigoni…”, precisó Andrés.

¿Antes había más libertad?

Tuve la suerte de jugar con grandes jugadores, con Cadillac, Cortijo, Milanesio, Campana, Rafaelli, Gaston Blasi, jugadores muy inteligentes que dejaban jugar en el buen sentido, te daban libertad. No había una defensa asfixiante pero era más controlada y por eso hoy no se ven ese tipo de situaciones con claridad, de transiciones bien jugadas con dos tres pases para llegar limpio al cesto, hoy se torna todo más confuso.

En tu puesto, ¿cuál fue tu referente?

Yo he visto jugar a Cabrera en el 77, acá en el Argentino. Tuve la suerte de verlo, ese es un referente; Cortijo, otro gran asistidor. Jugadores que tenían ojos al costado y en la nuca. Cadillac jugaba y hacia jugar, también Milanesio. Yo he aprendido cosas con esos jugadores en contra y como compañeros. Después de los partidos charlábamos y me decían: “Vos tratá de hacerlo simple, cuando quieras inventar algo tratá de hacer las cosas simples”.

¿Qué significó El Tala para vos?

El Tala fue una casa, un club donde uno cosechó buenas amistades. Siempre voy a estar agradecido al club, empecé a trabajar en formativas desde el 95 hasta el 2011 y he transmitido los valores que me transmitieron a mí cuando yo empecé a jugar, primero como persona y después inculcarle que se sientan a gusto cuando vayan a jugar.

Andrés en Lanús
“Participé en juveniles y realmente fue una experiencia a lo mejor no tan positiva en la faz humana, era muy chico y era muy complicado estar fuera de casa, el desarraigo uno lo sufre pero deportivamente uno ha cosechado cosas y ha aprendido mucho en el día a día. Tuve la posibilidad de integrar el equipo de primera división en la Liga Metropolitana donde ya había americanos”, contó.

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El básquet

“El básquet fue mucho más que una parte de mi vida, uno ha vivido cosas muy fuertes con el básquet, frustraciones también, pero fue algo que yo elegí… De las cosas más lindas que me dejó el básquet son las amistades, en el día de hoy todavía estoy en contacto y hablo con gente de San Francisco, gente que está en el país y fuera del país que ha sido parte de la carrera de uno. Uno le va a estar agradecido siempre al básquet por esto, y sobre todas las cosas porque uno se fue desarrollando como persona, son valores que no se cambian”, contó Andrés.

Su trayectoria

- Sportivo Belgrano

- Lanús

- Sportivo Belgrano

- Instituto de Córdoba

- Banda Norte

- Atlético San Jorge

- El Tala

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