Un albañil ejemplar

Construcción 11 de marzo de 2018
Guillermo Hetzer tiene 20 años. Nació con bajas probabilidades de sobrevivir. Hoy está haciendo sus primeros pasos en la albañilería de la mano de su hermano Damián, que lo sumó a sus tareas. Un ejemplo de responsabilidad, entusiasmo e inclusión.
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Guillermo afirma que le gusta colaborar con su hermano y que aprende mucho de él.

Guillermo Hetzer tiene 20 años y por invitación de su hermano, Damián Valdez, está dando sus primeros pasos en la construcción. A pesar de haber padecido numerosos problemas de salud desde que nació, eso no es un impedimento para él. Muy por el contrario, trabaja con mucho profesionalismo y entusiasmo.

Cada mañana se levanta religiosamente a las siete y espera que Damián pase a buscarlo para comenzar con sus tareas. El trabajo al que se encuentran abocados, por estos días, es en la cocina de una vivienda a la que deben colocarle cerámicas y azulejos, entre otras cosas.

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 Allí, las tareas que desarrolla son varias, comenzando por la limpieza del lugar así como también colaborar en la preparación de la mezcla para pegar las cerámicas.

Guillermo asegura que le gusta el trabajo aunque reconoce que es un poco “cansador”. A su vez afirma que le gusta colaborar con su hermano y que aprende mucho de él.

Siempre ocupado

Fuera de la obra, pasa sus días en su casa de barrio Acapulco junto a su mamá con quien vive. “Veo tele o salgo afuera con mi mamá”, cuenta.

Además de eso, ahora se encuentra dibujando sobre cuero. “Empecé solo, con papel y lápiz, en cuero es la primera vez”, explica Guillermo.

También realiza cuadros en madera a los que pinta con acrílicos. Para aprender más, asiste a un taller de arte.

Los fines de semana suele ir a la cancha con su papá a ver a su sobrino que juega en la Liga de Baby Fútbol. “Juega para Los Albos. Pero cuando juega en otro lado como Devoto o Freyre también vamos, mi papá tiene una camioneta”, comenta.

Un chico responsable aunque algo tímido

Damián, su hermano, cuenta que decidió sumarlo a sus trabajos a raíz de un pedido de su mamá. “Él vive solo con mi mamá, mi mamá me pidió si lo podía traer porque a él no le gusta salir mucho, es tímido, lo traje como para que esté conmigo y para que aprenda. De paso se gana unos pesos, eso lo motiva, tiene su plata. Está contento en ese sentido. Limpia, me alcanza los cerámicos, no ceba mates porque no le gusta pero le compro una gaseosa. Es una buena compañía y de paso le hace bien a él también”, relata.

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Y en cuanto a si volverá a sumarlo en próximos trabajos explica: “Acá lo traje porque estamos solos, él se siente más cómodo, por ahí en una casa de familia no le gusta mucho, pero mientras lo pueda llevar, lo voy a llevar”.

Por último, cuenta que se siente conforme con la incorporación: “Es responsable. A veces yo me demoro entonces le digo que venga un poco más tarde, sino él viene temprano”.

Fuerza de voluntad

Guillermo nació con algunos problemas de salud, lo que lo obligó a permanecer mucho tiempo internado en Neonatología. Según explicó su hermano, los médicos no le daban muchas esperanzas de vida. Pasó por numerosas operaciones en sus primeros meses, las que le dejaron secuelas. Las intervenciones siguieron hasta sus diez años, alternando meses en su casa y meses en internación. Sin embargo, Guillermo salió adelante. Esa fuerza de voluntad es la misma que pone cada día para levantarse a trabajar.

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