La historia del reencuentro de Tito Lamberti con una particular alumna

Local 03 de marzo de 2018
El reconocido vecino de la ciudad cuenta una anécdota sobre un reencuentro casual muy especial.
Tito Lamberti
Tito Lamberti

A través de un escrito entregado personalmente en la Redacción de El Periódico, Eusebio "Tito" Lamberti  relató la historia de un emocionante reencuentro con una particular ex alumna del colegio San Martín, donde este reconocido vecino de San Francisco se desempeñó varios años como portero.

A continuación, reproducimos el texto con la historia

"Como barcos en la noche"

Así suele ser el desarrollo de nuestra vida... Con amigos de la niñez, adolescencia o plena juventud, nos cruzamos por un tiempo y luego nos perdemos, en la distancia de los años, como sucede con los barcos en alta mar.

En un ya lejano 1992, conocí en el colegio San Martín a una original e interesante jovencita de 17 años que había venido de Buenos Aires a terminar su último año de secundario (en esos días eran sólo cinco años). Fue una linda amistad, pero... sólo duró ese 1992, luego la joven partió y no volví a verla.

En agosto de 2014, un domingo a media mañana, estaba conversando con dos amigos, Hugo y Chiquito, frente al kiosco de diarios, revistas y golosinas del primero, cuando Chiquito nos dice, mirando en dirección oeste, donde hay un cañón añejo, muy popular para los niños: "Miren qué grande y extraño ese cochecito doble que trae aquella señora". 

Al llegar cerca nuestro, pregunta a la dama: "¿Se pueden ver los niños?". "Claro", dice ella, y levanta las viseras del cochecito y vemos una pareja de mellizos de nueve meses, según la mamá ¡hermosos y grandes!

Tito Lamberti

Son anglo argentinos, nos informa la señora. Me dice: "Me llamo Celeste Bertotto, ¿vos sos Tito Lamberti, no es así?". Ahí, junto al abrazo que le dí, estaba esa chica que, más de dos décadas atrás, marcó algo nuevo para el colegio San Martín al pedir a la Rectoría que el portero Tito Lamberti le entregara su diploma.

¡Qué emoción! Volví atrás en el tiempo y la rueda de la vida giró al pasado. No sé cómo sigue la historia, ojalá vuelva a ver a Celeste y a su familia, viven por las sierras de Córdoba y tal vez, como un barco amigo, nos hagamos señas de la mejor amistad. La que dura toda la vida.

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