Uso del casco: “Hay que educar desde el amor”

Local 10 de febrero de 2018
En 2009, Noelia Pisani sobrevivió a un fuerte accidente de tránsito por llevar puesto y abrochado el casco. Hoy, a raíz del fallecimiento de cuatro personas en situaciones similares, dio su opinión desde su experiencia.
Pisani

El sábado 2 de mayo de 2009 no fue un día más para Noelia Pisani (31), en aquel entonces una jovencita de 23 años que volvía de trabajar a bordo de su motocicleta.

Ese día, protagonizó un fuerte accidente de tránsito al chocar con otra moto y, a pesar de que sufrió importantes lesiones, sobrevivió porque llevaba el casco colocado y abrochado.

Sin embargo, confesó que en ese momento el tenerlo puesto obedecía a que se habían intensificado los controles y que su moto era nueva, por lo que temía que se la quitaran en un control. “Cuando uno pasa por esto entiende que se lo tiene que poner”, pronunció.

El accidente

Noelia recordó que el hecho ocurrió al mediodía. Ella se conducía por avenida Urquiza, hacia el norte, y cuando intentó doblar hacia Independencia (en ese entonces aún estaba permitido el giro a la izquierda) colisionó con otra motocicleta que circulaba en sentido contrario. Según recuerda, “estaba doblando, venía aproximadamete a 20 kilómetros por hora”.

Consecuencias

A consecuencia del accidente, Noelia sufrió múltiples fracturas y lesiones. Perdió un riñón, parte del hígado, pero su cabeza quedó intacta. Sorteó numerosas internaciones y doce operaciones.

El casco quedó partido, rayado y perdió su visera. “En la clínica me lo mostraron y yo no lo podía creer. Yo pensaba ‘esa es mi cabeza’”, rememoró.

Pedir ayuda 

Quizá lo más difícil para Noelia fue perder su independencia. “Tenés que aprender a pedir ayuda. A mí me bañaban, me daban de comer, todo en la misma cama. No es fácil tener 20 años y pasar por eso, volver a depender de tu mamá, de tu pareja”, aseguró.

Y reveló: “Tuve que aprender a escribir, a usar la computadora con una sola mano, aprender a firmar. Y aprender a vivir con las secuelas y los dolores crónicos que voy a tener de acá hasta que me muera. Chequeos permanentes. Aún tengo un clavo. Y siempre volver a pasar por lo mismo”.

No sólo las lesiones fueron la consecuencia: “Aún no terminamos el juicio, es muy engorroso, una serie de cosas que se podrían evitar cumpliendo las normas y teniendo los papeles en regla. Es un combo que parte de la educación de la casa, la escuela y la sociedad”, expresó.

Educar “desde el amor”

En la actualidad, señaló, cuando ve a personas sin casco a bordo de sus motos les habla. “Yo tengo que decirles algo. Algunos te miran, sonríen, otros te insultan”, admitió.

La mujer cree que sí se puede concientizar pero que “hay que educar desde el amor, desde el castigo es difícil”, aunque está de acuerdo con los controles y las multas.

“Si ese día yo no tenía el casco seguramente me hubiera muerto”, concluyó.

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