El infierno de Dante: la mujer detrás de la obra

Educación 09/11/2017 Por
Estrenamos el espacio "Locos por las letras", en conjunto con los alumnos del Profesorado de Lengua y Literatura del Colegio Superior San Martín. Soledad Ricco y Susana Chavez escriben sobre la musa inspiradora de la mayor obra de la literatura italiana.
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"Dante y Beatriz", del pintor Henry Holiday. - (Foto: Google Arts)

A los nuevos años, Dante vislumbró el amor. Beatriz, la beata, la feliz, la que hizo temblar con fuerza hasta el pulso del escritor se transformó en la figura idealizada de quien sería la primera musa de su pensamiento, la más relevante, y quizás hasta la única que haya podido perdurar en su mente.

La Divina Comedia fue escrita durante un periodo de 17 años de la vida de Dante, desde 1304-1321, año de su fallecimiento. La obra está dividida en tres bloques: infierno, purgatorio, paraíso, y es el gran poema de la literatura italiana, escrita en versos.

Junto a otros autores de la época, Alighieri formó parte del “Dolce stil nuovo”, creando “La vita nova”, escrita poco después de la muerte de su amada Beatriz. El tema de la misma es el amor platónico de Dante por su amada donde se brindan detalles de esta pasión que se convirtió en una obsesión. Allí se describe el primer encuentro entre ambos, a los nueve años, y del reencuentro nueve años después, cuando Dante le escribe un soneto. También deja explícita la razón de su mayor felicidad juvenil: ser saludado por ella, el único gesto de devolución de la musa, que llenaba de esperanzas el corazón de quien sería el máximo exponente de la literatura universal.

Con el paso de los años, los sucesos entre ambos fueron desembocando en caminos aún más alejados de lo que estaban antes. Así, Beatriz, proveniente de una de las familias más importantes de la nobleza de aquella época, contrae matrimonio con un banquero de elevado estatus económico, mientras que Dante, lejos de ver esto como un inconveniente para continuar con su cortejo poético, se refugia en sus letras, versos y rimas, prodigando ese amor cortés, caballeroso y gentil que sentía; muy característico de la época.

Lo más valioso

Así emprende el joven Dante ese recorrido por la literatura, siendo empleados sus poemas por muchos jóvenes que inician la lucha de la conquista de sus musas. Él, sin embargo, ya solo vivía para el consuelo de la memoria de ese encuentro, de la alabanza de la mujer angelical que veía solo en Beatriz, ya que al poco tiempo de haber comenzado ese cortejo imaginario, el murmullo malicioso de una constante insinuación por parte del poeta llega a los oídos de Beatriz, y ella, ya casada y siendo una dama, le niega de ahí en más el saludo al escritor, para evitar más comentarios escandalosos.

Tanto fue su estado de éxtasis idílico que jamás llegó a pensar en ella como un ser mortal, y por esto mismo la muerte temprana de su musa inspiradora lo golpeó con tanta fuerza. En efecto, en 1290 Beatriz se contagia de peste bubónica y su fallecimiento es ineludible. Dante, debido a los maliciosos comentarios realizados por los ciudadanos de su pueblo, no tuvo permitido acercarse al cortejo fúnebre, y solo pudo caminar alejado del grupo de personas que gozaban de esa cercanía que él tanto ansiaba, y que ni siquiera después la muerte de Beatriz logró obtener.

Escrita por y para una mujer

Los años más lúgubres de Dante se hicieron presente. Despojado de la angelical existencia de la musa, se volcó de lleno a vicios y placeres terrenales, buscando llenar un vacío que jamás podría completar.

Tres años pasaron de ese acontecimiento. El escritor tenía ya un poco más de madurez, y prefirió intentar seguir con su vida, casándose con la mujer que su padre le eligió como esposa, Gemma Donati.  Por supuesto que nunca llegó a amarla, al menos no de la manera en que amaba a Beatriz, pero con ella gozó de un buen tiempo de paz, y sintiéndose tranquilo y estable emocionalmente, repartió esa época matrimonial en tiempo que aprovechó para acabar los versos de “La vita nova”, prodigando más líneas a la evocación constante de aquella mujer que no era como las otras, porque en cada gesto de su musa se desprendía un acto de perfección.

Muchos años más tarde, Dante se vería en la difícil tarea de intentar completar esa fantasía de acercarse al espíritu de Beatriz, ya que aún siendo casado y teniendo hijos, no pudo olvidarla. Utilizó para llevar a cabo ese cometido el poder de su escritura. Y así nacieron, entonces, los primeros versos de “La Divina Comedia”, que empieza con un descenso del poeta al Inframundo, en busca del alma de su amada. 

El consuelo

Emprendiendo un recorrido que lo llevaría desde el Infierno hasta el Paraíso, Dante finalmente puede reencontrarse con la imagen beatificada de una Beatriz tan pura y tan santa, que compara incluso con la Virgen María. Solo al final de esta extensa obra, Dante y Beatriz encuentran paz de reencuentro y unión. Solo con la reconciliación de una despedida que nunca tuvieron, pudieron vislumbrar la entrada al Paraíso.

Es la voz de Beatriz, la imagen de su santa figura, el velo colgante de sus cabellos, el consuelo de Dante, quien con la culminación de su obra halla la tranquilidad de haber santificado su persona al redimir sus pecados en el trayecto de su búsqueda, y es en las líneas de esta cruzada que el lector puede comprender qué tan grande fue la existencia de esta mujer, que valió su sola presencia para que el poeta la inmortalizara en la historia como una de las más grandes musas inspiradoras, la principal iluminación de su mente creadora:

“Nuestro amor no es terrenal, porque este sentimiento es tan inmenso que no lo supera el amor de Dios por la humanidad.” Canto XXIII “Vita nova”, Dante Alighieri.

Soledad Ricco y Susana Chavez son estudiantes de 3° año del Profesorado de Educación Secundaria en Lengua y Literatura del Colegio Sup. San Martín.

 

 

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