Un sacerdote cordobés da misas en lengua de señas

Local 02 de mayo de 2017
Marcos Cabrera es el primer sacerdote en ofrecer misas para personas sordas. Aprendió lengua de señas y tradujo el misal para que nadie quede excluido.
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Marcos Cabrera, durante la misa para personas sordas. - (Foto: Día a Día)

El padre Marcos Cabrera es cordobés, actualmente administrador parroquial en Alta Gracia y además los segundos y los cuartos viernes de cada mes celebra misa en lengua de señas en la parroquia María Auxiliadora en la ciudad de Córdoba. El cura aprendió lengua de señas y tradujo el "misal" para que nadie quede excluido.

“Hace muchos años participé de una primera comunión de una niña sorda. La miré y me pregunté qué habría entendido de lo sucedido. La gente le daba una palmada en la espalda pero nadie podía hablarle, comunicase con ella”, recuerda este sacerdote en diálogo con el diario cordobés Día a Día, sobre el llamado que se despertó en él.

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“En ese momento me pregunté sobre las periferias de las que habla el Papa Francisco, de esas personas que están excluidas por diferentes motivos. Y en este caso excluidas de la comprensión y el diálogo”, continúa. 

Al poco tiempo, impulsado por el llamado a anunciar su fe a todos, decidió estudiar lengua de señas y ser él el primero en salir a incluir. “Me acuerdo la primera vez que ayudé a un sordo a comunicarse en un quiosco. Era un chico que estaba desesperado y el quiosquero ni lo entendía, entonces me ofrecí como intérprete. Fue hermoso darme cuenta que Dios me iba proponiendo algo con esto”, comparte este clérigo que vive en Alta Gracia y tiene a cargo dos parroquias y siete capillas. 

Misa para personas sordas

Al poco tiempo de sentir este deseo para entenderse con personas sordas, empezó el desafío de dar misa en lengua de señas, algo que hasta ahora no tenía antecedentes. “Muchos han ido a misa desde chicos pero no entienden nada. Se paran, se sientan, abren las manos, pero de lo que se dice o significa la persona sorda no comprenden literalmente nada”, describe el Padre Marcos. 

Y como abrir caminos no es simple, con el apoyo del obispo, también debieron traducir el “misal” (libro que se utiliza para desarrollar la celebración religiosa). “Lo hicimos entre todos, porque hay muchos conceptos abstractos que son difíciles de explicar. No es traducirles literalmente, sino que ellos comprendan la profundidad de mensaje”, revela el párroco. 

Y en este desafío todos lo que van a la misa lo hacen de modo activo y participativo. Detienen la celebración si algo no se comprende o debe repetirse.

El Padre Marcos sueña con contagiar a otros la urgencia de romper el límite con esta discapacidad. “No conozco que haya otro que lo haga. No quiero decir que soy el único, pero la verdad es que hemos buscado y no hemos encontrado a nadie. Rezo por que haya muchos más”, confiesa.

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Fuente: Día a Día/Lucía Pairola.

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