Hugo Páez es un hombre de 70 años de edad, pero no de espíritu. Con muchos años depositados en el tambo, actividad que desarrolló durante alrededor de 40 años, llegó a Freyre.

Páez cuenta en su haber con miles de kilómetros recorridos, a cuenta de mucha fuerza de voluntad, perseverancia y esmero.

El apodo que supo ganarse, y con el que todos lo conocen, se fue afianzando con el paso del tiempo: “El misil”. Así lo llaman en las carreras.

Lleva en sus pies miles de kilómetros. Corrió numerosas maratones de 21 km y otras tantas de 42 km.

Del Gauchito

Es habitual verlo con un pañuelo rojo alrededor del cuello. Un homenaje al Gauchito Gil. 

Con su actividad deportiva, conoció numerosos lugares del país, e incluso algunas ciudades del exterior. Entre algunos destinos estuvieron Córdoba, Rosario, Santa Fe, Morteros, Buenos Aires, El Trébol, Reconquista o Santiago de Chile. Y en muchos de esos lugares se adueñó del podio, llevando a Freyre a lo más alto.

Su participación en tantas carreras le fue dando una rica experiencia. En su camino aprendió que el sacrificio de hoy es el éxito de mañana y que los límites sólo existen en nuestra mente.

Quizá una de las anécdotas que mejor defina su naturaleza es aquella en que, al finalizar una carrera, le obsequió su remera a un hombre que estaba en una silla de ruedas. Quizá por eso, también, en cada maratón lo reciben con alegría y admiración.

Invitarlos al deporte

"En la calle muchas veces me frenan los niños y me preguntan ‘¿A dónde te vas a correr ahora?’ Y yo me detengo, les hablo y les explico. Porque a los chicos hay que hablarles y educarlos. Invitarlos al deporte a través de nuestras experiencias", comentó en una oportunidad.

"¡Me gusta mucho correr, vos vieras la ovación que me traje de Córdoba, nunca me creí nada y ese día me brotaban las lágrimas porque me encontraba solo en esa ciudad, con semejante apoyo de gente que ni siquiera me conocía!", agregó en otra ocasión.

Sin dudas, la dedicación de Páez es digna de admirar. Es, quizás, el mejor ejemplo de que todo sacrificio tiene su recompensa.

Fuente: Museo Virtual del Deporte