Durante la semana se desarrolló en San Francisco una de las burbujas de la Liga Argentina de Básquet, que tuvo como epicentro el estadio “Severo Robledo” de San Isidro, con siete delegaciones que visitaron la ciudad.

Pero más allá de lo deportivo, donde el protagonismo fue de jugadores, entrenadores, árbitros y también de dirigentes, hubo otros actores que hicieron posible este evento. Se trata de los empleados del club, jugadores y jugadoras de inferiores que se sumaron al grupo de trabajo y que revelan un gran sentido de pertenencia hacia la institución.

Alrededor de 16 personas trabajaron en el “Severo Robledo” realizando tareas de sanitización, asistencia, control de ingresos y utilería. Todos ellos fueron parte de una mano invisible que permitió el desarrollo de este certamen.

“Sin estas personas, no podría salir todo bien”

Franco Amín es el utilero de San Isidro. Su trabajo fue atender a todos los equipos en el suministro de agua y hielo, también se encargó de que la cancha esté en condiciones óptimas para la competencia. Contó a El Periódico que ya tenía experiencia por haber participado en otras burbujas y ver cómo había que trabajar, además explicó que hay una buena comunicación entre utileros de otras instituciones para que los equipos estén cómodos.

“Nos venimos manejando con los protocolos requeridos para este trabajo, es muy complicado porque somos 18 personas que convivimos diariamente y en continuo contacto, de hecho, cuando hubo un caso, nos contagiamos todos, en fin, mucho alcohol e higiene fundamentalmente”, indicó.

Y agregó: “Sería muy ingrato de mi parte no nombrar a los chicos de u15 y u17 que estuvieron en los partidos, ellos se encargaron de limpiar la cancha y de higienizar cada banco de suplentes entre partido y partido, es para aplaudirlos mucho; también a chicas del básquet femenino que se encargaron en cada entre tiempo de hacer café para la mesa de control, árbitros, cuerpos técnicos y demás. Ni hablar de Agostina, Mariana, la secretaria del club, y Mayra, la encargada de limpieza, que estuvieron en la puerta tomando la temperatura a cada persona que ingresaba a la sede y de la limpieza de la misma. Sin estas personas no podría salir todo bien”, afirmó.

Amín contó que su trabajo en esta etapa fue casi de tiempo completo, fue el encargado de abrir la sede a las 8 y de cerrarlo una vez que esté todo limpio y ordenado, después de las 22.

En la burbuja de San Isidro, también hubo otros protagonistas

Por su parte, Nicolás Cristiano (jugador u17 del club) contó que el grupo de su categoría juegan juntos desde los 5/6 años y que San Isidro es su segunda casa. “Fuimos a ayudar lo más que se pueda, como siempre porque siempre que hay un evento así en el club vamos a dar una mano. A mí me toca estar al lado de la cancha, limpiar el piso cuando algún jugador se cae, limpiar los bancos de suplentes cuando termina cada partido, desinfectar y alcanzar las pelotas”, explicó.

“Está bueno ir porque son jornadas muy buenas de básquet, más que nada para nosotros que hacemos este deporte desde chicos. Nos dicen siempre que vayamos a la cancha, que no perdamos la oportunidad de aprender porque tenemos un club que está jugando Liga Argentina”, señaló el jugador u17.

Para los chicos, también es una oportunidad de estar cerca de su “segunda casa” y de sus compañeros de equipo, atendiendo a la situación que debieron atravesar en este último año donde se complicó el desarrollo de los entrenamientos y la competencia fue suspendida.

En la burbuja de San Isidro, también hubo otros protagonistas