“Lo primero era salvar su vida”, reconoce con gesto maternal Mariela Delprato mientras la mira a Ana. La mujer se remonta por un momento 16 años atrás y asegura que le parece mentira estar hablando de lo que su hija, hoy con 17, logró cuando por ese entonces tanto a ella como a Marcelo –su pareja y padre de la joven- solo los invadía el miedo de lo que podía venir.

Ana Belén Bertello fue picada por una araña cuando solo tenía un año y medio de edad, situación que le cambiaría su vida para siempre, aunque ella no lo supiera en ese momento. La picadura le generó una grave infección que terminó con la amputación de su pierna izquierda.

“La verdad no me pregunto por qué me pasó a mí. Capaz fue un beneficio, siempre pienso el lado bueno, sé que hay cosas peores como la muerte y a mí eso no me pasó”, dice Ana, optimista por naturaleza y con una madurez poco común en muchos chicos de su edad.

“Nunca me pasó de querer renunciar a cosas por lo de mi pierna”, asegura Ana.

Aunque desde muy niña debió hacer natación para poder corregir sus posturas, ya que sufre escoliosis, a medida que pasaron los años se refugió en el deporte, a punto tal de que ahora forma parte de la preselección nacional de vóley adaptado (a través de la Agencia Córdoba Deportes) que se está preparando para participar de los Juegos Parapanamericanos Juveniles en Colombia el próximo año.

La vida con la prótesis

En febrero de 2005, la vida de Ana corrió peligro. Estuvo tres meses internada en el Hospital de Niños de Córdoba por las graves lesiones que le causó la picadura del arácnido.

A los 2 años recibió su primera prótesis, la que fue modificando a medida que iba creciendo: “Desde que tengo uso de razón nací sin una pierna. La mutual Apross me ayuda mucho (a través de la empresa Angiocor) porque las prótesis son caras. En los días de calor al caminar transpiro la pierna y provoca que la prótesis se esté por salir. En los entrenamientos se complica, pero me acomodo la pierna, la seco y vuelvo a jugar”, confiesa.

“Capaz fue un beneficio lo que me pasó, siempre pienso el lado bueno de las cosas”

Para Delprato, lo sucedido con Ana los convirtió en padres nuevamente: “Fue empezar a ser mamá de esa niña de un año y medio. Acompañarla porque fue como un nuevo nacimiento. Pero siempre le dijimos que puede, nunca le pusimos barreras”, remarca.

Luego, la mujer sostiene que el tema de las miradas que su hija podía recibir fue conversado en muchas oportunidades: “Lo hablé de chica, también tuvo acompañamiento psicológico. Siempre diciéndole que esa mirada es lógica, que la sociedad mira, a veces con sorpresa y que no siempre hay una intención de hacer daño. Y le dijimos que cuando alguien le preguntase que le cuente lo sucedido”.

Enseguida Ana afirma que jamás se sintió discriminada y desde siempre llevó una vida normal e independiente, a tal punto que desde muy pequeña no dejaba que nadie le ayudara cuando se caía al piso. “Yo puedo sola”, le devolvía a sus papás.

El deporte, su refugio

Ana realiza de lunes a viernes natación (compitió en adaptados en 2019), vóley convencional en el Club El Ceibo –que llegó por medio de compañeras de escuela-y tareas de rehabilitación para fortalecer sus músculos. A eso se le suma la escuela, ya que cursa el quinto año en el Instituto Pablo VI.

Sin dudas, el deporte fue su refugio y así lo reconoce: “Puedo tener un mal día y entro a jugar y mi mente se va, se abstrae. La paso muy bien y se me dibuja una sonrisa en la cara”, expresa y aclara que entre sus prioridades, una vez que termine la escuela, está estudiar Psicología.

- ¿Te pasó de sentirte cansada, de tener que hacer un esfuerzo doble para poder entrenar y hacer tu rehabilitación?

- Hay veces que sí, que he dicho ‘son muchas cosas’ y después pensás que tenés una vida por delante, que sos joven y que si se complica ya de grande dejás alguna actividad. Pero nunca me pasó de querer renunciar a cosas por lo de mi pierna. Las cosas se logran con esfuerzo.

“Capaz fue un beneficio lo que me pasó, siempre pienso el lado bueno de las cosas”

- ¿Quiénes te dan ánimo?

- Mis padres, los dos siempre están conmigo, en la tribuna gritando o aplaudiendo cuando juego. El deporte es otro pilar, los entrenadores que te motivan, el club donde juego. Que te digan ‘vos podés, tranquila, jugá’, son mensajes que te sacan a flote.

- ¿Qué te genera poder integrar un seleccionado nacional?

- Es emocionante, vas a jugar al vóley con la selección y recordás que empezaste de a poco y mirás hasta dónde llegaste.

- ¿Te considerás un ejemplo?

- Todos somos un ejemplo, aunque hagamos cosas malas todos tenemos un lado bueno, las sombras y las luces, como digo. Hay veces que miro para atrás pero sigo adelante con todo lo aprendido. Puede que sea un ejemplo en algún punto.