Biodanza: una disciplina amplia y abarcativa

Salud 04 de junio de 2017
Desde hace algún tiempo, en nuestra ciudad se dictan clases de esta especialidad, como una herramienta terapéutica para potenciar el desarrollo personal.
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De las clases pueden participar personas de 18 años en adelante.

Como otra de las disciplinas en auge, la biodanza también tiene su espacio en la ciudad. Sergio Reinero, a cargo de las clases, explica que es un sistema que utiliza la música y la danza para trabajar fundamentalmente la identidad de la persona y su parte emocional.

“Vivimos en un sistema que a la persona la está enajenando bastante fundamentalmente con sus instintos, entonces a través de la música, de la danza y de ejercicios que se proponen, se busca que la persona vuelva a conectarse afectivamente consigo mismo y con los demás, que vuelva a conectarse con los instintos”, explica.

Resultados

El resultado depende de la entrega de la persona, aclara Reinero. “Si la persona va a ver qué es, si le gusta o no, cuesta más entrar, antepone el plano mental y no el plano emocional o la parte intuitiva, la parte emocional queda relegada”.

“La biodanza tiene un efecto muy fuerte, porque trabaja con la música, con la parte intuitiva, con la parte emocional, afectiva de la persona, no se puede jugar con eso. La identidad de cada uno de nosotros es muy permeable a la música. La música tiene efectos muy fuertes y profundos en cada uno de nosotros. De hecho cada música que se pone, cada ejercicio que se propone, está pensado meticulosamente, exquisitamente para que dé un resultado”, agrega.

Vivencias

Reinero puntualiza que la biodanza trabaja sobre cinco líneas de vivencias, que están orientadas a estimular los potenciales de vitalidad, sexualidad, creatividad, afectividad y trascendencia.

“Potenciando esas cinco líneas es hacia donde se va. Esas líneas de vivencias son la vitalidad de la persona; la sexualidad, pero no se trabaja en la sexualidad o la genitalidad, sino potenciando la parte instintiva; la creatividad, que todos tenemos, solo que hay que conectarse; la afectividad, en la que más hincapié se hace, en volver a conectarnos, hacia uno mismo y hacia todo lo viviente; y la trascendencia, el poder que tenemos de trascender a ciertos límites que nos pone la sociedad, que nos ponemos nosotros, siempre basando en la afectividad, en el sentido común, siempre con mucha responsabilidad”, desarrolla.

Clases

En biodanza existen clases abiertas, en las que se invita a todo el público a participar, para que vaya conociendo el sistema y la estructura básica de una clase. Después de varias clases abiertas empieza a integrarse un grupo regular, explica Reinero, que participa de una clase semanal de una duración de una hora y media aproximada.

“La palabra ‘biodanza’ es limitante, porque la persona automáticamente piensa que es para jóvenes, o para quienes saben bailar y no es así. Justamente la etimología de la palabra es ‘danzar nuestra propia vida’. Esto significa hacer lo que pueda con lo que tengo en este mismo momento. Inclusive se le sugiere a la persona que si hay algún ejercicio o alguna vivencia que no siente que sea capaz de hacerla, que se siente, que se tome su tiempo, su ritmo”. 

Las clases son grupales: “Se trabaja en grupo porque es una manera de volver a encontrarnos, de reaprender a encontrarnos con el otro”, agrega el especialista.

Previo a comenzar la actividad, se les sugiere a los interesados efectuar una entrevista, por medio de la cual la persona puede plantear sus necesidades o lo que le gustaría trabajar, aunque no es obligatoria.

El sistema

El sistema fue creado por Rolando Toro, psicólogo chileno fallecido en 2010. Según explicó él mismo, comenzó a gestarse en 1965, año en que comenzó a realizar las primeras investigaciones sobre los efectos de la música y de la danza con enfermos mentales, en el Hospital Psiquiátrico de Santiago de Chile.

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Su abordaje consistía en incluir la actividad corporal y estimular las emociones a través de la danza y el encuentro humano, obteniendo resultados a nivel fisiológico, conductual y de adaptación al entorno.

“Toro decía -revela Reinero- que empiezo a tener noticias mías cuando me encuentro con el otro. Cuando uno se encuentra realmente con el otro empieza a sentirse bien y empieza a actuar lo que la psicología llama ‘el espejo'. Lo que no me gusta del otro, lo que me hace mucho ruido, en realidad es lo que tengo que empezar a revisar en mí mismo, entonces sí o sí el trabajo es en grupo. Es un trabajo netamente vivencial”.

Contacto

Los interesados en participar de las clases y los talleres pueden comunicarse al teléfono (03564) 15662642. Pueden participar personas de 18 años en adelante. Las clases se dictan en un salón ubicado por Pasaje Neuquén.

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