Ya jubilada, ofrece su experiencia como enfermera en un voluntariado

Local 06/06/2021
Susana Villarreal es voluntaria del COE y cada día brinda ocho horas de su tiempo para ayudar desde su lugar a combatir la segunda ola de coronavirus: “Soy una vieja inquieta, es mi pasión, mi alma”, reconoció.
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Villarreal ejerce la enfermería desde los 15 años.

La pandemia por coronavirus dejará numerosas historias en el futuro, muchas de ellas de voluntarios que trabajan para luchar contra la enfermedad desde el lugar que pueden hacerlo.

Es que la labor del voluntario en este momento, al menos en nuestra ciudad, es fundamental para que todo siga marchando sobre ruedas y para aliviar al personal de salud, entre otros trabajadores, abocado al ciento por ciento a la atención de pacientes.

Una de las historias que se escribe por estos días es la de Susana Villarreal (61), de las pocas “mujeres grandes”, como ella las llama, que trabaja como voluntaria para el Centro de Operaciones de Emergencia (COE). Enfermera jubilada, en su caso lo hace en el polideportivo del ‘Colegio Sagrado Corazón de los Hermanos Maristas’, donde practica los hisopados.

Dueña de una energía envidiable, Villarreal daba clases de gimnasia hasta hace algunas semanas en el Centro Vecinal de Barrio Roque Sáenz Peña. Pero las restricciones por la pandemia la obligaron a dejar de hacerlo.

“Dejé de dar gimnasia porque venían las nuevas medidas del gobierno, no se podía hacer deportes ni ningún tipo de actividad encerrados, y ya estábamos en un momento en que llegaba el frío y que había que trabajar en salones. Y si bien lo hacíamos por medio de burbujas y con todos los cuidados, yo no quería exponer a nadie, porque hay gente grande, entonces cerré”, recordó la mujer.

En ese momento fue cuando vio la oportunidad de seguir haciendo lo que le gustaba, aunque desde otra área: “Mi hija también está en el COE y por medio de ella pedí que me dejaran ser voluntaria, no me podía quedar quieta (risas)”, reconoció a El Periódico.

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“Estoy en hisopados, todo lo que es hisopados por nariz, por garganta y los PCR en el Polideportivo. El voluntariado no tiene horarios, son varios y se van cubriendo. Yo cuando voy, lo hago todo el día, desde las 9 hasta las 16. Paramos un ratito para comer y no se puede más, porque lamentablemente es mucha la gente y no se la puede hacer esperar ya que se amontonan y estamos en la misma, lo que queremos es sacarla enseguida para que el virus no se propague”, explicó.

Pasión por la enfermería

Su amor por la enfermería llegó de muy joven: con 15 años ya era voluntaria en un centro de salud.

También trabajó 18 años en la Clínica Regional y muchos otros más en la Asistencia Pública. “Después de que me jubilé me fui a vivir a Villa Concepción del Tío. Allá trabajé en el hospital, soy una vieja inquieta (risas). Es mi pasión, es mi alma”, aseguró.

Tantos años de trabajo le permitieron conocer la profesión a fondo. Entre las cosas lindas, también se suceden las desagradables, y uno de esos momentos, lamentablemente, lo vivió en sus inicios. “A los 15 años debuté cuando estaba en el hospital como voluntaria. En aquel entonces te pagaban por medio de estampillas con una libreta de ahorro que vos cobrabas recién cuando eras mayor de edad”, dijo.

Su debut, contó, fue tras el gran accidente ocurrido en Sa Pereyra en 1976, cuando hubo una gran cantidad de muertos luego del choque entre un tren y un camión: “Ahí supe lo que era estar codo a codo y frente al dolor. A esa corta edad me enfrenté a eso y supe que eso era mi vida y lo sigue siendo”, agregó.

Satisfacción

Desde su lugar, como enfermera jubilada, Villarreal se animó a opinar acerca del trabajo que viene realizando el personal de salud. E hizo hincapié en la labor de los voluntarios.

“El personal de salud y todo personal, por ejemplo mortuorio, que está en contacto con esto, lamentablemente está desabastecido, en todo, en ánimo, en materiales, en la paga, en el estar horas sin descanso, pasando por el dolor de cada anuncio de decir ‘no va a salir’, ‘hay que internarlo’, ‘hay que intubarlo’ y ponerle la cara al dolor frente a otro dolor, que es el de los familiares. Uno podría decir que están acostumbrados a dar malas noticias. Puede ser, pero no como se está haciendo ahora, ahora es continuo. Nunca se ha vivido esto, falta quizás organización. Dentro de todo estamos trabajando bien, nos cuidan bien por ser voluntarios”, afirmó.

En esa línea, destacó el trabajo de aquellas personas que destinan de manera desinteresada horas de su tiempo. “Todos los chicos son jóvenes, creo que nomás somos tres mujeres grandes, y quiero destacar que ellos van gratis. Ahí sí que van por amor, porque están en completo contacto con el virus y tienen familias y sin embargo están ahí. Como una persona grande, estar mezclada con estos chicos me da mucha satisfacción. No todo está perdido, todavía hay gente que quiere un país mejor”, reflejó, y pidió: “Me gustaría que se los reconociera, no a mí porque yo cobro una jubilación, pero estos chicos que donan sus horas lo hacen con mucho amor”.

Según Susana, hasta que el cuerpo le dé seguirá ayudando: “Algunos chicos están estudiando o lamentablemente por todo esto han quedado sin trabajo y en algún momento se van a ir. Y espero que así sea, que puedan conseguir su trabajo nuevamente o que puedan seguir estudiando. Ellos se van a ir porque tienen que hacer su vida y es lógico, pero yo ya la hice y me voy a seguir quedando”, prometió y cerró: “Como los artistas, voy a morir arriba de un escenario, yo creo que voy a morir haciendo lo mío. Si me tiene que tocar, espero que los míos estén orgullosos de saber que lo hice por amor”.

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