El drama de una familia con siete integrantes contagiados de Covid-19

Local 30/05/2021 Por Nicolás Albera
Tres de ellos eran niños y fue su madre, de 26 años, quien peor la pasó. Según sus padres, su vuelta a casa “fue un milagro”.
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Marianela, ya en casa, con sus hijos.

Marianela Ibarra, madre de tres niños, la pasó muy mal los últimos días debido a que su cuadro de Covid-19 se agravó y debió estar internada en la terapia intensiva del Hospital Iturraspe. Fueron horas dramáticas no solo para esta joven de 26 años, sino también para los demás integrantes de esta familia de Frontera, que asimismo contrajeron el virus.

“Mamá, su hija está en estado grave…es muy crítico”, recordó Juliana Lami (41) que le dijeron los médicos luego de que Marianela pasara de la sala Covid 2 a la terapia para recibir oxígeno: “Llorando les pedí que no la dejen morir”, agregó la mujer.

Los siete integrantes de la familia se contagiaron casi en cadena. Primero fue la pareja de Juliana y padrastro de Marianela y Rocío (17), Andrés Pereyra (41), quien trabaja en una fábrica y donde se produjo aparentemente el primer caso. Luego llegó al resto de la familia alcanzando además a tres niños de 7 y 2 años y seis meses de vida, hijos de Marianela.

“El primero que cayó fui yo y me dan el alta a los 14 días. Ahí Marianela se empieza a sentir mal, le hacen el PCR y le salta el positivo. También con Rocío. El día posterior se lo detectan a los hijos de Marianela y unos días después a Juli, mi esposa. Todo en la misma semana”, narró Pereyra, quien recordó que a la hija mayor debieron llevarla de urgencia al Hospital Iturraspe porque “le faltaba el aire y sentía que se moría”.

Al llegar al nosocomio la joven ingresó a la carpa sanitaria donde le colocaron oxígeno y le hicieron una placa en los pulmones; ahí le detectaron neumonía: “La ingresaron al área de Covid 2, afortunadamente en ese momento la dejaron quedarse con su mamá y su bebé, que también tenían el virus, en una pieza los tres para no dejarla sola. Eso fue el sábado 15 de mayo, pero pudieron acompañarla hasta el martes siguiente al mediodía porque Marianela nunca pudo evolucionar y ese día empeoró. Por eso decidieron llevarla a la terapia porque le hacía falta mayor oxígeno”, relató Pereyra, quien rememoró ese momento: “Fue una imagen que espero borrármela pronto, mi señora llegó ese día muerta en vida”.

La terapia, los que mueren a tu lado

Datos obtenidos desde el Hospital Iturraspe señalan que entre el 50 y 70 por ciento de quienes llegan a la terapia intensiva y deben recibir respiración mecánica terminan falleciendo. Ya en esta área, Marianela recibió oxigeno de alto flujo a través de una cánula nasal especial, lo que le permitía estar consciente y hasta poder amamantar en alguna oportunidad a su pequeño hijo.

“Ella estaba con el celular, en el medio le mandábamos mensajes de aliento, pedimos cadena de oración. Estábamos desahuciados, angustiados y es inevitable con todo lo que se escucha esperar lo peor, sobre todo por el estado en que estaba ella”, dijo Andrés.

Al estar consciente, Marianela sintió como otra mujer, joven también, se convertía en una víctima fatal más de este virus: “Nos contó que falleció al lado de ella una chica de 38 años, eso la dejó muy shockeada porque escuchó cuando la familia la fue a despedir. Ella siempre consciente, no se podía sacar de la cabeza el ruido de los aparatos porque dice que es muy traumático oírlo”, explicó su padrastro, quien agregó: El transcurso de esos días fue muy duro también para nosotros. Los otros dos nenes preocupados, angustiados preguntando por la mamá, llorando. Fueron los peores días de mi vida. El más grande, de 7 años, es inteligente, sabe lo que es el Covid, la gravedad”.

Volvió a nacer

Luego de unos días en terapia, la familia de Marianela cuenta que la joven, según palabra de los médicos, “volvió a nacer”.

“Yo les pido a todos que se cuiden, yo tengo a mi hija gracias a Dios a mi lado”, rescató Juliana, quien todavía se sobrepone al Covid, al igual que sus hijas.

Pereyra explicó que la joven que peor la pasó tiene todavía una semana más de reposo en su casa: “Está acostada, desganada, sin fuerzas, le dijeron que son secuelas que va a tener unos días y después hay que ver si hay otras secuelas más adelante”, indicó y contó: “Cuando la trajimos a casa nos dijo que pensó que nunca más nos iba a volver a ver”.

La familia destaca que siempre se cuidaron, aunque reconocieron que están expuestos como cualquier trabajador que sale a la calle. También agradecieron al personal de salud del Iturraspe: “Le aseguraron a mi señora que iban a hacer todo lo posible para que no pase lo peor y cumplieron”, cerró Pereyra.

 

 

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