Pedro Oliva, el hombre que restaura el carro del AGM y el valor del trabajo

Local 29/10/2020
Se ofreció desinteresadamente a hacer el trabajo, tras el hecho vandálico que terminó con el destrozo de una pieza histórica que era exhibida en el Archivo Gráfico y Museo Histórico.
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Pedro ya tiene el carro en su casa y comienza a restaurarlo. - Fotos: Fabricio Llanes.

La ciudad amaneció el domingo pasado con la noticia de que vándalos habían retirado un centenario carro de trabajos rurales del playón del Archivo Gráfico y Museo Histórico de San Francisco y la Región (AGM), el cual destruyeron y dejaron abandonado sobre avenida de La Universidad en la esquina con Las Margaritas.

Tal atropello al patrimonio histórico de la ciudad no pasó por alto por la comunidad que al conocerse lo sucedido a través de las redes sociales repudió la acción. Pero hubo más, ya que a las pocas horas iba a llegar la buena nueva: varias personas se habían ofrecido a colaborar con su restauración. Algunos con el trabajo en sí sobre el objeto, otros donando los materiales para poder hacerlo y además colaborando con su traslado.

El momento de Pedro

Pedro Oliva (64) fue quien se ofreció a aportar su tiempo y sus conocimientos para repararlo. El carro, que data de la década 1920 y que se usaba para transporte de tierra y otros trabajos rurales, ya está en su casa. Y fue allí donde recibió a El Periódico para explicar cómo será el trabajo que tendrá por delante.

Sin conocer a ningún integrante del Archivo Gráfico y, sabiendo que no era un trabajo remunerado, el hombre oriundo de Quebracho Herrado, pero que hoy reside en San Francisco, no lo pensó dos veces y al enterarse de lo ocurrido por un amigo se ofreció a restaurarlo.

Los motivos tuvieron que ver, según explicó, con los valores que le inculcaron desde su casa. “La causa viene desde el momento en que me crié, en la familia en que me crié; mi madre fue una educadora especial, tuve una maestra especial. ‘Respétate tú y respeta a los demás’, respetá los bienes de los otros y más cuando tienen historia como estos”, empezó diciendo.

También, Oliva resaltó el valor del trabajo, el que fue aprendiendo desde su infancia: “Hace de los 13 años que estoy trabajando, vendiendo alfajores, hasta hice de sepulturero, sacando fardos, hice pavimento y canales. Un día venía de sacar fardos y me dijeron que estaban tomando gente en la Fábrica Militar. Tenía 14 años”, rememoró.

Precisamente en ese lugar fue donde adquirió las competencias para lo que hace hoy, que es dedicarse a su casa y a pequeños arreglos. “Digamos que tengo más de 40 años de aporte, y eso que me tuve que retirar a los 59 años, hace cinco años y pico que estoy libre por dos infartos, cuatro stents y artrosis en las cuatro extremidades; pero extraño el trabajo”, reconoció.

En lo que respecta a trabajos puntuales de elementos que se utilizan en el campo, Pedro recordó como arrancó: “Empecé haciéndole una casita para muñecas a mi nieta y después un amigo trajo las primeras ruedas y yo me animaba a hacerlas. También me trajeron un sulki y de acá se fue como salió de fábrica, el mismo señor me trajo otro, compré otros, tengo material para armar una volanta. Guardo la camioneta afuera porque en el patio tengo un sulki y da pena dejarlo al sol o a la lluvia, nos dedicamos a eso con mi señora”, explicó.

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“Vamos a tratar de hacer lo mejor”

Oliva recordó que, pese a que el trabajo le fue encomendado a él, hubo varias personas que se ofrecieron a poner manos a la obra con este carro centenario, lo que destacó. “Me llamaron y me comentaron que por suerte hay gente solidaria todavía, que había más gente que se había ofrecido, pero como yo había sido el primero me ubicaron y me lo dieron a mí”, dijo.

Sobre cuál fue el pedido, recordó: “Restaurarlo lo mejor que pueda pero dejando el origen, nada de madera nueva, nada de pintura, dejarlo como está. A mí me gusta dejarlos nuevos, pero vamos a trata de hacer lo mejor”.

Así, Oliva ya comenzó con la tarea de conseguir el material que necesitará para las reparaciones, algo que no es fácil pero que viene cumpliendo. “A la rueda la empecé a sacar, ya está para llevarla a la mesa de la galería y empezar a armarla como corresponde, para meterle el zuncho para que no quede suelta. Después hay que conseguir las varas porque dicen que habían quedado ahí pero alguien se las llevó, alguien que necesitaba hacer asado (ríe). Vamos a tratar de que quede lo más parecido posible”, prometió.

Repercusión

Oliva subrayó que tras su gesto obtuvo buena respuesta y que hasta trascendió fronteras. “Anteayer me llegó una solicitud de amistad de Facebook desde Cuneo, Italia. Una mujer que nos conocimos cuando éramos adolescentes, ella se acordó de mí al ver eso. Hay muchos que me felicitan, muchos que me conocen que dicen que no se podía esperar menos, ya que estamos para eso. Nosotros con mi esposa estamos siempre dispuestos a ayudar al que necesite algo en serio, fehacientemente. Si está a nuestro alcance lo hacemos”, dijo.

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Y agregó: “Mi madre me lo inculcó de chico, nosotros a veces no teníamos mucho para ponerle al puchero más que un garrón, el hueso colorado del cogote de la vaca, y con eso hacía la sopa mi vieja y nos daba de comer. Por ahí venía algún vecino y se sentaba en la mesa”, señaló dejando en claro que la solidaridad es un valor que lleva en la sangre.



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