Emotiva despedida al "Zurdo" Rosa: "Tu hombría de bien nos marcará el camino"

Local 15/10/2020
Su compañero de equipo y amigo Germán Fassetta publicó una carta a modo de despedida. El ex basquetbolista y dirigente, muy querido en el ambiente local y vinculado a El Ceibo, falleció esta madrugada con diagnóstico de COVID-19.
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Rosa, a la izquierda, en una imagen reciente junto a Fassetta. - Foto: Gentileza Germán Fassetta.

El ambiente deportivo de San Francisco vive horas de mucho dolor por los fallecimientos de Roberto "Beto" Pizzi (65) y Gustavo "Zurdo" Rosa (47), dos personas muy apreciadas en el ambiente del básquet local como jugadores y dirigentes. En menos de 24 horas ambos referentes de El Ceibo fallecieron en nuestra ciudad con diagnóstico de COVID-19. 

El ex jugador Germán Fassetta compartió equipo con Rosa y desde muy jóvenes fueron amigos. A través de una carta que publicó en sus redes sociales, el actual responsable del Centro Regional de Educación Superior lo despidió con unas emotivas palabras en el que destacó la personalidad de Rosa. 

"Te vamos a extrañar nosotros Amigo… Pero tu recuerdo y hombría de bien nos marcará el camino", resumió Fassetta, quien casualmente también es sobrino de Pizzi, por lo que sufrió la pérdida de dos seres queridos en muy pocas horas.

A continuación transcribimos el texto completo de la carta de despedida.   

La verdad que me genera cierta incomodidad exponer mi angustia, pero tengo la necesidad de hacerlo.
Creo que te hubiera gustado que te despidiera con unas líneas y así lo voy a hacer, porque todavía me resuena el mensaje que me mandaste hace unos días, cuando toda esta mierda empezó, diciendo: “Fasculi, mándame esas notas pedorras que escribís que me gusta leerlas”.

Voy a recordarte con la alegría de los momentos que vivimos desde pendejos y con esa mirada cómplice de los últimos tiempos con la que, aún sin vernos tan seguido, expresabas que nos queríamos mucho. Como siempre nos decíamos: “No sé por qué, pero me alegro de verte”.

Voy a recordarte viniendo a mi casa en la Zanella Pocket para prestarme tus Converse importadas para que yo pudiera jugar el partido del viernes o imaginarte pasándome a buscar los domingos en tu Fiat Vivace para ir a misa a la Consolata con el Nano, porque allí iban “las del Pablo VI”.

Voy a recordarte trayéndome en la bolsa de Capote esa camisa blanca Charro para ir a bailar a La Calle el sábado por la noche. No sé por qué le poníamos tanto empeño a la pilcha (tu pilcha) si cuando empezaban los lentos y nos quedábamos dando vueltas a la pista sin saber que hacer, me decías: “Vamos a Caballito Negro a comer una pizza. Yo te invito”.

Voy a recordarte con esa foto de La Voz de San Justo que tenías en tu habitación de la casa de tus viejos, donde estabas haciendo un golazo en la vieja cancha de Sani, pasando con tu salto casi por encima de la humanidad del enorme y querido Toto Pussetto.

Voy a recordarte como el mejor de nuestra generación. La puta madre, creo que nunca te lo dije. Pero eras un animal en la cancha. Goleador, potente, saltarín, inteligente para leer el juego, solidario y siempre respetuoso del rival y de los árbitros. Un distinto.

Voy a recordarte armando el equipo cada martes y jueves con los veteranos en El Ceibo, aplicando ese reglamento nunca escrito que decía que tu equipo debía tener los mejores y jamás podía desarmarse. Aunque a veces “injustamente” discutido eras sin dudas nuestro Líder. Imposible olvidar esa frase que seguramente seguirá retumbando en el Antonio Cena: “Andá para allá infeliz”.

Voy a recordarte en ese viaje que hicimos hace 15 años y te imagino preguntando qué hará de comer Rosario esa noche mientras pasábamos la tarde en el departamento del Mara Blengini, o pidiendo un helado de “granizato” ante el estupor de la vendedora, o perdiendo por paliza en ese juego inventado por nosotros contra aquel “fachero” base venezolano en el pub de Vittoria, o sentado en la plaza del Coliseo, sacándote las zapatillas y diciéndome “ya está Fasca, me quiero volver… extraño a mi señora y a los chicos”.

Te vamos a extrañar nosotros Amigo… Pero tu recuerdo y hombría de bien nos marcará el camino.

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