Beatriz Casalis, la mujer que tuvo dos vidas

Local 10/10/2020 Por Oscar Romero
La docente e historiadora local cuenta su historia en la que habla de su familia, su niñez y los hechos que la marcaron a fuego. Su mensaje es simple: la risa y el buen humor la ayudaron a nunca rendirse ante las adversidades.
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Beatriz Casalis y otra faceta suya, amante de las plantas, en su patio lee debajo de un laurel.

Beatriz Casalis (72) nació en San Francisco el 1 de julio de 1948. Creció y aún reside en la misma casa que construyeron sus padres en Iturraspe al 900, en su “querido” barrio Iturraspe. Paradojas de la vida, pensarán algunos, que una Casalis viva sobre la calle y el barrio que llevan el nombre del fundador de la ciudad, con el cual sus antepasados tuvieron importantes disputas por estas tierras.

Sin embargo, para la mujer descendiente de los primeros colonizadores, la situación le genera gracia. “Si bien fueron 30 años de lucha en la justicia, los Casalis ganaron el juicio, y aunque Iturraspe ya había muerto y vendido dos veces las cosas, hubo una reivindicación monetaria. Y esta calle -por la actual Iturraspe- se llamaba Independencia y después que fallece él le pusieron su nombre, pero fue un hecho consumado por el Concejo Deliberante, la lucha era otra”, recuerda.

Sentada en uno de los sillones de su sala de estar, junto a la ventana en una cálida mañana de octubre, se define como “una de las viejas maestras normales” al hablar de su profesión y agrega que es licenciada y profesora de Historia. “Jubilada de las aulas”, aclara, porque su actividad como historiadora continúa más vigente que nunca en medio de la pandemia.  

Casalis reconoce haber tenido una niñez y adolescencia muy felices, sin embargo los tragos amargos de la vida los tuvo por hacer lo que más amaba: dar clases y enseñar la Historia con otra perspectiva. Ser descendiente de colonos y haber sido nieta de un intendente de Balnearia, no evitó las denuncias de algunas personas que veían con malos ojos que la joven docente “enseñara a pensar a los chicos”. Por ello fue detenida por la dictadura cívico-militar en marzo de 1977.

Ese calvario que duró 21 meses calaría hondo en su naturaleza, por eso a menudo habla de sus “dos vidas”, mientras era maestra en Balnearia y cuando regresó a las clases ya en San Francisco. En medio, la detención, el sufrimiento y una oscuridad que se niega a olvidar pero que continúa muy vívida ante cualquier referencia. 

“Mi vida estuvo marcada por ese acontecimiento, primero toda mi actividad como docente en Balnearia entre 1970 y 1977 y después cuando vuelve la democracia y me reintegro en San Francisco, alrededor de 1984. Para mí, la detención fue una ruptura total de la existencia; al estar detenida 21 meses, me declararon prescindible en la docencia y me inhabilitaron, fue un tiempo muy difícil, pero rescato la lucha para salir adelante”, remarca. Además, Beatriz se confiesa buena onda y siempre de humor: “Son cosas que me han ayudado en todo lo que viví”.

Orgullo por la familia y los reclamos de ser única hija

Beatriz es en realidad Beatriz María del Rosario Casalis Bosco, una mujer orgullosa de llevar sus dos apellidos. “El María del Rosario tiene que ver con la devoción de mi mamá por la Virgen del Rosario de Pompeya”, explica aunque ella no acompañó tan devotamente esa religiosidad. Cuando tuvo la posibilidad de viajar a Italia se encontró ante el dilema de visitar el Santuario Mayor de Nuestra Señora del Rosario de Pompeya -uno de los más importantes del país y del cual su madre era devota- o llegarse a las ruinas de la antigua ciudad enterrada por la erupción del Vesubio: como era de esperarse, Beatriz terminó en el medio de las zonas arqueológicas de Pompeya.

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¿Qué significa llevar el apellido Casalis?

Tanto por el lado de los Casalis como de los Bosco es un orgullo importante. Mi abuelo Bosco fue una personalidad muy destacada en Balnearia, fundador del club Sportivo Balnearia, vinculado al partido Demócrata y llegó a ser intendente. Y de parte de los Casalis, mi abuelo Blas fue un personaje muy interesante, nunca se nacionalizó argentino, continuó con su ciudadanía italiana, votaba en las elecciones pero fue muy activo a nivel comunitario y políticamente. Él sentía que ésta era su patria. Mi abuelo Blas llegó con 10 años y vivió todo el proceso de la colonización. Además acompañó a sus padres y tíos con toda la problemática que tuvieron con Iturraspe, que después volcó en unas memorias.

Sus padres, Jorge Casalis y Catalina Bosco, se conocieron gracias a un tío materno y porque su papá era el encargado de llevar a las chicas del barrio al baile. De esa relación, nació Beatriz, única hija, situación que le reclamó en varias oportunidades a su madre.

“Yo lo lamento tanto, porque a mí me hubiera encantado tener hermanos pero no se dio, lo hablé muchas veces con mi mamá y no se dio, en la actualidad hay tratamientos para que eso ocurriera, pero era otra época”, sostiene.

¿Tuvo alguna influencia familiar que la llevó a la docencia?

No, mi casa era muy democrática. Mi mamá demócrata y mi papá radical, a mí me dejaron elegir siempre lo que quería hacer, sin ninguna influencia. Es más, ellos se enteraron que iba a hacer el profesorado de Historia cuando volví de inscribirme, sino no sabían nada. Te digo más, mi mamá era de Boca a morir y brindaba cada fin de año para que Boca saliera campeón (risas); y mi papá de Racing y nunca me impusieron nada. Es más, yo siempre tuve mi corazoncito verde por Sportivo Belgrano porque mi papá jugó en el club.

Sostiene con orgullo que realizó sus “primeras letras” en la escuela del barrio, la "presidente Hipólito Yrigoyen". Continuó sus estudios en el Colegio de la Inmaculada Concepción y luego el profesorado de Historia. La licenciatura la realizaría en Córdoba capital.

El calvario

Tenía 28 años cuando la noche del 7 de marzo de 1977 Beatriz fue detenida en la Terminal de Ómnibus de San Francisco. Venía de tomar exámenes en el bachillerato técnico ‘Carlos Saavedra Lamas’ de Balnearia.

¿Por qué cree que fue detenida?

Se enseñaba a pensar a los chicos. Nosotros hacíamos tarea de campo y de laboratorio, esas fueron las cosas que se señalaron. Por mi tarea como docente, áulica y extra áulica. A los chicos se les hacía leer el diario y pensar, discutir sobre la realidad, cosas que hoy son comunes antes eran vistas como atípicas. Hubo toda una mala intención o una intención de escarmentar a toda la región. Fue una denuncia de padres y tuvo que haber habido un seguimiento. Allanaron mi casa en San Francisco y la de mis familiares en Balnearia. Fue bastante tremendo, sobre todo para mi familia. Un asalto a la intimidad que no tuvo nombre.

¿Cómo fueron esos meses como detenida de la dictadura?

Me llevaron a la Policía departamental y fui trasladada a Córdoba, a la penitenciaría San Martín. Por último a Villa Devoto (Buenos Aires), donde pasé a la órbita del Poder Ejecutivo Nacional. El mío fue un régimen muy riguroso, recién en Villa Devoto se parecía a una cárcel, donde nos permitían leer y recibir visitas. Siempre tuve la ilusión de que lo mío era una cosa momentánea, tenía la sensación de que iba a vivir pero fue un calvario que duró 21 meses. Recuperé mi libertad en la Navidad de 1978 en Buenos Aires, sin dinero y pidiendo limosna para volver.

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¿Cómo recuerda hoy aquella época de la dictadura?

Es muy vívido todo, hay cosas que no puedo hacer o ver. Días atrás se recordó La Noche de los lápices y era una película que veíamos con los chicos de la IPEA, pero nunca me la banqué, para mí es muy fuerte. Y hay cosas que no puedo hacer, por ejemplo, he ido una sola vez a la marcha del 24 de marzo y lloré muchísimo, fue una regresión muy fuerte. Entonces decidí hacer mi labor desde la historia, reivindicando la memoria en los espacios en los que estoy como el Archivo Gráfico. Pero todavía hay cosas que me hacen daño y no me las banco.

Para Beatriz esa experiencia la partió al medio, “una no puede ser igual a lo que era antes, con lo que pasó me quebraron la inocencia”. De allí, que la mujer se refiera una y otra vez a sus dos vidas, y el paréntesis de la dictadura.

Volver

La docente asegura que le costó muchísimo volver a la docencia, tras ser declarara prescindible e inhabilitada de ejercer su rol. Sin embargo, su padre y una amiga, Nélida, la convencieron de no bajar los brazos y de pelear para solicitar su reingreso a las aulas.

“Junté coraje y fui”, subraya y así le inició un juicio al Estado, todavía en manos de la junta militar.  

¿Cómo fue volver a dar clases?

Todos me decían que iba a ser diferente porque había pasado mucho tiempo. Pero a mí no me pareció. No tuve ningún problema. Regresé a Balnearia por unos seis meses y volví a darles clases a los hijos de las personas que me habían denunciado, pero no tenía ningún rencor. No es que no me acordaba, pero los chicos no tenían ninguna culpa de lo que había pasado. Y de igual forma los seguía haciendo leer el diario para debatir (risas). Y cuando terminé con todas mis reivindicaciones me jubilé (ríe otra vez). Eso creo que esa es la parte más importante de toda la historia, que no hay que bajar los brazos.

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San Francisco, su obra y la pandemia

Para Beatriz la ciudad está muy relacionada con la familia, su pasado y la niñez. “No sé por qué será, tal vez porque uno lo lleva muy adentro, pero yo que he tenido la suerte de salir bastante de la ciudad, me emociona mucho volver, ver el campo, las vaquitas, es una cosa que me emociona y es el lugar que elijo para estar”, afirma.

Y luego relata uno de los tiernos momentos de su niñez: “Habré tenido seis o siete años y mi papá me llevaba siempre a ver llegar el tren del Mitre, eso me quedó grabado en la memoria. Era una cosa que a mí me impresionaba, estar en la plataforma y ver llegar esa mole de hierro con el fuego que ardía y el piso que tremolaba por la fuerza de esa máquina”.

¿En cuántos libros colaboró?

Uh no lo sé, no me acuerdo (risas). Pero son muchos, algunos fueron en colaboración, y otras veces hemos trabajado en coordinación haciendo trabajos. Durante mucho tiempo trabajé con mi amigo y colega Juan Ricardo Coraza.

¿Cómo cree que salimos de la pandemia?

Salimos como somos, el argentino es poco afecto a la ley y estamos haciendo lo que somos, no es fácil. Nos gusta hacer las agachadas, es difícil, a mí me sorprendió gratamente los primeros meses de la pandemia, pero ya es mucho tiempo, muy largo y somos como somos. Por mi parte tengo cuidados, tengo patologías previas, así que sería de las que parto, así que mejor me cuido (se tienta de reír).

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¿Se siente identificada con los movimientos feministas?

Es muy importante toda la visibilidad que hay porque siempre hubo problemas muy graves para las mujeres y las trabajadoras. Investigué el año ’29, el conflicto de la fábrica Tampieri y allí había dirigentes mujeres importantes y otras que recién asomaban y terminaron mal. Es muy importante todo el movimiento del Ni una menos, porque siempre hubo situaciones difíciles. Tengo mucho respeto por esto y me parece muy bueno que se visibilice.

La Beatriz viajera y personaje de libro y teatro

En confianza, Beatriz cuenta luego que este 2020 de pandemia de coronavirus le impidió realizar unos viajes que tenía previsto. Uno de sus deseos es recorrer el sur de España y asegura que lo hará ni bien las condiciones sanitarias lo permitan. Mientras tanto, despunta el vicio de leer en su patio debajo de un precioso laurel donde pasa las tardes.

Cuenta que siempre tuvo gatos y que ahora le da de comer a un “callejerito”. Al preguntarle sobre su vida sentimental solo atinó a decir con una sonrisa: “Siempre soltera y no vamos a decir nada”.

Fue actriz de teatro con un grupo de docentes de Uepc, con el cual realizó “varias giras” y del que guarda varias fotografías colgadas en su casa.

También es la protagonista del libro “Las horas robadas” que un ex alumno suyo, Jorge Pirazzini le dedicó tras su desaparición forzada en plena dictadura.

Y sobre esto contó: “Me impresionó mucho que cuente esta historia un alumno mío, fue muy impresionante. Hizo la tarea de todo historiador, de reconstruir aquellos momentos, buscó documentación y entrevistó a muchas personas, hizo una obra muy valiosa sobre parte de la historia que pasó en la región”.

También resaltó que el libro “está hecho de una manera muy directa y accesible. Hay partes donde revela cómo fueron las cosas que me puso la piel de gallina. La tapa también es muy significativa, muestra el Fiat 600 color rosa que fue mi primer auto y la ‘renoleta’ que era del director -Luis Dávila, también arrestado durante la dictadura-. Fueron detalles muy hermosos”.

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En una pared de su casa están las fotos con su faceta artística. 

Entusiasta impulsora

Uno de los hombres que más conoce de la historia local, el periodista e historiador Arturo Bienedell, se refirió a su colega Beatriz Casalis como “una persona muy importante para los trabajos de investigación histórica de San Francisco y la región, tanto en el Archivo y Museo, como en el Centro de Estudios Históricos”.

“Siempre está ocupada en distintos trabajos de investigación-agregó- y, también, de difusión de temas de nuestro pasado, tanto en publicaciones como en charlas que despiertan interés por su capacidad didáctica de explicación”.

Y según Bienedell, las Jornadas de Historia Regional que se realizan anualmente desde 2011, “tienen en ella a la primera entusiasta impulsora pero, además, es común que presente trabajos de investigación compartiendo sus conocimientos con otros participantes locales o de la región”, destacó.

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