El profe Guille, el maestro de primaria que asegura que con la emoción “se enseña mejor”

Local 12/09/2020 Por Oscar Romero
Da clases en una escuela de Frontera, donde también vive y juega al fútbol. Casi deja de adolescente la secundaria por trabajar, pero un consejo que le llegó a tiempo lo hizo recapacitar.
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El profe Guille en su "aula momentánea".

Lo que rápidamente sobresale de la presencia de Guillermo Pérez (37) es su amplia sonrisa, una mirada atenta, postura firme -producto, quizás, de tantos años de entrenar como arquero de fútbol- y su emoción genuina al hablar de su profesión como maestro de primaria.

La idea era hablar, aprovechando que el Día del Maestro lo teníamos encima. Fue el miércoles que lo encontramos en su aula momentánea e improvisada, la sala de estar de su humilde casa -en proceso de retoques de construcción-, en barrio San José de Frontera, donde brinda las clases virtuales a sus alumnos de la escuela primaria Nº 1001 "Santiago Puzzi", metodología utilizada ante la pandemia.

El “profe” Guille, como lo conocen todos, es maestro de tercer grado en el ciclo EGB 1, en dicho establecimiento, desde 2007. Por su carisma, sus vivencias y la forma de pararse en el aula, donde no solo enseña, sino que aconseja, ayuda, actúa y hasta se disfraza, se ganó el cariño de los pibes a los que educa. Podría decirse que el maestro encontró por casualidad su lugar en el mundo, ya que no proviene de una familia vinculada a la docencia y desde muy chico tuvo que trabajar y rebuscárselas para mantener vigente su otra pasión: jugar al fútbol.

Y es aquí cómo se explica su acercamiento a las aulas: Guillermo tenía la idea de estudiar el Profesorado de Educación Física, lo intentó y todo, pero por cuestiones económicas no pudo continuarlo. “Soy el mayor de cuatro hermanos en una familia que no tenía ingresos como para solventar una carrera, que no era muy costosa pero igual no se podía. Entonces había que trabajar”, cuenta a El Periódico mientras se pone su guardapolvo.

Pese a todo, el trabajo no lo alejó de su deseo innato. Se acercó sin saber mucho del tema a los cursillos del Profesorado de Educación Primaria en el Colegio Normal y allí lo sorprendió la sensación y emoción de enseñar, también de aprender.

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Inspiradores

Guillermo Pérez es hijo Roque y Alejandra. Su padre trabajó muchos años en el frigorífico Felmar y en la firma Godino. Su madre, ama de casa que cuando podía también trabajaba para otras familias y ayudaba en la economía del hogar.

“Creo que algo de la vocación docente viene de mi abuelo Lorenzo -ya fallecido-, era como un maestro sin título por las cosas que te enseñaba. Él tenía un poder de mostrarte las cosas que hacía como nadie. Y después el hermano mayor de mi papá era una locura con las narraciones, contando historias, yo lo veía y quedaba apasionado. Tenía un poder en la narración que te hacía ver las cosas que te estaba contando, era tremendo y eso algo siempre quise adquirir y creo que el docente lo tiene que tener”, asegura.

El consejo

Con 15 años, Guillermo se vio obligado a trabajar. Había logrado una beca de la escuela y luego continuó en una fábrica. “Yo estaba contento porque ya había ingresado en el mundo del trabajo, hasta que un hombre grande se me acercó, no me acuerdo la cara, pero era alguien que hacía muchos años que trabajaba en esa fábrica. Me miró y me dijo: ‘Pibe vos que haces en esta fábrica’. Trabajo, le contesté con timidez. ‘No pierdas el tiempo, tenés toda la vida para trabajar, tenés que seguir estudiando’”, cuenta que le aconsejó.

Esa fue una llamada de atención que Guille no dejó pasar. Había cursado hasta el tercer año de la secundaria y quería seguir aprendiendo. Se lo planteó a su padre, en una charla de obrero a obrero y éste le contestó: ‘Tenes la libertad de seguir trabajando o si querés estudiar yo no tengo problema’. Así, decidió terminar el secundario y pese a que volvería a trabajar en la curtiembre de Frontera, por las noches comenzó los cursados en la Normal para convertirse en maestro de grado.

“Siempre agradezco al entorno que tuve -subraya-, desde la patronal, los compañeros de trabajo, familiares, amigos y compañeros de cursado, porque fue en ellos donde uno se iba anclando e iba superando etapas. Estoy convencido de que uno tiene que poner sus ganas pero no puede solo, si el contexto no te ayuda y no te favorece esa inquietud tuya, renegás mucho más”.

La docencia

Para el profe Guille el camino de la docencia se trata de un trayecto en que se aprenden conocimientos y se descubren emociones nuevas continuamente.

Pérez destaca y recuerda con especial cariño a su profesora de cursado Mónica Giletta, como alguien que lo llevó a plantear el conocimiento “no como algo culminado sino como una herramienta para explorar, para descubrir y para moverse por el mundo”.

Para Guillermo existe un momento mágico en el proceso de la educación que es cuando sus alumnos se hacen dueños de un conocimiento: “Fui descubriendo momentos que antes no les prestaba atención, el momento mágico de cuando uno aprende algo y se lo hace propio es tremendo. Cuando lo podés ver en otra persona, en un tercero, desde una situación que uno planteó para que lo pueda aprender es un momento mágico. Ver el proceso, tener la capacidad de pararte y decir ‘mirá, hace dos meses apenas sabía las letras y hoy está leyendo’”.

Guillermo Pérez

- ¿Cómo te modificó el trabajo la pandemia?

(Sonríe) Tengo que tener más paciencia que antes, al no estar trabajando la pandemia hizo que conozcamos más a las familias que a los chicos, animarnos a hacer más cosas sobre todo en la parte virtual. Lo que si me demandó es más tiempo, más paciencia y sobre todo ponerme en el lugar de la familia más que del niño.

- ¿Cómo sería eso?

Y porque tenés diferentes realidades, lugares a donde tienen internet, lugares donde no, casas con soportes técnicos o tecnológicos, casas donde no; entonces te tenés que ir haciendo de diferentes maneras para la necesidad de cada familia, tratando de garantizar la educación.

- ¿Ante esas trabas cómo se actúa?

Me ayuda mucho conocer a las familias, entonces muchas veces tuvimos que acercamos tratando de mantener siempre vigentes los protocolos y hablar con las familias. Buscar una solución, de hacerles entender que era una realidad distinta y que no se sientan mal por eso, que no se sientan agobiados, que no se sientan culpables. Tampoco era la reacción de tirar todo por la borda porque algo teníamos que hacer. Y tuvimos que ir allanando un camino junto con la familia para que los niños, ya sea conectados a las redes o no, sigan manteniendo el vínculo con la escuela.

El profe de los varios personajes

En estos años de docencia, Guillermo fue aprendiendo que la creatividad y la sorpresa son herramientas poderosas a la hora de enseñar a los más chicos. Así fue creando diferentes personajes que surgían improvisados dentro del aula y a los cuales iba bautizando y retomando cada vez que los necesitaba.

“Esos personajes nacieron varias veces para descomprimir situaciones -revela- y después te los empiezan a pedir. Los chicos cuando algo los emociona y les gusta, lo piden y lo comparten. Y se fueron mejorando y se iban ocurriendo cosas, iba agregándoles un perfil actoral pero era dentro de la sala nomás”.

Así fueron naciendo el profesor Turulo, el doctor Capello, o también hacía uso de diferentes imitaciones de personajes del recordado programa televisivo El Chavo del 8. “Los uso como herramientas, cuando no prestaban atención agarraba y hacía una imitación de Quico. Entonces te quedan mirando y seguía explicando la clase así”, explica.

El profe Guille es un convencido de que la sorpresa y la emoción son grandes recursos por eso reafirma: “Con la emoción se aprende mucho mejor”.

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En personaje, como el profesor Turulo.



 

El fútbol, su cable a tierra

Guillermo ya es un experimentado arquero vinculado a La Hidráulica de Frontera, club con el que tuvo diversos logros deportivos como dos ascensos dentro de la Liga Rafaelina de fútbol. 

Dice con gracia que se volvió arquero porque no le tenía miedo a la pelota y que el fútbol fue otra gran escuela para formarse en la vida. Se inició en Deportivo Sebastián y con solo 15 años llegó a atajar en la primera división de Iturraspe en la Liga Amateur. También fue el portero en La Florida en Liga Regional, pero luego llegaría la necesidad de trabajar y recién retomaría la defensa de los tres postes en La Hidráulica.

“No sabía que el fútbol me traía preparada una carrera un poco más prolongada y con experiencia que con emociones tremendas, ya sea desde lo que viví en La Florida como en La Hidráulica que fue tremendo”, rememora.

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- ¿Sos más conocido por tus ascensos en La Hidráulica o por ser el profe en la escuela?

(Ríe) No sé, me saludan de todos lados. Yo solo agradezco las muestras de cariño que me dan.

- ¿Qué te pasa cuando te enterás que nuevamente le robaron a la Hidráulica?

Uno siente impotencia, pero trato de ir desmenuzando cuáles son las causas del que roba. Cuando ves quién es el que está robando, ahí es cuando siento que en algo fallamos. Me pasó estando en un entrenamiento de La Hidráulica que la Policía trajo a los chicos que habían robado para que digan dónde habían descartado las cosas. Eran chicos de 12 años y yo estaba saliendo para entrenar y cuando miro los miro, habían sido mis alumnos el año anterior. Y eso golpea y mucho. Y uno pregunta en qué fallamos como docentes y como sociedad.

- ¿Pudiste hablar con esos chicos?

(Se emociona y con lágrimas en los ojos contesta). No sabían de otras cosas, no tenían oportunidades. Ahí es donde tenemos que tratar de llegar, a que no lo tomen como un trabajo, a que recapaciten y brindarles otra cosa. Hay chicos que volví a ver y me dicen que se equivocaron, hemos hablado, con otros hemos compartido, y otros lamentablemente eligieron ese otro camino y no los pude ayudar.

Día del maestro :“Me cuesta reconocerme a mí o verme como docente, sé que hago un trabajo con responsabilidad y con respeto sobre todo, pero siempre prefiero reconocer a aquellos colegas que a uno lo inspiraron y los que trabajan a la par”.

“El maestro mágico”

La directora de la escuela "Santiago Puzzi", Nancy Gandino saludó a todos los maestros en su día y se refirió a Guillermo como docente.

“Es un maestro mágico que tiene en cuenta la parte emocional de sus alumnos, enseña a través de las emociones, un docente que escucha, que mirás y que no solo está comprometido con lo pedagógico sino también con la parte social. Sabe la situación de cada uno de sus alumnos está en la ayuda social, en la contención y aparte es muy creativo. Sus clases sos mágicas y los niños aprenden con alegría”, subrayó.

Para Gandino, tanto él como muchos de sus colegas que trabajan en la escuela son fundamentales, sobre todo “en el contexto donde está insertado el colegio. “Con sus pares, el profe Guille es muy respetado y es un referente, es el que pone la palabra justa en el momento justo y aparte es muy protector, no solo de sus alumnos sino de su escuela”, remarcó.

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