Tuvo su moto 35 años, recorrió miles de kilómetros y decidió que forme parte de un museo

Motor 26 de julio de 2020
Daniel Sánchez adquirió una Puma 98 cc. en 1985 y tras haber realizado varias aventuras a bordo, la donó para que quede en la historia de la ciudad.
sanchez cruce de brinkmann

Hace unas semanas, muy a su pesar, Daniel Sánchez se despegó de un objeto muy preciado, con el que vivió muchas aventuras: su moto Puma 98 cc., con la que viajó por numerosos destinos del país y con la que participó de alrededor de 150 motoencuentros.

Habiéndola cambiado por una más grande, y ya sin espacio donde conservarla, decidió darle un mejor destino y que sea admirada por los demás. Así, la entregó al Archivo Gráfico y Museo Histórico para que sea exhibida.

“La compré en el año 1985, la he viajado y he vivido mil aventuras por todos lados. En aquellos tiempos yo iba todos los domingos a entrampar, he hecho tantos viajes en esa moto”, recordó Sánchez.

El hombre, óptico de profesión y artesano de vocación, contó que la adquirió en 1985 sin pensarlo demasiado: “La compre porque la vi y me enamoré de la moto. Yo vivía en La Milka y se la compré a un muchacho del barrio. Es modelo ‘57 o ‘58”.

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El primer viaje

El primer viaje con la nueva adquisición fue a Marull, junto a su hermano, quien lo acompañó a bordo de una Siambretta. “Nos fuimos sin saber nada de motos, sin siquiera mirarle el aceite. Hacía un calor infernal, habrá sido enero o febrero de 1985, y nos fuimos allá, como dos locos, dos aventureros. Siempre nos acordamos de ese viaje. A la vuelta nos agarró la lluvia, él se quedó sin nafta a 2 mil metros de San Francisco. Lo remolqué yo con la moto y cuando llegamos a la estación de servicios en el cruce de rutas 19 y 158 ya era de noche. Cuando llegué ahí, le dije a mi hermano ‘nunca la voy a vender’ y cumplí. Han pasado más de 30 años”, rememoró.

El último viaje fue a un encuentro de motos. Es difícil para Sánchez precisar cual, teniendo en cuenta que asistió a alrededor de 150 eventos de este tipo.

“Después la cambié por una moto más grande. La dejé de usar y siempre la conservé en casa. No le encontraba lugar. En mi casa tengo un pequeño museo que estoy armando y eso me ocupaba espacio. Tampoco la quería vender. Me preguntaba ‘el día de mañana si yo no estoy ¿qué será de esto?’. Y a mi señora se le ocurrió llevarla al Archivo Gráfico y me pareció una idea brillante. Es el mejor lugar, donde la van a valorar, la van a cuidar y la puedo ver cuando quiero. Veníamos charlando hacía rato, la pongo acá, la pongo allá. No es fácil, pero por otro lado estoy tranquilo de que está en un buen lugar y de que la disfruté”, reveló.

sanchez 2001 bell ville

Varias remodelaciones

Además de darle uso, Sánchez la fue remodelando mientras la conservó en sus manos. “La fui reformando porque soy bastante alto y la moto tenía las ruedas chicas. Entonces conseguí unas ruedas que eran de Carlos Delgado, campeón argentino de motociclismo de Freyre. Esas ruedas, con masas perforadas, son de él cuando corría. Yo era amigo del hijo”, afirmó.

“Después le hice toda la suspensión nueva porque tenía sus años, le cambié guardabarros, hay mil aventuras. No traía cuenta kilómetros, por lo que con el tiempo le hice un tablero de acero inoxidable y ahí le puse un velocímetro de bicicleta. Le puse luces nuevas, tapizado al asiento, cubre tanque y calcos a los costados”, recordó.

Esa pasión por la moto le trajo muchas alegrías, como la del primer viaje a un motoencuentro en San Carlos Centro, Santa Fe; su periplo hasta Diamante, Entre Ríos; o su aventura hacia Bell Ville.

“Un viaje que recuerdo y tengo fotos es cuando fui a Diamante al famoso encuentro de motos. Todos me decían que era un loco, que había más de 200 kilómetros. Fui allá, pasé tres o cuatro días. Eso lo recuerdo como si fuera hoy. Todo el mundo te viene a ver la moto. Un día me fui a Bell Ville. No llegaba más. Y cuando llego, en la entrada me reciben, me toman los datos, me preguntan si me vine con la moto andando y les dije que ‘sí, por supuesto’. Y me trajeron un premio que aún conservo: una madera con una biela. Imaginate, era el tipo más feliz del mundo. Como esa tengo muchas anécdotas. Yo siempre digo que es un fierro, nunca me dejó a pie”, subrayó.

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El fin de una etapa

Para Sánchez, la entrega de la moto también significa el fin de una etapa. “Uno está muy conforme, mi viejo supo tener motos también en aquel tiempo. Yo soy de etapas. La etapa de la moto es como que ya la estoy terminando y ahora estoy con las artesanías desde hace un tiempo. Pero sí, en el momento la disfrutaba y la mantenía de diez. Esperaba que llegara el fin de semana. Trabajaba en Atlantis allá por el ’87, ’88. Llegaba a casa a las seis de la mañana y me iba a entrampar”, evocó.

“No sé explicar qué tiene de lindo la moto, sentir el viento, sentirte vos solo. Con la otra moto me fui a San Martín, Chaco. Salí a las dos de la mañana, solo en la ruta y no pensás en nada, vos sos el dueño del mundo. Fue una etapa de muchos kilómetros y estoy agradecido a Dios porque nunca me pasó nada,  ningún accidente. Uno tiene sus cuidados pero la ruta es brava. Y siempre solo, porque no es fácil conseguir compañero de ruta. Pero siempre agradecido con lo recorrido”, finalizó.

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