Camionero y su hijo cumplirán 40 días de aislamiento: charlas, mates, gimnasia y televisión a la espera del alta médica

Local 21 de julio de 2020 Por Nicolás Albera
Claudio Viñuela y su hijo Agustín permanecen todavía en un área especial para personas con Covid-19 en el Hospital Iturraspe. ¿Cómo viene siendo su vida en una pequeña habitación? ¿Qué esperan hacer cuando salgan? Esto y mucho más contó el camionero en diálogo con El Periódico.
claudio viñuela
Claudio Viñuela en su habitación del Hospital Iturraspe y a la espera del alta médica. - La bicicleta fija, uno de los pasatiempos en estos casi 40 días de aislamiento.

En una habitación de cuatro metros por tres en el Hospital Iturraspe conviven desde ya casi cuarenta días (se cumplen este miércoles) Claudio Viñuela (48) y su hijo Agustín (18), los dos últimos casos confirmados de Covid-19 en San Francisco. El famoso camionero de barrio La Florida sobre el que se inventaron numerosas historias que nadie pudo confirmar.

La pieza, especial para personas que deben cumplir el aislamiento, tiene un pequeño baño y sus paredes son blancas con una ventana al exterior; tienen un televisor y una bicicleta fija ubicada entre las dos camas donde duermen. No es una cárcel, pero es inevitable la sensación amarga que les genera el encierro. Y pese a que Viñuela no lo condenó la Justicia, sí lo hizo parte de la comunidad por el solo hecho de contagiarse el virus que mantiene en vilo al mundo desde hace meses.

Viñuela atiende el teléfono pasadas las 21 del lunes. Su tono de voz es calmo y aunque reconoce que los niveles de ansiedad fueron bajando tras tantos días de confinamiento, asume que la espera de los resultados de los hisopados que les realizaron el último sábado los mantiene expectantes.

“Cuando salga de acá imagino estar con mi familia un rato largo antes de volver a trabajar. Estar afuera va ser otra cosa. Ahora estamos más tranquilos, nos dicen ‘qué aguante que tienen’. Yo pienso que cuando uno hace bien las cosas se siente bien y nosotros estamos bien de salud y mentalmente. Si hubiésemos hecho todo lo que la gente dice que hicimos no lo estaríamos”, razona al iniciar el diálogo con El Periódico.

La sensación de encierro en Claudio es acompañada por la impotencia: “Estoy enojado con la sociedad. Se dijeron muchas cosas injustas”, aclara quien se subiera por primera vez a un camión a los 18 años, tres décadas atrás de la mano de su suegro: “Desde ese día no me bajé más”, completa.

La Florida
El COE armó un cordón sanitario en un sector de La Florida por unos días tras los casos confirmados. 

Será por ese sentimiento de camionero que se amarga porque muchos de sus pares –sostiene- son maltratados en las rutas constantemente desde que se inició la pandemia. Y enseguida, rememora su caso: “Yo contraje el virus trabajando. Hice lo correcto cuando me avisan que podría estar infectado porque había tenido contacto con un compañero de Ceres que tenía el virus. A la ciudad entré por lugar correcto, está el registro del camión. Me contactan a las 23.30 de esa noche (jueves 11 de junio) y a la 1.30 de la madrugada cuando llego me fui a hisopar entrando por el lugar correcto a la ciudad. Después de ahí me fui a mi casa”, sostuvo.

La noticia llegaría recién el sábado 13 de junio por la mañana, cuando las ambulancias y personal sanitario arribó a su casa de barrio La Florida tras avisarle que había dado positivo el análisis de Covid-19. Su cuadra fue además vallada. En ese momento –asegura- lo hicieron sentir un delincuente: “Ese día a la mañana me sacan como un delincuente de mi casa. Estaba poniendo la pava para tomar mate y me llaman y me dicen ‘Claudio quédate donde estás que te dio positivo’. Desde ese día estoy aislado”, recuerda.

Rutina y habladurías  

¿Cómo es el día a día dentro de la pequeña habitación? Viñuela lo resume de esta forma: “A toda hora nos levantamos, si dormimos la siesta a la noche no podemos dormirnos. Hacemos gimnasia, vemos televisión, lavamos la ropa, lo poco que tenemos para arreglamos”, comenta.

El mate es “un gran compañero” durante las charlas que mantienen padre e hijo y donde analizan lo que harán una vez que les den el alta médica: “La rutina es charlar, dormimos salteado los días en que esperamos los resultados, nos ponemos ansiosos. Los nervios generan dolor de cabeza, pero lo peor fueron los primeros días, ya estamos más calmamos”, cuenta.

Por Claudio se hisoparon 33 personas, llamados “contactos estrechos”, y sólo uno de ellos tuvo resultado positivo: su hijo de 18. Por éste, se analizaron a otras 14 personas, resultando también casos negativos.

Si bien están aislados, Claudio y Agustín conectan con el exterior gracias a los teléfonos celulares. Por eso conocen cada detalle de lo que se dijo sobre ellos en un primer momento: “Nací en Sastre, ahí me crié, y dijeron que había estado ahí comiendo un asado. Del pibe mío dijeron que estuvo por todos lados. Pero los mismos médicos fueron a corroborar si era él y no era. Mi hijo trabaja en un taller de camiones donde hace mecánica. Entra a las 7 y sale a las 21 y se queda a comer ahí muchas veces. Estamos tranquilos porque hicimos lo correcto”, aclara una vez más.

Más de diez hisopados y faltan

Tanto a padre como hijo los hisoparon desde su ingreso al hospital más de diez veces. Según Viñuela, en todo este tiempo hubo algunas anomalías respecto a los resultados de los análisis que se les fueron haciendo y apuntó al Laboratorio Central de la provincia, que desde hace un tiempo se encuentran abarrotado de trabajo: “Los primeros 15 días tuvimos un negativo que salió de Córdoba y nos avisan. Pero cuando llega acá el resultado es positivo y nos dicen que se debió a una falla desde el laboratorio, a un error humano. Ahí se nos alargaron los días porque nos volvieron a hisopar otra vez a los ocho días pero el resultado de ese análisis se termina perdiendo”, narra el camionero. Ese día –agrega- recuerda que hisoparon a dos transportistas paraguayos que habían dado reactivo en un test rápido en el puesto sanitario del cruce de las rutas 19 y 158, a quienes los resultados les llegaron de manera inmediata y pudieron seguir viaje.

Pese a todo –remarca- el estado de salud de ambos es muy bueno: “Nosotros estamos recontra bien, no tuvimos ni fiebre ni otra cosa. Somos asintomáticos, nos hicieron análisis de sangre y tenemos 8 por ciento de anticuerpos (proteínas de defensa)”.

Claudio también comenta que en el Iturraspe en estos casi cuarenta días los han tratado de buena manera, por lo que se encuentran conformes. Aunque marca una sola cuestión que les fue solucionada hace unos diez días: la comida. “Estuvimos 30 días comiendo como enfermos, sopa y fideos. Eso mejoró, comemos un poco más normal”.

¿Llega el final?

Por estas horas, Claudio y Agustín recibirán el resultado del hisopado que les hicieron el pasado sábado. De ser negativo volverán a ser analizados y sobre finales de la semana, de darse nuevamente este resultado podrán volver a casa donde los espera una familia numerosa: “Tengo tres hijos y dos nietos y vivimos todos juntos. Los que tiramos el carro somos nosotros que estamos acá y el carro (por el camión) está parado fuera de casa. Demasiado nos pudimos arreglar, con la ayuda de la gente que nos conoce”, subraya. Es que en todo este tiempo, reconoce que del Estado municipal recibieron 1500 pesos en mercadería. Tras ello aprovechó para agradecer a los amigos que se acercaron a darle una mano y a Mary Benavidez que tiene un merendero y comedor comunitario en barrio San Cayetano, que les proveyó de mercadería.

“Estando acá ponemos a pensar por qué nos pasa esto a nosotros… uno cree que son cosas que deben pasarle en la vida, no tengo mucha más explicación”, confiesa.

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