La mujer del roperito en barrio Parque: “Me piden que me presente para ser presidenta del Centro Vecinal”

Local 04 de julio de 2020 Por Oscar Romero
Vanesa Lescano asegura ser la mujer trans más conocida de su barrio y San Francisco. Tiene un roperito solidario que le ayuda a vivir, aunque cuenta que trabajó durante 40 años de la prostitución. Las luces y sombras de un personaje de la ciudad.
tiene que ir grande
Vanesa convive con tres de sus queridas mascotas.

Podría decirse que en pleno corazón de barrio Parque, sobre Resistencia al 500, vive uno de los tantos personajes de San Francisco, aquellas personas que no pasan desapercibidas en su entorno. “Es una casa rosada, te vas a dar cuenta”, dice al teléfono.

Efectivamente, allí la encontramos, una humilde vivienda pintada de rosa y una puerta roja furiosa entreabierta. Sentada en el interior, aguardando, se encuentra Vanesa Lescano (56), la primera chica trans de la ciudad en hacer el cambio de identidad de género y la más conocida, según ella se define. Frontal, de carácter fuerte y pisciana, agrega a su descripción.

Esa frontalidad casi desafiante dice que le trajo tanto amigos como enemigos. “Soy una chica trans, hace 40 años que trabajo en la prostitución y hará cuatro meses tuve que dejar por la pandemia. Y hace siete que tengo este roperito comunitario y hago ferias para poder progresar y tener que comer”, completa.

En su casa de tres ambientes almacena una gran cantidad de ropa y calzado, tanto para niños como para jóvenes y adultos, organizada en percheros, estanterías y sogas de las que cuelgan las más variadas prendas.

El “Roperito Niños felices" o "Roperito Vanesa” comenzó como una forma de ayudar a la gente del barrio, pero en un momento ella se encontró en la necesidad de comercializar esas prendas para subsistir. La venta, el canje y hasta la donación de ropa se transformó en su principal fuente de sustento y ello le valió también no pocas críticas.

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“Ayuda para que me ayuden”

La idea del roperito solidario le llegó por un contacto político, explica. Vanesa tiró la idea en su cuenta de Facebook y así le comenzó a llegar ropa en cantidad abrumadora. “Y esto se agrandó. Con el subsidio Vida Digna pude arreglar una pieza que también destiné al roperito. Esto es solidario pero también hago ferias para poder sobrevivir. Lo mío es venta y a la vez ayuda para que me ayuden, porque ninguna feria vende como yo, lo más caro que tengo son camperones de invierno a 200 pesos”, sostiene.

Durante los años que mantuvo el roperito también trabajaba en la calle. Pero a su vez, cuenta que se levantaba a las 6 de la mañana para seleccionar la ropa que le llegaba, lavar y a veces arreglar para tener sus prendas en buenas condiciones.

“Muchas veces la gente se abusa de esto. Me ha pasado que he dado bolsones de ropa y la gente salía de acá y las vendía por Facebook. Entonces te vas curtiendo de los que vienen a pedir y los que realmente necesitan, por supuesto que dono, pero yo sé a quién donar”, dice. 

Siempre Vanesa

Nacida y criada en barrio Parque, asegura que desde que tiene uso de razón se sintió diferente. De chica se sentía más cercana a las mujeres que a los hombres: “Tenía inclinación de niña, era mariquita”, recuerda. Y a los 15 años decidió que quería que ser llamada Vanesa. 

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Según cuenta, su madre falleció cuando tenía 6 años y su padre, a sus 12. Por lo que ellos no vieron su desarrollo ni transformación. Fue criada por una tía, vecinas y hasta alguna amiga. Ya como adolescente comenzó a rodar por diferentes partes de la Argentina, prostituyéndose, porque explica que así como era nadie le daba trabajo.

Por esas casualidades, por conocidos y amigos, llegó a trabajar en algunos de los circos que desembarcaban en San Francisco. Así pudo viajar y conocer la Argentina y parte de América Latina. “Me tocaba hacer de todo, desde publicidad en la calle, bailar vestida de muñeca, cocinar a los empleados, limpieza. Cuando terminaba en los circos me iba a Carlos Paz en temporada de verano a trabajar de cocinera. Hasta que me quise volver, en 1988 ya me quedé en San Francisco, tenía 24 años”, relata Vanesa.

Trabajar en la calle

Dice que por haber estado en la calle como trabajadora sexual se ha encontrado de todo. “Si yo hiciera un libro con todo lo que viví me matarían antes de publicarlo-admite con una sonrisa cómplice-, pero son cosas que quedan en el lugar”.

Desde encontronazos con la Policía, escapadas en moto, asaltos, golpes, viajar y volver trabajando son algunas de las cosas a las que Vanesa se expuso a lo largo de los años.

“En la época de las vacas gordas-allá por los ’90 refiere- trabajé en la prostitución y así fui agrandando esta casa que era de mis padres. Pero a esta edad ya no tengo más ganas de trabajar de la prostitución, necesitaría un medio de vida, un trabajo digno”, se esperanza. Pero lo más cercano que encontró fue su roperito, al que le dedica casi todo el día.

Militancia política

Vanesa se define militante justicialista y alega conocer a los funcionarios políticos más importantes de la ciudad y provincia.

Por su participación en la política no niega haber recibido ayuda social. Pero se defiende diciendo que todo lo que le dieron lo invirtió para mejorar su casa y hasta el mismo roperito.

“Amo mi barrio y mucha gente me pide que me postule para que sea presidenta del Centro Vecinal. Estoy luchando como la Eva Perón para que se hagan cosas en el barrio, para que se mantenga limpio todo. Muchos dicen que me votarían, pero no sé, no lo analicé”, admite.

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-¿Te sentís un personaje de la ciudad?

-En el barrio y en San Francisco todos me conocen, obvio que al ser conocida tenés los pro y los contras, soy la más conocida de las chicas trans. Pero eso lo gané con respeto y al respeto te lo tenés que ganar respetando.

-¿Crees que en San Francisco cambió en algo en relación a cómo se trata la diversidad?

-Todavía están los que pasan, te ven y te gritan cosas, pero eso pasó toda la vida, es por la educación que reciben en sus casas. Pero sí, hubo mucho cambio, sobre todo en tratarnos como mujeres, que es como me siento. Donde voy me tratan de señora aun sabiendo mi condición.

-Tenés un apodo por el que te hiciste conocida...

(Sonríe). Sí, pero el apodo quedó en el pasado, como mi nombre.

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