Cierra Club Zen: para su dueño es un hasta luego pero no un adiós

Local 17 de junio de 2020
A poco de cumplir 20 años, el tradicional bar cierra sus puertas tras no poder continuar ante la situación económica que provocó el parate por la pandemia. "Duele por los empleados, por la trayectoria. Nunca se sabe, pero espero volver a abrir quizás en otro lugar", señaló Gastón Correa.
Club Zen
El emblemático bar, ubicado en la esquina de Perú e Iturraspe, cierra sus puertas.

Tras 20 de trayectoria, el tradicional bar Club Zen cierra sus puertas por no poder solventar los gastos y deudas generadas por el parate provocado por la pandemia. Luego de casi tres meses de inactividad el propietario del bar, ubicado en la esquina de las calles Perú e Iturraspe, se mostró muy dolido por la situación y advirtió que muchos locales se encuentran en una situación similar. 

"Venimos tres meses luchándola con los pagos y desgraciadamente no podemos seguir. No pudimos arreglar con los dueños del lugar porque me pedían el 100% del alquiler. La venía piloteando, se fueron acumulando deudas y ya no puedo más", contó con resignación Gastón Correa a El Periódico.

Para colmo, la nueva modalidad de venta por delivery y take away desgraciadamente no funciona para esta clase de negocios. "Nuestra clientela no está acostumbrada a eso, nunca tuvimos delivery porque no funciona. Este es un lugar tranquilo donde venía gente grande, de 40 años, con amigos o con la familia a tomar y comer algo", señaló. Y agregó: "Quedan pocos lugares como este en San Francisco".

Luego, manifestó: "Duele por los empleados, por la trayectoria y el tiempo que tiene vigente este negocio. Mi idea es volver a abrirlo, pero nunca se sabe, espero volver abrirlo quizás en otro lugar y que siga vigente", indicó Correa.

"La mayoría de los locales como el nuestro estamos así, hay compañeros que no saben si abrir y afrontar la pérdida o cerrar definitivamente", contó Correa.

Facturas, alquiler y cinco empleados sin trabajo

Correa explicó que las deudas generadas en la pandemia no pudieron ser cubiertas y volver a abrir -ante las nuevas flexibilizaciones- era una inversión de dinero que no se iba a poder recuperar. Además, no pudieron acceder a los créditos y las facturas se siguen acumulando.

"Se generó una deuda con los impuestos de los cheques con los que trabajabamos y me dieron de baja el homebanking. Esto nos pasó a la mayoría, se me fueron sumando intereses y no pude gestionar el trámite, al igual que muchos otros compañeros", indicó.

"También fue muy difícil seguir pagando los aportes de los empleados y eso me terminó de matar también, encima nos llegaron todas las facturas juntas: luz, gas, etc.", sostuvo Correa.

Para reabrir, Correa comentó que necesitaba de una inversión de alrededor de 140 mil pesos que no iba a recuperar. "Tenía que hacer el stock completo de nuevo de comida y bebida. Hubo muchas cosas que donamos a un merendero antes de que se vencieran como lácteos y fiambres. Ahora las teníamos que reponer y no lo llegué a hacer por eso directamente no abrí el fin de semana pasado", mencionó.

"Me mató que me exijan todos los meses de alquiler que no se trabajaron y abriendo las puertas tenía como 140 mil pesos de pérdidas y eso me obligó a cerrar definitivamente", contó Correa.

Además, el lugar iba a cumplir 20 años en noviembre y hace unos meses había afrontado una importante inversión edilicia. "Hicimos vereda, pintura, le cambiamos la cara al lugar. Hicimos una gran inversión como laburante, con créditos porque es lo único que tengo yo", expresó.

"Espero que recapaciten algunos dueños, fueron muy buenas las gestiones de la Municipalidad para cuidarnos, pero sentimos que en alguna parte nos soltaron la mano. No tuvimos ayuda en rebaja de impuestos, eso es lo feo y duele que un negocio de tantos años tenga que cerrar por eso", concluyó. 

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