Heroínas anónimas: la solidaridad las impulsa en tiempos de crisis

Local 23 de mayo de 2020
En medio de la pandemia por el coronavirus, avanza día a día en San Francisco una rutina solidaria con el objetivo de ayudar a los que más lo necesitan y padecieron las primeras semanas de restricciones obligatorias.
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Las integrantes de Corazones contentos en su "búnker".

Tanto Cáritas diocesana como la Red Solidaria San Francisco iniciaron campañas para entregar módulos alimentarios a las familias en situación de vulnerabilidad, detrás de ellos están los rostros desconocidos de voluntarias y voluntarios que “ponen el cuerpo” para entregar la ayuda. Además otros grupos particulares, lanzaron sus propias iniciativas para recolectar donaciones y entre esos gestos se destaca el de una niña que para su cumpleaños no quiere regalos, sino que pide calzados y ropa de abrigo para entregar a quienes lo necesitan.

El Periódico recolectó algunas historias de mujeres solidarias -sabemos que hay muchísimas más y de hombres y jóvenes también- que dejan de lado largas horas de sus vidas cotidianas para ayudar a los demás.

Cumpleaños solidario

Sofía va a cumplir 7 años el próximo 16 de junio y por la cuarentena obligatoria sabe que no podrá festejarlo como de costumbre. Por eso junto a su familia decidieron organizar un evento especial: no quiere regalos ni juguetes, sino donaciones, calzados, ropa de abrigo y alimentos para ayudar a los niños que menos tienen.

“Fue una iniciativa muy espontánea y muy personal que surgió por diferentes motivos, siempre tratamos de colaborar en campañas solidarias, como falta poco para el cumple de Sofía y a las dos nos gusta mucho organizar su cumpleaños, hacer su tarjetita o los suvenires, como este años no iba a pasar nada de esto, quisimos poner la energía en algo positivo y ayudar a otras personas que a lo mejor no la están pasando bien”, cuenta a El Periódico Juliana, mamá de la cumpleañera.

Para ello se puso en contacto con el grupo solidario Corazones Contentos y juntos comenzaron a preparar la recolección de donaciones a través de las redes sociales donde la idea y el gesto se volvieron virales.

Juliana insiste en la necesidad de que en tiempos de encierro y miedos por la pandemia, “los niños pongan la energía en algo positivo y enseñarle estos valores, que hay gente que no la está pasando bien y uno puede dar una mano”.

“El pedido de calzado abrigado es porque desde el grupo me comentaron que por ahí es lo que menos se dona y no queremos nenes con frío en los pies”, asegura.

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Una ayuda especial

Cecilia Arato, junto a Mariana Martelli y Vanesa Ameza conforman desde hace dos años un grupo solidario al que bautizaron Corazones Contentos y desde su fan page de Facebook llevan adelante diferentes campañas de bien común.

Con ellas se contactó Juliana, mamá de Sofía para que la orientaran en la fiesta solidaria de su hija. “Ella quería hacer algo especial junto a su nena ya que este año no podía tener festejos ni reunión y pensó en un cumpleaños solidario. La idea de Sofi era recibir calzados para donar a los niños y nosotras pensamos en extender la recolección con guantes, gorros, bufandas y más abrigos”, añade Cecilia.

La gente que no pueda donar abrigos puede entregar leche, azúcar, cacao o masitas para armar una merienda que se repartiría el día del cumpleaños de Sofía.

La campaña se extiende hasta el 11 de junio, pero tanto el grupo como la familia fueron recibiendo muchas donaciones que van a ser destinadas a merenderos de la ciudad y a familias necesitadas que se contacten con Corazones Contentos.

“Estamos pensando en las familias que en esta cuarentena no han podido trabajar, es gente que por primera vez está pidiendo, que vivieron una situación especial y vamos a tenerlos como prioridad”, garantiza Cecilia.

bolsonesEl frío y la cuarentena: un llamado para ayudar a los más necesitados

“Estoy al servicio”

Cecilia Galli (31) no oculta que es una mujer rehabilitada por el consumo de drogas. Estuvo varios años luchando contra su adicción y hoy, su caso, es un ejemplo: no solo brinda contención a aquellos que atraviesan esa enfermedad y que asisten al Hogar de Cristo en Cáritas, sino también se sumó como voluntaria a las distintas campañas solidarias que lleva adelante la entidad.

“Hará unos tres años empecé a compartir este espacio del merendero y del Hogar de Cristo y a tener más experiencias en el voluntariado. Con el decreto de la cuarentena obligatoria comencé con el armado de bolsones solidarios y después me tocó ser chofer para repartirlos. Me gusta poder salir de mi rutina para ayudar al otro, conocer gente, los barrios y las realidades por las que pasan. Creo que es un acto de amor, no solo de mi parte sino de todos los que estamos al servicio”, remarca.

Cecilia Galli

Otras realidades

Cecilia trabaja en una fábrica en el Parque Industrial, además es acompañante terapéutica y el resto de sus horas lo dedica a los demás.

“Al principio me cuestionaba si podía dejar mis cosas, mi familia por un rato, para estar con otras personas que ni siquiera conocía. Me llamó la atención la cantidad de gente que necesita ser asistida. Siempre viví en esta ciudad y no había entrado a los barrios más vulnerables para recorrer y conocer la verdadera pobreza”, reconoce y agrega: “Estoy al servicio”.

Solidaridad en dos frentes

Julieta Niz (25) es profesora en educación especial, desde hace dos años es parte integral de la Red Solidaria San Francisco y también colabora con un grupo de jóvenes de una iglesia evangélica en un comedor comunitario de barrio San Javier. 

“Empecé a colaborar con la Red después del temporal de 2018, al ver la necesidad de mucha gente que se había visto con sus viviendas destruidas. Ayudando en lo que podía, buscando y llevando colchones y agua, contactándome con las familias y después me sumé a la idea de la Mesa Digna donde me encontré con muchas realidades difíciles”, recuerda.

Por su condición de profesora en educación especial, Julieta sostiene que su labor pasa más por la escucha y la contención de las personas. Sin embargo, con el inicio de la cuarentena fue una de las chicas de la Red Solidaria que se organizaron en las primeras semanas de aislamiento obligatorio para ayudar a los adultos mayores en situación de riesgo, sobre todo para realizarles compras o trámites y a vez brindar algo de compañía.

Julieta Niz

En San Javier

Con un grupo de jóvenes de la iglesia evangélica Nueva Vida asiste dos veces por semana al comedor comunitario Tu Arcoíris en barrio San Javier, donde asisten entre 40 y 50 chicos para almorzar. “Ahí se ve la humildad a simple viste, es otra realidad”, comenta.

Si bien apenas se declaró la situación de la pandemia por el coronavirus la joven confesó tener sus temores, fue determinante al sostener: “Entendí que si nos quedábamos en casa iba a haber personas que se quedaban sin comer, entonces tomamos nuestras precauciones. En ese sentido una tiene que mostrar cómo nos debemos cuidar entre todos”.

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