Carlos Delgado, un ídolo arriba y debajo de la moto

Deportes 13/11/2017
Fue nueve veces campeón argentino. Pero también fue -y es- un ejemplo de resiliencia y perseverancia.
foto1
Cuarenta y cinco días después de haberse quebrado el fémur, Delgado estaba debutando en la categoría Fiat 600 zonal.

Carlos Delgado es un graduado de ídolo en las pistas. Respiró tierra y escuchó bramidos hasta en sus sueños. Convivió con la adrenalina que genera cada carrera. Fue nueve veces campeón argentino. La moto fue su instrumento para generar logros y muchos amigos. Es una especie de cofre de pintorescas e inolvidables anécdotas deportivas.

Este gran piloto freyrense, como la mayoría de los niños argentinos, de pibe, jugaba al fútbol. Y lo hacía bastante bien. Pero su pasión estaba en el motociclismo. Su destino pronto quedaría marcado por las competencias, el ruido, los escapes, los trofeos y el podio.

Carlitos tenía dos motos: una Gucci 175cc y una Capriolo 75cc. Un día, después de dar vueltas por las calles de Freyre, decidió ir a probar al circuito. Vendió su moto y se armó una de carrera. Ese fue el principio de la gloria que abrazaría tiempo después. El taller fue –y es– su lugar en el mundo.

foto2

 

A pulmón

Empezó en el motociclismo en un zonal realizado en Freyre, a los 16 años. Los buenos resultados en los zonales como los de Humboldt, en los que se corría 100c.c. y 125c.c, fueron el trampolín para llegar al Certamen Argentino de Motociclismo.

Trabajó mucho. Tuvo un taller y un comercio de venta de motos. Trabajaba medio tiempo en el taller y el otro medio tiempo lo dedicaba a la competición. Todo era a pulmón en esa época. Él y su equipo de amigos, fabricaban los chasis, hacían las suspensiones, trabajaban en los amortiguadores traseros y pensaban la estrategia para ganar la próxima carrera. Resiliencia es una virtud que acompañó toda la vida deportiva de Carlos. Las adversidades, lejos de amedrentarlo, lo potenciaban.

Cuando en 1989, en San Carlos, se quebró el fémur y los médicos le comunicaron que por seis meses tendría el yeso, y que el plazo de recuperación demandaría un año, Carlos no se achicó. Fiel a su estilo, a los cuarenta y cinco días y desafiando todo pronóstico clínico, debutó en la categoría Fiat 600 zonal.

foto3

Esto le valió un gran reto de su médico pero como se dice por allí “para ser feliz hay que darse permisos”. Y Carlos sabía de eso.

En la última carrera, Carlos y su moto se despidieron y en el adiós – como expresara Mario Benedetti – ya estaba la bienvenida. Porque el motociclista campeón, se convirtió en un abrir y cerrar de ojos, en entrenador de pilotos. El mundo de motociclismo, eternamente agradecido.

Fuente: Museo Virtual del Deporte

Te puede interesar

Te puede interesar