Don Romaldo, 90 años pedaleando

Sociedad 10/09/2017
Este vecino de Freyre tiene 93 años y cada día hace varios kilómetros con su bicicleta. El ciclismo es su gran pasión desde que era un niño.
Romaldo Storero
Don Storero sigue todavía pedaleando en cada mañana y tarde por las calles de Freyre.
Romaldo y su pasión por la bicicleta.

Romaldo Storero tiene 93 años y es todo un personaje de Freyre. Este reconocido vecino prácticamente lleva 90 primaveras vividas arriba de una bicicleta. Es que su pasión comenzó cuando tenía apenas 3 años de vida. Dueño de una memoria asombrosa y una lucidez envidiable, hay que verlo para creerlo: Don Storero sigue todavía pedaleando en cada mañana y tarde por las calles de la ciudad.

"Empecé a andar en bicicleta de muy chiquito, metido dentro del cuadro y luego fui andando. Son 90 años que ando en bicicleta, lo tengo propiamente metido en el cuerpo”, asegura en una charla con El Periódico.

Storero nació en Balnearia y a los pocos días se mudó junto a su familia a Plaza Luxado. Allí padeció el fallecimiento de su padre cuando tenía 18 años, lo que lo hizo quedar a cargo de la herrería y carpintería familiar.

Romaldo Storero

Llegada a Freyre

Una vez en Freyre, a donde llegó con 19 años, se desempeñó en tres trabajos en simultáneo, una estación de servicio, una telefónica y una empresa fúnebre. “Tenía tres trabajos, me pasaba dos o tres días sin dormir. Aparte teníamos joyería y relojería”, recuerda.

A pesar de llevar una vida intensa, y de jubilarse recién con 66 años, nunca dejó el ciclismo.

Bicicleta

Previo a ello, aún en Plaza Luxardo, Storero comenzó su entrenamiento más fuerte. “Cuando tenía 15 años, tenía un compañero con el que corríamos juntos en bicicleta y veníamos periódicamente a Freyre, nos encontrábamos con otros en la plaza. Ellos fallecieron pero yo seguí andando en bicicleta porque para mí siempre fue la locura. Fue la pasión mía”, sostiene.

“Veníamos a Freyre, salíamos de la plaza y nos acompañaban hasta Iturraspe. Los otros se volvían y nosotros íbamos a plaza Luxardo. Ahí almorzábamos con mi compañero, íbamos a Marina, después volvíamos, agarrábamos el central a Devoto y de ahí a San Francisco. Agarrábamos el asfalto y ahí nos encontrábamos con los Ford A, los Ford T, y nos poníamos atrás. Antes de llegar a San Francisco les decíamos ‘muchísimas gracias’ y los pasábamos”, cuenta el hombre.

Competencia

De sus años de competencia, el hombre recordó haber tenido la posibilidad de competir con varios ciclistas de renombre, con grandes campeones de velocidad y de resistencia.

“Corrí con Mario Mathieu, con Ambrosio Aimar, Vázquez, Nicolini, Casagrande, Burgos. Había muchos”, detalla.

“Lo mío fue más recreativo, de todas maneras pude intervenir en algunas competencias porque me decía mi papá que tenía que ir acostumbrándome un poco. La que no quería que corriera era mi mamá”, rememora entre risas.

Romaldo Storero

“Es un entrenamiento extraordinario”

Storero continuamente incentiva a los jóvenes a practicar ciclismo. “Les digo a todos que se acostumbren a la bicicleta, que es un entrenamiento extraordinario, te obliga a no fumar, a no trasnochar, a llevar una vida bastante regular”, explica.

Varios kilómetros diarios

En la actualidad, no pasa un día sin que Don Storero se suba a una bicicleta. “Todos los días unos cuantos kilómetros hago siempre. Me levanto y lo primero que hago es sacar la bici y ponerla a tiro, cosa de abrir la puerta y salir aunque sea para hacer siete u ocho kilómetros, diez a la tarde, ya con eso uno se va manteniendo”, relata.

“Me cuido un poco, hay que hacer un poco de kilómetros. Era fumador pero no al extremo así que abandoné el cigarrillo y trasnochar, ahora, es muy difícil”, concluye risueño.

Se escapa

María Teresa, hija de Storero, cuenta que en días no muy lindos o lluviosos muchas veces le pide que no salga en bicicleta. Pero a este joven no hay lluvia que lo pare. La mujer confiesa que pese a sus pedidos, varias veces Don Romaldo sale igual cuando ella no está.

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