Un miembro de la familia imperial austrohúngara presta servicios solidarios en la ciudad

Sociedad 09/08/2017
Se trata de Paul von Habsburg-Lothringen, descendiente directo del archiduque de Austria y príncipe Real de Hungría. Llegó a San Francisco la semana pasada para conocer el país, mientras tanto brinda ayuda a las Misioneras de la Caridad y en el merendero "Rinconcito de Luz".
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Paul von Habsburg-Lothringen tiene dos hermanas y un hermanos, todos con el mismo sentido solidario.

Un visitante especial se encuentra recorriendo la ciudad, conociendo nuestra cultura pero también ayudando a los que más lo necesitan. Se trata de un miembro de la familia imperial que, durante ocho siglos, estuvo a la cabeza del Imperio Austro-húngaro, Paul von Habsburg-Lothringen.

Con tan solo 21 años Paul es descendiente directo de Francisco Fernando, archiduque de Austria, príncipe real de Hungría y Bohemia, cuyo asesinato precipitó la declaración de guerra de Austria contra Serbia que desencadenó luego la Primera Guerra Mundial.

Más allá de su descendencia, profesa una profunda fe y una vocación de servicio hacia los necesitados. Tanto es así que en San Francisco se encuentra ayudando en distintas tareas a las Hermanas de la Caridad y al merendero Rinconcito de Luz de barrio Acapulco. Mientras tanto pasa sus días con la familia Muratore que lleva adelante el proyecto Arquitecto Sociales, ya que la amistad del joven llega de la mano del ex sacerdote Sergio Muratore.

Casa de Habsburgo

Paul nació en Hannover (Alemania) y si bien reside junto a su familia en Viena (Austria), se encuentra estudiando Relaciones Internacionales y Comercio Exterior en la Universidad de Exeter (Inglaterra).

Durante ocho siglos su familia imperial estuvo a la cabeza del Imperio Austrohúngaro. Se trata de una casa real de Europa, actualmente no reinante, que gobernó a lo largo de la historia sobre varios países.

Aprovechando sus vacaciones de estudio el joven quiso conocer nuestro país y sobre todo el interior. De este modo y previa a una amistad con Sergio Muratore, llegó a nuestra ciudad para realizar tareas solidarias.

“Tenemos un verano largo y este año quería hacer algo más que vacaciones -le contó a El Periódico. Buscaba conocer pero también poder ayudar a otros. Quería venir a Argentina porque es un país muy diferente a Europa, quería conocer un lugar donde la gente piense diferente y tenga realidades distintas”.

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Paul junto a Sergio y Ariel Muratore (dcha.). 


San Francisco como Uruguay

Paul vivió por unos meses en la ciudad de Canelones en Uruguay, a la que dijo haber encontrado muy similar con San Francisco. Pero en estos días estuvo concurriendo a los barrios más vulnerables como San Cayetano, Acapulco y Frontera, donde se encontró con distintas realidades.

“Estuve trabajando con niños en un campamento de refugiados en Europa y pude ver que en todos lados los niños tienen problemas diferentes pero al final necesitan lo mismo que alguien esté con ellos, los quiera y los ame como se merecen”, reflejó Paul. Y agregó: “Me sorprendí cuando fui a barrio Acapulco, la gente se daba cuenta que soy extranjero y se mostró muy amable. Fui a varias casas a preguntar en qué podía ayudar y todos fueron muy abiertos y amables conmigo, pensé que iban a ser mucho más cerrados conmigo”, comentó.

-¿Cómo vivís el hecho de ser descendiente de una familia imperial? ¿lo sentís como un peso?

-A mí no me cuesta, pienso que más que un peso es una motivación, puedo ver lo que hicieron mis ancestros llevo el mismo nombre y de alguna forma los represento, por eso quiero dejar una buena impresión de mi familia. Para mí no es una presión, es un honor y estoy agradecido que puedo conocer tanto de mi familia y quiero añadir cosas positivas a esa historia.

-¿La solidaridad es algo que nació de ustedes o viene de una tradición familiar?

-Son las dos cosas. Por un lado veo a primos de mi familia que están viajando para ayudar en otros lugares y siempre queremos conocer a otras culturas, y lo podemos hacer porque nuestros padres nos lo permiten. Y también pienso que se puede hacer un viaje pero con un propósito más profundo, que no solo lo hago para mí sino para otros también.

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