El incansable trabajo de las residencias infanto juveniles

Sociedad 17/06/2017
Actualmente, 17 niños y adolescentes pasan sus días allí. Estos espacios se proponen garantizar un sistema de protección integral que permita una reinserción familiar y social.
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Los chicos que habitan las residencias tienen entre 8 y 17 años.

A pesar de que se las confunda con la Casa del Niño, que nació en 1936 y que desde 1997 funciona como una guardería de orden municipal, las residencias infanto juveniles de varones y mujeres funcionan desde 1982 y 1992 respectivamente y dependen del orden provincial. Sólo comparten el edificio, que es propiedad de la Provincia. 

En el lugar conviven niños y adolescentes en situación de riesgo. Allí, mediante el acompañamiento de un equipo interdisciplinario, llevan adelante una vida totalmente normal.

Medida excepcional

Hoy, en la Residencia Infanto Juvenil de Mujeres habitan 11 niñas y adolescentes de entre 8 y 17 años, entre ellas, una mamá con su bebé. Las chicas llegan al lugar como medida excepcional, es decir, cuando no existe en el momento otra alternativa que la institucionalización.

residencia mujeres

La ley dice que en tres meses hay que tener solucionada su situación, pero no siempre se puede cumplir”, explica Nancy Roteda, la directora.

Roteda agrega que “a veces hay problemáticas que se complejizan y no hay instituciones que los aborden” y que en ocasiones las mujeres “han producido cambios pero la familia no ha sido auxiliada o acompañada, para que evolucionen en el mismo sentido, inútil seria mandarlas para que tengan que volver”.

residencia mujeres 1

Por su parte, en la Residencia Infanto Juvenil de Varones viven 6 niños y adolescentes de entre 8 y 17 años. Al igual que en el caso de las mujeres, los chicos llegan al lugar como última medida.

“Bienvenido sea que no estén institucionalizados. La idea es que pasen, uno organizarlos, y que puedan volver”, expresó María José Apendino, responsable de gestión.

Apendino y Roteda son otras de las “tías”. “A veces somos la única familia, terminamos siendo padrinos de casamientos, de bautismo de sus hijos, somos sus tíos del corazón”, cuenta Apendino.

“Las chicas siguen viniendo a visitar; generalmente seguimos siendo el órgano de consulta, vienen a buscar el consejo de la ‘tía’, así le dicen a las educadoras”, agrega Roteda.

Talleres 

En el lugar, las mujeres realizan distintos talleres, entre ellos uno de cactus y plantines, uno de bijouterie y uno de cocina. Éste último tiene una frecuencia quincenal, y a partir de las clases, las chicas van aprendiendo recetas y el manejo de los alimentos.

Además, participan de otras innumerables actividades en distintas instituciones. “Esto tiene un doble sentido, primero que puedan sociabilizar con otra gente, y segundo que tengan un conocimiento avanzado”, detalla Roteda.

Dentro del edificio, también reciben apoyo escolar. Las chicas trabajan junto a ocho voluntarias becadas de la asociación civil Atrapasueños, así como con profesores particulares cuando la situación lo amerita.

Para varones

En el caso de los varones, ellos participan de dos talleres. En primer lugar de un taller de carpintería, llamado “Corazón de carpintero”, que funciona desde 2012.

taller carpinteria

“La idea de este taller es “brindar un espacio de diálogo, en el que se puedan compartir mates y bizcochos, pero también aprender el oficio”, explica Luis Copes, uno de los responsables del espacio.

taller carpinteria 2

Hace poco los chicos participaron, con sus producciones, de la feria solidaria de artesanías que se llevó a cabo en el Centro Cívico.

En segundo lugar, poseen un lavadero de autos que trabaja de lunes a sábados de 9 a 18, a cargo de José Peludé.

lavadero

El objetivo de estos espacios es brindar herramientas y colaborar en la inserción laboral a futuro.

De interna a educadora

Vanesa –nombre ficticio ante el pedido de la víctima de mantener en reserva su identidad- vivió en la Residencia Infanto Juvenil de Mujeres desde que nació hasta que cumplió 16 años.

Hoy, con 42 años, y mientras estudia la Tecnicatura en Niñez, Adolescencia y Familia en Córdoba, también trabaja como Educadora Social en el lugar que vio pasar su infancia.

lavadero

“Acá cumplo el rol de ‘educador social’, que somos los que tenemos que atender a las chicas en base a las necesidades. Más allá del acompañamiento somos un poco las mamás de ellas”, explica.

Y concluye: “A las chicas les cuento mi experiencia, para que vean que hay posibilidades”.

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