Furor por los spinners

Sociedad 17/06/2017
En San Francisco, este juguete de moda ya se vende en grandes cantidades.
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Los spinners se venden como pan caliente en la ciudad.

Como alguna vez fue el yo-yo, el balero, el trompito o, mucho más acá en el tiempo, los famosos tamagotchi. Aunque más de uno se pregunta todavía qué le ven a ese objeto que no hace más que girar y girar, lo cierto es que los spinners se venden como pan caliente en la ciudad, como pasa en buena parte del país y del mundo. Hasta el presidente Macri publicó un video mientras se divertía con el aparatito en cuestión.

Se forma con apenas tres pequeños rulemanes y en teoría, se utiliza para el estrés, ya que tiene su invención muchos años atrás como un objeto para ayudar a niños con autismo o trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Desde hace algunos días, los spinners llegaron a San Francisco. No son pocos los negocios multirrubro en la ciudad que los ofertan con carteles en la calle.

En Rodamientos San Francisco, empresa que se especializa en la venta de rulemanes, reconocieron que la venta de este objeto que se utiliza para los spinners creció en gran manera en el último mes, principalmente los de numeración 608 y 627. “Venían chicos a comprarlos y no sabíamos por qué, vendíamos muchísimos y nos llamó la atención, pensamos que era para algún trabajo de los colegios. Ahí empezamos a averiguar y de inmediato nos ofrecieron venderlos”, contó Martín, empleado en el lugar, y agregó que esta numeración se encuentra casi agotada en el país, además de que los proveedores aumentaron su precio.

Además de vender el insumo, la firma también ofrece el spinner terminado, a partir de una propuesta de un proveedor de Rosario, y a precios económicos, que van de 100 a 130 pesos, según el modelo. En este sentido, los modelos que venden están hechos de fibrofácil, en contraposición a los de metal y plástico que suelen conseguirse a mayor precio.

Historia

El spinner fue inventado en 1997 la estadounidense Catherine Hettinger, que simplemente quería encontrar una forma de entretener a su hija. Patentó su idea, que pasó desapercibida y pocos años después perdió la patente al no poder hacer frente al coste de renovación de la misma.

 

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