A los 72 años, es campeona argentina de vuelo en parapente

Deportes 18/05/2017
La mujer es abuela de 14 nietos y en su madurez decidió cambiar de vida: dejó Buenos Aires y se radicó en La Cumbre para poder dedicarse a volar.
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EL parapente, la pasión de este mujer. - (Fotos: La Nación)

Todo un ejemplo de constancia, valor y querencia por la vida. A los 72 años, Josefina Menéndez Behety es campeona nacional de vuelo en parapente, actividad que inició ya madura, hace 21 años atrás. "Soy una vieja que vuela", dice con la picardía propia de quien se sabe joven y en impecables condiciones físicas.

Madre de cinco hijos, que tuvieron 14 nietos, Josefina dejó Buenos Aires y se radicó en La Cumbre, Córdoba, para estar más cerca de las escuelas y de las plataformas de despegue de parapentes, reveló el diario La Nación. No es de las que dudan o se amedrentan por los cambios.

"Al que quiera hacer algo que le gusta mucho le diría que la vida es corta, que la aproveche como pueda y quiera", dice con una naturalidad que entusiasma. Ella no sabe de barreras ni impedimentos. Extiende los límites de las posibilidades que otorga la vida y explora las potencialidades que se pueden descubrir a cualquier edad.

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En una entrevista con La Nación, la mujer contó sobre cómo comenzó su pasión por el parapente y el cambio que significó en su vida. 

- ¿Cómo es que comenzó a volar a los 51 años?

-Yo esquiaba todos los años en Bariloche. Mi hija, también esquiadora, probó un vuelo en parapente y quedó enloquecida. Sabiendo que a mí me gustan los deportes y los desafíos, me sugirió que probara. Así que le hice caso y volé. Los instructores eran de La Cumbre y siguen siendo mis maestros en la actualidad. Quedé tan maravillada que al año siguiente fui a La Cumbre a veranear para poder empezar a volar.

-¿Vuela por la sensación de libertad que se genera en cada experiencia, por el desafío físico, para vencer a la temporalidad?

-Cuando hay una pasión, no hay límites. A mí me fascina el aire y volar. A esta altura del partido uno puede reconocerse, ver su trayectoria, el camino que dejó. Uno se da cuenta de lo que es. Cuando se es chico, no se sabe bien qué pasiones se tienen. Ahora, a mis 72 años, me doy cuenta de que el aire ha sido siempre una pasión familiar: mi papá ha sido el fundador de Austral, mis dos hermanos son pilotos. Estuvimos toda la vida rodeados de aviones.

-¿Qué sucede con las limitaciones físicas a los 72 años?

-Mi límite es cargar la vela. Cuando aterrizo lejos de la base, se complica el regreso a pie. ¡He caminado hasta más de un kilómetro! Mi mochila pesa unos 17 kilos, no es poco.

-Alguna vez, ¿le duele algo?

-Me cuesta entrar en calor. Pero una vez que lo logro, todo bien. El precalentamiento es armar el equipo, acarrear la vela, cargar el auto. Me duelen las tabas antes de arrancar, pero una vez que empecé, ya me olvidé del dolor.

-¿Qué es la edad y el paso del tiempo para usted?

-Creo mucho en la genética. Mi hermana es mayor que yo y cabalga. Mi hermano sigue corriendo en autos de carrera. Otro hermano juega al golf. Es de familia. Así que no tengo mucho parámetro del tiempo.

-¿Cómo acciona el miedo en su temperamento?

-Jamás tuve miedo. Volar en parapente me da la misma sensación que andar a caballo: hay que estar alerta, con los comandos listos para accionar. Arriba puede haber golpes de aire o imprevistos que solucionar.

-¿Ha cumplido todos los sueños que se propuso en su vida?

-Vivo la vida que quiero vivir. Eso es importante. Cuando uno quiero algo mucho, se da. La ley de la atracción. Y no hay que tener miedo. El miedo atrae. Por eso hay que vivir, entregarse a la vida.

-¿Así fue siempre?

-¡Qué se yo cómo fue mi vida! Mi hijo mayor tiene 52 años y el menor, 38. Los he criado a los cinco. ¡Mi vida era un opio! Durante años llevé la típica vida de la familia, colegio, trabajo. ¡Pero también me encantaba!

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