Por qué delitos permanecen detenidos los menores de 16 en Córdoba

Política 13/04/2017
Representan tres de cada 10 que entran al sistema penal juvenil. El 76% está detenido por robo. Quieren bajar la edad de imputabilidad para delitos graves.
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En Córdoba, los menores de 16 años que cometen delitos graves representan el 0,8%.

Es imposible saber cuántas cicatrices hay en el antebrazo izquierdo de Esteban. Decir que son las marcas de su historia no es una metáfora: se hizo todos esos cortes mientras estuvo privado de la libertad en los centros del sistema penal juvenil cordobés.

Tiene 17 años y la primera vez que entró al Complejo Esperanza tenía 12. Antes de eso sufrió abandono y fue a parar a un instituto. Al tiempo se fugó. Hasta que un día lo controló la Policía y lo enviaron al Complejo por seis meses.

La segunda vez que entró ya fue por robo. Esteban perdió la cuenta del número de veces que estuvo adentro. Sin familia y sin casa, se pasó buena parte de su vida entre la calle y las rejas.

Si yo salí peor de ahí adentro, imagínese si entran todos los de esa edad”, dice ante la pregunta por la idea del Gobierno nacional de bajar la edad de imputabilidad. “Hay muchos que entran por nada con 14 años y a lo mejor no vuelven a caer nunca más. Pero hay otros que los tienen por seis meses, también por nada, y terminan saliendo peores”, dice.

El año pasado hubo 1.610 jóvenes en el sistema penal juvenil: sólo el 29 por ciento eran menores de 16 años. Adolescentes que, al igual que Esteban, entraron en contacto con el sistema cuando eran inimputables. Como él, la gran mayoría de los sub-16 ingresaron por robos.

Un cambio para pocos

En Córdoba, los menores de 16 años que cometen delitos graves no llegan al uno por ciento. Son apenas el 0,80 por ciento de los que ingresan al sistema.

El 76 por ciento de estos “inimputables” están por delitos contra la propiedad. Los que más incidencia tienen son robo (34 por ciento) y robo calificado (18 por ciento). El 2,77 están acusados de homicidios o intentos de homicidio. Los datos son de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf) y corresponden al año 2016.

La discusión sobre la edad de imputabilidad se reinstala de manera cíclica en la Argentina. A comienzos de este año, el Gobierno planteó su intención de bajar la edad de 16 a 14 años y la polémica estalló de inmediato.

La mesa de trabajo interdisciplinaria convocada por el ministro de Justicia, Germán Garavano, rechazó el proyecto, pero el Gobierno insiste en la idea.

Garavano dijo que están pensando en bajar la edad para delitos graves como homicidios, violaciones y eventualmente robos con armas.

Analizan una escala: disminuir a 14 años para delitos extremos y a 15 para delitos muy graves. En ese caso, la discusión afectaría al seis por ciento del total de chicos que entraron el año pasado al sistema cordobés. Dicho de otra manera, son 103 chicos en el centro del debate, de un total de 1.610.

La discusión sobre la edad de punibilidad suele invisibilizar un detalle: actualmente hay inimputables privados de su libertad en Córdoba.

Los jueces ordenan su detención invocando su protección, no la responsabilidad penal. Eso explica por qué hay menores de 16 años en los institutos del Complejo Esperanza.

Encierro, y después

“En ningún momento, el encierro va a resolver el tema de la inseguridad o de los jóvenes que cometen delitos”, dice Leticia Barbero, integrante de Libertando, una organización que ayuda a jóvenes que salen de la privación de la libertad. Trabaja sobre cuatro ejes: trabajo, educación, cultura y salud.

Los chicos salen muy deteriorados, deshumanizados, con autoestima muy baja porque han tenido que sobrevivir a una situación tremenda que es la privación de libertad”, dice Barbero. En Libertando aseguran que la solución no pasa por bajar la edad, sino por prevenir el delito y dar oportunidades a los jóvenes. Dicen que cuando un chico entra a un contexto de encierro es porque fracasó el mundo adulto.

Cuando los chicos salen, lo hacen a la misma realidad: al mismo barrio, a los mismos vínculos no siempre saludables, a las mismas escuelas que muchas veces los excluye, a los mismos vecinos que los miran mal, a la misma Policía que los acosa. La realidad con la que se encuentran es peor que la que tenían antes de entrar al encierro”, dice Barbero.

El intento

Esteban (no es su nombre real) pasó por varios centros, residencias y programas de Senaf. De su primera entrada con 12 años recuerda la desesperación que le provocaba no tener nada para hacer y estar quieto dentro de una pieza. Del Complejo Esperanza sólo rescata que ahí terminó la primaria: nada más.

“Te dicen que ahí adentro te componés. ¿Qué te compone de lo que hay en el Complejo? Entrás y son todos peores que vos. Sólo te ayuda a ser peor”, dice. Esteban cuenta que adentro se aprende a sobrevivir peleando.

Casi todos sus ingresos al sistema fueron por robo. La última vez que salió fue a fines del año pasado. Ahora vive con familiares directos con los que había perdido contacto durante mucho tiempo. Él los llamó cuando salió porque quiere intentar algo distinto esta vez: sabe que para estar en esa casa familiar tiene que hacer las cosas bien.

Semanas atrás volvió a la escuela con el Programa de Inclusión y Terminalidad educativa (PIT). Le falta un año para terminar el secundario. A Esteban le cuesta imaginar su futuro. Se está acomodando a una realidad desconocida: vivir en una casa con una familia que se preocupa por él.

Todo es nuevo, desde apagar las luces y cerrar con llave la puerta de casa hasta comer sentado en una mesa. La falta de libertad lo privó también de todos esos hábitos.

Fuente: La Voz del Interior

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